PAC MG-2 Tomo 7

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    En los servicios geriátricos se debe evitar la dependencia física. Aparentemente es mucho más fácil y más barato hacer cosas “para” la persona mayor con limitaciones que hacer algo “con” ella, es decir, no se hacen inversiones, ni esfuerzos, ni motivaciones para que la persona mayor cambie por sí misma. Lamentablemente dichas inversiones, esfuerzos y motivaciones no son valorados adecuadamente, se prefiere aumentar el nivel de dependencia.
   Entre la lista de “ies” se ha incluido la iatrogenia. En la atención médica geriátrica el resultado menos deseable es desfavorecer la salud. En algunas terapéuticas hay riesgo de provocar efectos adversos, empeorando la salud de los pacientes mayores. Al respecto, el cálculo del riesgo–beneficio debe valorarse cuidadosamente de acuerdo con los problemas de salud, estilos de vida y ambientes. El médico que añade descuidadamente un medicamento a otros tratamientos de un paciente, puede provocar iatrogenias difíciles de controlar. Los trastornos en el metabolismo y en la excreción de los medicamentos en muchas personas mayores, oscurecen el panorama de las interacciones medicamentosas. Cuanto más agresivos o poco valorados son los tratamientos, es más probable calificarlos de iatrogénicos; así, el paciente que al ser internado en un hospital manifiesta confusión y desorientación, puede que no esté presentando un estado demencial, está sufriendo los efectos de los medicamentos, por otra parte, el paciente que sufre un accidente urinario ocasional no está sufriendo incontinencia. Calificar a los pacientes de dementes o incontinentes es, con frecuencia, el primer paso para tratamientos prolongados e inadecuados. Se debe ser cuidadoso al establecer diagnósticos en los pacientes mayores, ya que suelen recibir diagnósticos incompletos e inapropiados. Estos deben hacerse después de realizar evaluaciones completas y meticulosas. El propósito de dichas evaluaciones es tomar conocimiento preciso de los problemas de las personas mayores, con el objeto de llevar a cabo actividades correctivas y determinar los factores que puedan predisponer a la enfermedad, la discapacidad o la muerte. En 1987 fue definida la evaluación geriátrica integral en los siguientes términos: “una evaluación multidisciplinaria en la que muchos problemas del anciano son expuestos, descritos y analizados de ser posible, así como los recursos y potencial del enfermo son clasificados, los servicios necesarios son determinados y el desarrollo de un plan de cuidados coordinado para una óptima intervención en el enfermo geriátrico”.3
   Como complemento a lo anterior se debe expresar que “Evaluar clínicamente a un paciente geriátrico difiere de los procedimientos aplicados a los individuos jóvenes con el propósito de establecer los niveles de atención en los que debe ser ubicado el paciente y que están basados en patrones de funcionalidad, autonomía, autosuficiencia y calidad de vida”.4
   En forma más amplia, las áreas de estudio en la evaluación geriátrica son cuatro:
  1. Salud física. Se refiere al estudio clínico convencional; el interrogatorio debe ser orientado y el examen físico debe conducir a identificar cambios normales del proceso de envejecimiento; teniendo presente, además, la “polipatología” y los cambios atípicos.
  2. Estado funcional. Comprende los aspectos de independencia y autonomía para las actividades de la vida diaria (AVD); para ser medido existen diferentes procedimientos.
  3. Estado mental. Las modificaciones emocionales y psíquicas consecuencia de la edad, influidas por la situación familiar y social, afectan la salud mental de la persona mayor, siendo necesario evaluar su condición cognoscitiva, conductual y emocional.
  4. Estado familiar social y económico. El conocimiento de la situación familiar, social y económica del adulto mayor es indispensable para contar con un estudio integral. Deben conocerse la estructura familiar, vecinos, habitaciones, ingresos económicos, actividades laborales, ocio. Además, grado de autovaloración y autoestima; existen diversos sistemas de medida.

   Con base en lo expresado, la geriatría no solo se ocupa de la patología médica convencional, también estudia trastornos emocionales, desórdenes físicos y alteraciones sociales asociadas con el envejecimiento. De acuerdo con este paradigma, la problemática geriátrica abarca no solo las enfermedades, comprende, también, las áreas cognoscitiva, funcional y social.
   Como conclusión puede decirse que la geriatría es una rama de la medicina que se ocupa en las personas mayores de aspectos de promoción de la salud, alimentación y nutrición, prevención de enfermedades, terapéuticas así como rehabilitación y servicios sociales. Es, por tanto, una práctica “multidisciplina”, que debe llegar a las personas mayores, sanas o enfermas.

La problemática geriátrica abarca no solo las enfermedades, comprende, también, las áreas cognoscitiva, funcional y social.

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