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INTRODUCCIÓN
En México, en la
década de los años 40 encontrar por la calle a una
persona de edad avanzada, si bien no era inusitado, si podía
considerarse como una situación no frecuente. En la actualidad,
este hecho ha cambiado, y basta un poco de curiosidad para observar
como en cualquier sitio, donde por azar se conjunta un grupo heterogéneo
de personas (restaurante, transporte urbano, etc.), el número
de adultos mayores ha aumentado considerablemente, al grado que
con frecuencia constituyen del 8 al 10% del grupo en cuestión.
Lo anterior demuestra un cambio en la composición
estructural de la población de éste país,
caracterizado por un aumento en el número de personas mayores
con relación al resto de la población, situación
presente a nivel mundial, que se da con intensidad diversa y tiempo
de instalación específico, en íntima relación
con el grado de desarrollo alcanzado en cada sociedad en particular.
Con una visión histórica, se puede
afirmar que el tamaño de una población y de los
grupos de edad que la conforman han estado determinados por diversos
factores responsables de su disminución, como en el caso
de las guerras (genocidio), las pandemias (peste negra), o bien
favoreciendo su crecimiento, en la medida en que existen mejores
condiciones sociales, económicas, políticas y de
salud para cada región.
Por tanto, el hecho de que una población
o un individuo envejezcan, obliga a analizar las causas que determinan
este proceso y las repercusiones colectivas e individuales que
ello conlleva.
Determinantes y características poblacionales
del envejecimiento
En principio, el envejecimiento individual debe
considerarse como un proceso fisiológico determinado por
factores intrínsecos (carga genética, presencia
de radicales libres, envejecimiento celular, deterioro del sistema
inmunitario, aumento de enlaces cruzados en el tejido de colágena,
etc.), a los que se agregan
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factores
extrínsecos de tipo social, económico y de disponibilidad
de servicios, entre otros, que en conjunto condicionan el envejecimiento
normal, que no forzosamente está ligado al concepto de enfermedad.
Para llegar al envejecimiento poblacional, las
sociedades deben transitar indefectiblemente por tres etapas del
proceso saludenfermedad, las cuales están determinadas
por el grado de desarrollo alcanzado por un país, el cual
se traduce en un mayor avance científico y tecnológico
en variados campos, y principalmente en el de la medicina, las políticas
de salud existentes, las condiciones socioeconómicas y las
disponibilidad y accesibilidad a los servicios de salud por parte
de la población.1
La primera etapa, se caracteriza por la existencia
de una elevada tasa de mortalidad, acompañada de una tasa
alta de fecundidad, lo que confiere a las sociedades, una corta
esperanza de vida al nacer y, por consiguiente, hay un predominio
de jóvenes en la estructura de su pirámide de población.
Básicamente la intervención de los
servicios de salud tiene la finalidad de disminuir las tasas de
mortalidad en forma sostenida, así como favorecer la disponibilidad
de mejores recursos técnicos y científicos para el
cuidado de la salud, pero al conservar una elevada tasa de natalidad,
permite a esa sociedad establecerse en la segunda etapa de la transición
demográfica, en la que hay una discreta mejoría en
cuanto a la esperanza de vida al nacer se refiere, pero sin afectar
profundamente la forma de la pirámide poblacional.
En una tercer etapa, se continúa con la
disminución sostenida de la mortalidad y lo más importante,
se logra abatir los índices de fecundidad para obtener como
resultado un aumento significativo en el número de pobladores
adultos y adultos mayores, como consecuencia de un incremento en
la esperanza de vida al nacer. Gráficamente la pirámide
poblacional muestra un estrechamiento en su base, por la disminución
de los grupos de niños y jóvenes, para ensancharse
en su parte media y superior, a expensas de los adultos y adultos
mayores.
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