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La
sociedad debe precisar el contenido del papel del anciano.
Entre las recomendaciones más importantes de la prevención
cardiovascular se encuentran el control adecuado del peso corporal,
de la hipertensión arterial y de la diabetes mellitus.
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ASISTENCIA
MÉDICA Y SOCIAL
Entender el proceso de envejecimiento como un estado de deterioro
puede, desde una perspectiva social, conducir al concepto de invalidez,
lo que sin estar implícito en la estructura de las sociedades
occidentales contemporáneas es explícito en la práctica
cotidiana. Es necesario implementar respuestas sociales que atenúen
y contrarresten los efectos del desgaste sobre la capacidad de los
individuos de seguir desempeñando por sí mismos sus
actividades diarias.2
El retiro del trabajo significa renunciar a una
fuente de ingresos que no se compensa por las jubilaciones y pensiones,
por lo que al proceso de envejecimiento se asocia una situación
de estrechez económica. De aquí, surge la necesidad
de definir una función social para quienes se retiran del
trabajo. La sociedad debe precisar el contenido del papel del anciano
y en cuyo desempeño éstos no tan solo se perciban
útiles sino que adquieran una participación relevante
con reconocimiento social.
Los datos disponibles en América Latina
indican que más de la mitad de los hombres de 60 años
y más, siguen siendo económicamente activos en muchos
países.8 Tanto para
los hombres como para las mujeres mayores, la tasa de actividad
económica tiende a ser más elevada en las zonas rurales
que en las urbanas. En consecuencia, las fuentes más comunes
de empleo en los ancianos de la región, son la actividad
agrícola, seguida por el sector manufacturero, puestos de
ventas y trabajos de servicio. Es probable que las tendencias continuas
de urbanización y diversificación económica,
junto con mayores niveles de educación alterarán significativamente
el perfil ocupacional de los trabajadores mayores en los próximos
decenios.6
Entre las redes de apoyo social se encuentran
los sistemas informales que surgen como consecuencia de sentimientos
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afectivos
y no de procesos formales y técnicos. La familia, los amigos
y los vecinos constituyen sus componentes principales.
La proporción de ancianos que viven solos
es por lo general mayor de 10%. En los casos en que los ancianos
requieren asistencia en sus tareas domésticas y sus actividades
diarias, los miembros de la familia cercana, casi siempre las hijas,
representan la fuente principal de apoyo. Lo anterior apunta hacia
que hay la necesidad de formular programas de respaldo a las familias
en su función de prestadoras de cuidados.
La salud en la vejez depende en mucho de los modos
de vida, la exposición a factores de riesgo y las oportunidades
de acceso a la protección y la promoción de la salud
en el transcurso de la vida. Con el envejecimiento de la población
cambian también los tipos de enfermedades predominantes.
Las afecciones isquémicas del corazón y las enfermedades
cerebrovasculares son las principales causas de defunción
en las personas ancianas, seguidas por las neoplasias y las enfermedades
respiratorias, principalmente la neumonía.9
Entre las recomendaciones más importantes
de la prevención cardiovascular se encuentran el control
adecuado del peso corporal, de la hipertensión arterial y
de la diabetes mellitus. Así mismo, es importante evitar
o suspender el consumo de alcohol y tabaco e incorporar a los ancianos
en un estilo de vida físicamente activo.1
Otra entidad asociada a la vejez es la osteoporosis,
que incrementa la fragilidad ósea y el riesgo de fracturas,
principalmente de cadera y vértebras. El tratamiento de reemplazo
hormonal en mujeres posmenopáusicas disminuye la velocidad
de pérdida ósea y participa en la prevención
de trastornos cardiovasculares del tipo de infarto agudo de miocardio
y enfermedad vascular cerebral.10
Esta estrategia representa una práctica recomendable, no
sin antes evaluar cuidadosamente el riesgo y beneficio en el paciente
individual.
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