PAC MG-2 Tomo 7

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Otro ejemplo de coexistencia de varias lesiones bucales con una base común es la frecuente asociación de queilitis comisural con atrofia de la mucosa del dorso de la lengua.

La combinación de queilitis comisural y glositis atrófica puede deberse también a la acción combinada de la pérdida de la dimensión vertical y a la presencia de candidosis intrabucal.
   Entre los cambios que pueden considerarse como propios del envejecimiento a nivel de la mucosa bucal destacan las várices sublinguales, el aumento en la pigmentación melánica racial y la presencia de una mayor cantidad de gránulos de Fordyce (glándulas sebáceas ectópicas) a nivel del borde bermellón y de la mucosa de los carrillos.
   La valoración cuidadosa del paciente geriátrico permitirá identificar aquellas alteraciones de la mucosa bucal que pueden ocurrir como consecuencia de enfermedades sistémicas, particularmente las relacionadas con trastornos nutricionales, deshidratación y deficiencias inmunológicas, por ejemplo la diabetes mellitus. A este respecto, no hay que olvidar que la cavidad bucal está constituida por un conjunto de estructuras (dientes, tejidos de soporte, huesos maxilares, articulaciones, glándulas salivales, nervios, mucosa, masa muscular, etc.) que actúan de manera sincronizada para el logro de las funciones bucales, por lo que la presencia de alteración en un elemento a menudo se acompaña de trastornos en uno o más de los restantes. Así, el paciente diabético no controlado presentará grados variables de hiposalivación, con la consecuente disminución en la percepción de humedad salival (xerostomía), lo que a su vez favorece el crecimiento de C. albicans, la mayor incidencia de caries en los cuellos de los dientes, la incapacidad para portar satisfactoriamente prótesis y la predisposición a la ulceración traumática de la mucosa por falta de lubricación. Por otra parte, la microangiopatía y los trastornos
funcionales de los neutrófilos hacen que el paciente diabético experimente trastornos en la sensación bucal (disgueusia y glosopirosis) y presente una mayor severidad en enfermedades periodontales de origen infeccioso.
   Otro ejemplo de coexistencia de varias lesiones bucales con una base común es la frecuente asociación de queilitis comisural con atrofia de la mucosa del dorso de la lengua (Fig. 2). Ambas lesiones pueden deberse a trastornos nutricionales que conducen a la atrofia y ulceración de las mucosas, particularmente las de mayor recambio celular, como las de las comisuras y las papilas linguales. En esos casos, el interrogatorio, la exploración clínica, o exámenes de laboratorio intencionados para detectar deficiencias nutricionales, pueden demostrar el origen del padecimiento bucal.39
   La combinación de queilitis comisural y glositis atrófica puede deberse también a la acción combinada de la pérdida de la dimensión vertical y a la presencia de candidosis intrabucal, particularmente en portadores de dentaduras totales en malas condiciones higiénicas y funcionales. En este caso la queilitis y la glositis son formas de candidosis eritematosa que deben ser tratadas, a la par que se corrige la dimensión vertical con nuevas prótesis y se mejora la higiene bucal. Sin embargo, nuevamente no hay que olvidar que todo ello puede tener su origen en factores sistémicos subyacentes (malaabsorción, desnutrición, diabetes, etc.) o en procesos de adaptación debidos a la pérdida temprana de órganos dentarios o a desajuste protésico.39


FIGURA 2. Queilitis comisural y glositis atrófica asociadas a la pérdida de la dimensión vertical




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