Uno
de los aspectos más importantes en el diagnóstico
de los padecimientos nefrourológicos es la medición
de la función renal.
El riñón desempeña un papel
muy importante en el mantenimiento de la composición del
medio interno, el cual sufre fluctuaciones amplias con la dieta
y con las variaciones del medio externo. Entre sus múltiples
funciones destacan: la regulación de la excreción
de sodio, potasio y cloro; la eliminación de una fracción
del agua y de los productos finales del metabolismo proteínico;
y la excreción de los ácidos minerales.
En el proceso de separación de dichos
elementos del torrente sanguíneo, el riñón
conserva numerosas sustancias contenidas en el plasma, las cuales
son filtradas y posteriormente parcial o totalmente reabsorbidas;
se comportan así la glucosa, los aminoácidos, el fósforo,
el sodio y el cloro.1,2
Además, por un proceso de secreción
activa de las células tubulares, el riñón transporta
numerosas sustancias del líquido peritubular hacia el lumen,
de manera que las sustancias que son filtradas por el glomérulo
y después parcial o totalmente reabsorbidas en una parte
del túbulo, llegan por otra parte al líquido tubular
mediante dicho mecanismo secretor. El potasio, el ácido úrico
y los salicilatos son así secretados.3
El riñón posee también otras
funciones importantes como son las de concentración y dilución
de la orina; la regulación del equilibrio ácido-básico
a través de la conservación de la base fija
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y la producción de renina, eritropoyetina y prostaglandinas.4
La excreción y la conservación de
las sustancias mencionadas se realiza por una combinación
de tres funciones fundamentales que representan el trabajo renal:
la filtración glomerular; la reabsorción tubular,
y la secreción tubular.
A pesar de la diversidad de funciones del riñón,
y de la variedad de manifestaciones clínicas que se presentan
en condiciones patológicas, una evaluación satisfactoria
de la función renal se obtiene con la medición de
la creatinina sérica, y con un cuidadoso examen general de
la orina.
La creatinina es formada en el tejido muscular
como resultado del metabolismo de la fosfocreatina, llega a la sangre
y es excretada exclusivamente por el riñón por filtración
glomerular, aunque una pequeña porción (3%) es eliminada
por el túbulo, por lo que su depuración es ligeramente
mayor que la de la inulina.5
La depuración renal de una sustancia
representa la eficiencia con que el riñón la maneja
y excreta, y es medida en términos del volumen de plasma
que se depura de la sustancia en cuestión en unidad de tiempo
(minuto).
Este concepto puede ser mejor comprendido en relación
con aquellas sustancias que filtran libremente por el glomérulo,
sin ser reabsorbidas ni secretadas por las células tubulares
como la inulina, un polisacárido inerte cuya cantidad excretada
en un minuto representa la inulina filtrada por el glomérulo
durante el mismo intervalo.6
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El
riñón desempeña un papel muy importante en el
mantenimiento estable de la composición del medio interno,
el cual sufre fluctuaciones amplias con la dieta y con las variaciones
del medio externo. Entre sus múltiples funciones destacan:
la regulación de la excreción de sodio, potasio y cloro;
la eliminación de una fracción del agua y de los productos
finales del metabolismo proteínico; y la excreción de
los ácidos minerales.
A pesar de la diversidad de funciones del riñón, y de
la variedad de manifestaciones clínicas que se presentan en
condiciones patológicas, una evaluación satisfactoria
de la función renal se obtiene con la medición de la
creatinina sérica, y con un cuidadoso examen general de orina.
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