|
Otro
ejemplo de coexistencia de varias lesiones bucales con una base
común es la frecuente asociación de queilitis comisural
con atrofia de la mucosa del dorso de la lengua.
La combinación de queilitis comisural y glositis atrófica
puede deberse también a la acción combinada de la
pérdida de la dimensión vertical y a la presencia
de candidosis intrabucal.
|
|
Entre
los cambios que pueden considerarse como propios del envejecimiento
a nivel de la mucosa bucal destacan las várices sublinguales,
el aumento en la pigmentación melánica racial y la
presencia de una mayor cantidad de gránulos de Fordyce (glándulas
sebáceas ectópicas) a nivel del borde bermellón
y de la mucosa de los carrillos.
La valoración cuidadosa del paciente geriátrico
permitirá identificar aquellas alteraciones de la mucosa
bucal que pueden ocurrir como consecuencia de enfermedades sistémicas,
particularmente las relacionadas con trastornos nutricionales, deshidratación
y deficiencias inmunológicas, por ejemplo la diabetes mellitus.
A este respecto, no hay que olvidar que la cavidad bucal está
constituida por un conjunto de estructuras (dientes, tejidos de
soporte, huesos maxilares, articulaciones, glándulas salivales,
nervios, mucosa, masa muscular, etc.) que actúan de manera
sincronizada para el logro de las funciones bucales, por lo que
la presencia de alteración en un elemento a menudo se acompaña
de trastornos en uno o más de los restantes. Así,
el paciente diabético no controlado presentará grados
variables de hiposalivación, con la consecuente disminución
en la percepción de humedad salival (xerostomía),
lo que a su vez favorece el crecimiento de C. albicans, la mayor
incidencia de caries en los cuellos de los dientes, la incapacidad
para portar satisfactoriamente prótesis y la predisposición
a la ulceración traumática de la mucosa por falta
de lubricación. Por otra parte, la microangiopatía
y los trastornos
|
funcionales
de los neutrófilos hacen que el paciente diabético
experimente trastornos en la sensación bucal (disgueusia
y glosopirosis) y presente una mayor severidad en enfermedades periodontales
de origen infeccioso.
Otro ejemplo de coexistencia de varias lesiones
bucales con una base común es la frecuente asociación
de queilitis comisural con atrofia de la mucosa del dorso de la
lengua (Fig. 2). Ambas lesiones pueden deberse
a trastornos nutricionales que conducen a la atrofia y ulceración
de las mucosas, particularmente las de mayor recambio celular, como
las de las comisuras y las papilas linguales. En esos casos, el
interrogatorio, la exploración clínica, o exámenes
de laboratorio intencionados para detectar deficiencias nutricionales,
pueden demostrar el origen del padecimiento bucal.39
La combinación de queilitis comisural y
glositis atrófica puede deberse también a la acción
combinada de la pérdida de la dimensión vertical y
a la presencia de candidosis intrabucal, particularmente en portadores
de dentaduras totales en malas condiciones higiénicas y funcionales.
En este caso la queilitis y la glositis son formas de candidosis
eritematosa que deben ser tratadas, a la par que se corrige la dimensión
vertical con nuevas prótesis y se mejora la higiene bucal.
Sin embargo, nuevamente no hay que olvidar que todo ello puede tener
su origen en factores sistémicos subyacentes (malaabsorción,
desnutrición, diabetes, etc.) o en procesos de adaptación
debidos a la pérdida temprana de órganos dentarios
o a desajuste protésico.39
|