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Este
proceso se encuentra presente en todo el mundo. Algunos países
de Europa y en Estados Unidos han completado este recorrido, mismo
que iniciaron a finales del siglo XVIII y continúa a la fecha
en forma gradual, lo que les ha permitido implementar estrategias
razonadas y programas de trabajo debidamente planificados para afrontar
ésta situación. Por ello, en la actualidad cuentan
con una infraestructura social y de servicios para la adecuada atención
del adulto mayor.
En América Latina y en muchos otros países
la transformación demográfica se presenta después
de la Segunda Guerra Mundial, cuando los avances científicos
y tecnológicos empiezan a darse en forma acelerada y se implantan
políticas de salud específicas para el control de
las enfermedades infectocontagiosas mediante campañas
de vacunación masiva y mejoría de los servicios municipales,
con lo que se logra disminuir la mortalidad general e infantil.
A esto se suman los esfuerzos de concienciación y educación
a la población en lo referente al control de la fecundidad,
para abatir los índices de natalidad. En estos lugares se
observa, como resultado de lo anterior, mayor longevidad de sus
pobladores y descenso en el número de nacimientos, modificaciones
de la pirámide poblacional características de una
sociedad en etapa de transición demográfica.
Por último, en los países menos
desarrollados, que sustentan condiciones extremas de pobreza y retraso
en su desarrollo, mantienen altas tasas de fecundidad y mortalidad,
lo que les confiere la característica de una esperanza de
vida corta a sus habitantes y la particularidad de que su población
esté formada básicamente por niños y jóvenes.
Lo anterior traduce, desde el punto de vista demográfico
en todo el mundo, la existencia de un envejecimiento poblacional,
al definirse éste como el aumento de la población
de edad avanzada y la disminución de niños y jóvenes.
De acuerdo con las definiciones de la ONU, una población
se considera envejecida cuando los habitantes de 65 años
y más corresponde al 7% de su población total, o si
los mayores
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de
60 años representan al 10% de ese total.
El envejecimiento
histórico y mundial
El análisis retrospectivo mundial, permite ver que desde
siempre se ha presentado un crecimiento sostenido de la población.
Como puede observarse a partir de 1800 y hasta 1950, tomando períodos
de 50 años, el crecimiento fue de 0.4, 0.5, 0.6 y 0.8%
hasta el año de 1950. En el lapso de 1950-1960 el crecimiento
fue de 1.8%, para alcanzar en la siguiente década 2.0%.
A partir de 1980 este crecimiento se ha establecido en 1.8% por
cada década.
En números absolutos, desde 1950 el crecimiento
poblacional se ha incrementado en forma importante, pasando de
2516 millones de habitantes a 5295 millones en 1990, con una población
de personas de 60 años y más de 200.9 millones al
inicio de este lapso, y de 489.3 millones en 1990, lo que equivale
a 7.98 y 9.24% del total de habitantes, respectivamente.2
Los indicadores demográficos por regiones,
demuestran como la esperanza de vida al nacer se amplía
en relación al grado de desarrollo alcanzado por un país
o una región. Los países desarrollados en 1950 informaron
una esperanza de vida al nacer de 65.8 años, en contraposición
a 41.1 años para los que se encontraban en vías
de desarrollo, lo que da una diferencia de 24.7 años, misma
que se reduce a 12.2 años para 1990, al mejorar las condiciones
de salud en los segundos, lo cual les permite extender dicha expectativa
a 62.3 años, mientras que en los países desarrollados
ésta llega a 74.5.
En América Latina y El Caribe existe
gran diversidad demográfica, reflejo de las situaciones
históricas y socioeconómicas imperantes en cada
país, Cuba, Argentina y Uruguay ostentan un marcado envejecimiento
poblacional, sobre todo este último, cuya proporción
de personas mayores es similar a la existente en los Estados Unidos,
mientras que en otros sitios como Haití, Bolivia y Guatemala,
el crecimiento de este grupo poblacional es mínimo, dados
los altos índices de fecundidad y mortalidad que aún
soportan.1
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