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La
tendencia epidemiológica actual debe ir mas allá de
la medición de los índices de morbi-mortalidad, para
evaluar el impacto que sobre la calidad de vida y la expectativa
de vida tienen otras condiciones existentes en el adulto mayor,
como la dishabilidad , discapacidad, incapacidad y fragilidad, íntimamente
ligados con el índice de independencia y la muerte prematura
De acuerdo con el concepto Carga Global de Enfermedades
esta medición marca la diferencia entre el estado de salud
actual de una población o de un individuo, con relación
al estado ideal de salud para esa misma población.
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El
deterioro, se manifiesta en la dificultad para efectuar las actividades
básicas de la vida diaria (ABVD), lo cual no es forzosamente
sinónimo de enfermedad. Tal es el caso de la falla del tejido
conectivo, componente importante de la mayoría de los aparatos
y sistemas, que al ser afectado por la edad, puede ser el responsable
de una actividad contráctil deficiente del corazón,
de una función respiratoria limitada, o de dolores osteoarticulares
inespecíficos.
Retos y
perspectivas del envejecimiento
Por lo expuesto, la tendencia epidemiológica actual debe
ir mas allá de la medición de los índices
de morbimortalidad, para evaluar el impacto que sobre la calidad
de vida y la expectativa de vida tienen otras condiciones existentes
en el adulto mayor, como la dishabilidad (término de reciente
uso), discapacidad, incapacidad y fragilidad, íntimamente
ligados con el índice de independencia y la muerte prematura,
todos ellos englobados en el concepto Carga Global de Enfermedades.10-11
Los primeros términos enunciados
se refieren a diversos grados de falla funcional derivados del
proceso normal de envejecimiento al que se pueden agregar variados
estados patológicos.
La dishabilidad expresa el principio de este
deterioro y se asocia básicamente con el desempeño
físicofuncional. En sus inicios habitualmente pasa
desapercibido y se expresa sólo como dificultad para realizar
actividades que con anterioridad se efectuaban fácilmente,
como levantar objetos relativamente pesados, correr o caminar
grandes distancias o soportar cargas de trabajo. Estas situaciones,
comúnmente aceptadas como consecuencia normal de los años
vividos, traducen fallas funcionales a nivel cardiopulmonar, metabólico,
de absorción intestinal, de síntesis
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proteínica
muscular o deterioro del colágeno; cambios que en última
instancia representan la edad biológica de la persona y que
es posible mejorar o recuperar mediante programas nutricionales
y de activación física específicos para el
adulto mayor.
Dichas fallas funcionales, al extender a todo
el organismo, incluyendo el sistema inmunológico, propician
un estado de fragilidad que se incrementa al agregarse algún
estado patológico.
La discapacidad y la incapacidad, al tener un
sustrato de alguna patología crónica, afectan considerablemente
la calidad de vida del individuo y la convierten en un ser dependiente.
De acuerdo a la Encuesta de Necesidades de los Ancianos en la Comunidad,
6% de las personas mayores de 60 años conllevan una dependencia
parcial y sólo 2% son totalmente dependientes, pero al llegar
a los 8090 años, 40% tiene al menos una deficiencia
que los incapacita y hace dependientes.
La muerte prematura es aquella que ocurre antes
de la edad a la que cualquier persona podría haber esperado
vivir como miembro de una población estandarizada, con una
expectativa de vida igual a la supervivencia más alta a nivel
mundial, como en Japón (Christopher, J.L. Murray. Alan A.
López).
De acuerdo con el concepto Carga Global
de Enfermedades esta medición marca la diferencia entre
el estado de salud actual de una población o de un individuo,
con relación al estado ideal de salud para esa misma población.
Esta Carga Global de Enfermedades,
se ve incrementada por varios factores de riesgo, entre los que
destacan el tabaquismo, el alcoholismo, el saneamiento ambiental
deficiente, el Sida y otros no considerados como tales hasta hace
poco tiempo, como en el caso del síndrome de resistencia
a la insulina.12
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