El
llegar a edades avanzadas se describe como una función de
orientación positiva hacia la integración del yo.
Esta nueva perspectiva ha dado lugar al estudio del envejecimiento,
dentro de un proceso de desarrollo, como un continuo que abarca
toda la existencia, desde el nacimiento hasta la muerte. La interpretación
de las vivencias de la ancianidad dentro de esta perspectiva es
una de las orientaciones más importantes en el campo de la
gerontología contemporánea, tanto en lo que afecta
a la investigación como a la teorización.10
La teoría epigenética del desarrollo
de la personalidad de E. Erikson (Childhood and Society, 1950) establece
que a partir de una potencialidad original del individuo se va dando
una transformación a través de un desarrollo sucesivo
y ordenado de diferentes fases. Se trata de un proceso evolutivo
basado en una secuencia de hechos biológicos, psicológicos
y sociales. En cada una de las fases del desarrollo el individuo
debe afrontar y dominar un problema fundamental dado por dos fuerzas
contrarias (crisis) que exigen una solución o síntesis.
Del éxito de esta solución depende que el individuo
pueda pasar de una fase a la siguiente. Vistas así, las etapas
del desarrollo están en continuo movimiento: un individuo
nunca tiene una personalidad, siempre está desarrollándola.9
Para pasar de una etapa a la siguiente se requiere
estar preparado biológica, psicológica y socialmente,
y ocurre cuando la preparación individual coincide con la
preparación social.9
La solución de una crisis de desarrollo da nacimiento a un
aspecto particular del crecimiento de la personalidad asociado principalmente
a una de las fases del ciclo vital.
En la fase inicial de la vida está
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la
conquista de la confianza, seguida sucesivamente por la autonomía,
la iniciativa, la habilidad, la identidad (intimidad), la generatividad
y después, en la última etapa de la vida, el viejo
deberá resolver la crisis de opuestos entre lograr la integridad
o caer en la desesperación (Cuadro 2).
La expresión logro de la integridad significa
que precisamente en la etapa de la vejez es cuando el ser humano
completa su devenir; es la edad en que llega a ser completamente
él mismo.10
Las teorías del ciclo de vida y del desarrollo
del potencial humano consideran que la madurez es más factible
de alcanzar en la última etapa de la vida. Por lo general,
la crisis de la edad media favorece que el individuo tome consciencia
del camino que ha recorrido y reconsidere su situación existencial
y su preparación para la segunda mitad de su vida.
Llegar a ser viejo no significa necesariamente
haber alcanzado la madurez. El proceso de madurar lo explica Jung
como el proceso de individuación, en donde el individuo se
va constituyendo en un adulto completo y único a través
de las diversas partes negativas y positivas que lo integran y que
él acepta en toda su diversidad.
Otros autores (A. Maslow, C. Rogers) han utilizado
otros términos: la autorrealización o autoactualización
que coinciden con el concepto de madurez, integridad o individuación.11,12
Este concepto implicaría el haber explotado todos los talentos,
capacidades y posibilidades que existen potencialmente en todo ser
humano. Lo anterior significaría alcanzar la sabiduría,
que ha sido claramente descrita desde la antigüedad como una
de las características de la senectud.
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