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Es probable que estos autoanticuerpos se sinteticen en respuesta
al cambio estructural que sufren algunas inmunoglobulinas después
de reaccionar con un antígeno. El tipo de factor reumatoide
más frecuente es una IgM que reacciona contra la propia IgG.
A la detección tradicional del factor reumatoide con técnicas
de aglutinación se han agregado nuevas técnicas como
el radioinmunoensayo, el ensayo inmunoenzimático y la nefelometría.
El factor reumatoide
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es
una de las pruebas solicitadas con más frecuencia en la evaluación
de pacientes con artralgias o sospecha de enfermedad reumática.
Sin embargo la utilidad clínica de la prueba es limitada.
En pacientes con artritis reumatoide la prueba es positiva en 75
a 90% de los casos. En otras enfermedades reumáticas, e incluso
en diversas enfermedades infecciosas, se puede detectar también
el factor reumatoide. Es claro que se trata de una prueba poco especifica.
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Las
estructuras articulares reaccionan en un número limitado de
formas ante los diferentes insultos patológicos, ya sean éstos
de tipo inflamatorio, degenerativo, infeccioso o neoplásico,
por lo que en radiología del sistema musculoesquelético
existen muy pocas alteraciones patognomónicas. Sin embargo,
el conocimiento detallado de los principales signos radiográficos
de enfermedad articular y sus mecanismos fisiopatogénicos es
indispensable para la adecuada identificación e interpretación
de las anormalidades radiográficas que acompañan a los
diferentes padecimientos reumáticos.
ESQUELETO APENDICULAR
Tejidos blandos
La inflamación de las partes blandas que rodean a una articulación
sinovial se reconoce fácilmente en los estudios radiográficos
simples o convencionales como un abultamiento periarticular o como
un incremento de la densidad radiográfica normal de los tejidos
blandos; en otros casos se identifica por un desplazamiento u obliteración
de diferentes estructuras anatómicas normales. Esta |
tumefacción
puede ser debida a varios factores: acumulo de líquido sinovial
intrarticular, distensión de la cápsula articular, y
edema o infiltración de los tejidos peri o intrarticulares.
La forma que adopta esta tumefacción es también de importancia
para el diagnóstico diferencial; por ejemplo, una tumefacción
fusiforme, en la que el abultamiento se distribuye por igual en todas
las zonas de la articulación, sugiere un padecimiento inflamatorio
como la artritis reumatoide, las espondiloartropatías seronegativas,
las infecciones articulares o las hemorragias intrarticulares. Por
otro lado, si el abultamiento de los tejidos blandos adopta una configuración
lobulada o nodular, y produce una sombra radiopaca o de mayor densidad
que los tejidos blandos normales, sugiere que su origen es sinovitis
villonodular pigmentada, gota, xantomatosis o amiloidosis. En el caso
de la artritis gotosa, las formaciones nodulares pueden contener calcio
y representan tofos. En general, este tipo de tumefacción presenta
una conformación y localización excéntrica, a
diferencia de la configuración fusiforme que característicamente
acompaña a la artritis reumatoide. |
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