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Al
suprimir el dolor abdominal, se puede enmascarar alguna alteración muy
grave, con consecuencias desastrosas, como sucede en casos de apendicitis
aguda, embarazo extrauterino, oclusión intestinal mecánica, isquemia mesentérica
o cuadros semejantes. El clínico nunca olvida esta posibilidad.
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En la
intensidad del dolor influyen mecanismos extraños a la naturaleza
misma del estímulo, como son los factores psíquicos, pero en general el
dolor será tanto más intenso cuanto mayor sea el daño visceral; sin embargo,
el clínico estará siempre prevenido ante la posibilidad de que el umbral
doloroso de un determinado paciente puede ser alto o que se trate de alguien
con un componente "neurótico" de hipersensibilidad al dolor. La referencia
parietal del dolor visceral y sus posibles irradiaciones, se resumen
en el cuadro: irradiaciones que tienen su base en el mecanismo del dolor
referido, dependiendo de las conexiones que hagan las fibras viscerales
con las somáticas.
En relación con la intensidad, tipo y duración
del cuadro doloroso, es importante recordar aquí que ciertos conceptos que
el clínico debe tener siempre presentes: dolor agudo abdominal que se prolonga
y que evoluciona a más, debe poner en guardia respecto a la posibilidad
de una emergencia quirúrgica. El dolor epigástrico con esas características
y que tiende a generalizarse, puede ser advertencia de procesos graves que
requieren inmediata atención como sucede con la úlcera perforada, la trombosis
mesentérica, la pancreatitis, y la perforación apendicular o de vesícula
biliar.
MANEJO CLINICO DEL DOLOR
El dolor es un timbre de alarma del organismo. Tiene pues, una función protectora
que se encadena con otros mecanismos de defensa |
contra
la agresión determinada. Basado en este concepto, el clínico debe considerar
que en las afecciones del aparato digestivo, el dolor es un síntoma de valor
incalculable en tanto no esté distorsionado por la acción de drogas específicas.
Es un error gravísimo utilizar drogas para atacar el
dolor sin antes haber analizado el síntoma hasta sus últimas consecuencias
en beneficio del diagnóstico temprano. El uso de drogas sin cumplir este
precepto, condiciona la posibilidad de oscurecimiento del cuadro clínico
con el consecutivo retraso para la aplicación de métodos de diagnóstico
o medidas terapéuticas oportunas; no podrá valorarse adecuadamente por ejemplo,
la realidad de un cuadro de apendicitis si el paciente está bajo el efecto
de analgésicos, o será muy difícil dictaminar adecuadamente sobre determinado
estudio radiológico si al sujeto se le han administrado antiespasmódicos.
Indudablemente, el acto médico implica, entre otras cosas,
la reducción del sufrimiento del enfermo, pero ello debe ser siempre sin
menoscabo de las posibilidades de solución real del problema. No se justifica
el riesgo de la vida de un ser humano sólo por razón del intento de disminuir
su dolencia. El clínico inteligente hará uso razonable de las drogas; las
utilizará, inclusive frecuentemente, con un sentido diagnóstico. El médico
ignorante o desesperado por aliviar sólo el síntoma, cometerá errores que
pueden traducir consecuencias fatales. |