PAC MG-1 A2

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Al suprimir el dolor abdominal, se puede enmascarar alguna alteración muy grave, con consecuencias desastrosas, como sucede en casos de apendicitis aguda, embarazo extrauterino, oclusión intestinal mecánica, isquemia mesentérica o cuadros semejantes. El clínico nunca olvida esta posibilidad.
En la intensidad del dolor influyen mecanismos extraños a la naturaleza misma del estímulo, como son los factores psíquicos, pero en general el dolor será tanto más intenso cuanto mayor sea el daño visceral; sin embargo, el clínico estará siempre prevenido ante la posibilidad de que el umbral doloroso de un determinado paciente puede ser alto o que se trate de alguien con un componente "neurótico" de hipersensibilidad al dolor. La referencia parietal del dolor visceral y sus posibles irradiaciones, se resumen en el cuadro: irradiaciones que tienen su base en el mecanismo del dolor referido, dependiendo de las conexiones que hagan las fibras viscerales con las somáticas.

    En relación con la intensidad, tipo y duración del cuadro doloroso, es importante recordar aquí que ciertos conceptos que el clínico debe tener siempre presentes: dolor agudo abdominal que se prolonga y que evoluciona a más, debe poner en guardia respecto a la posibilidad de una emergencia quirúrgica. El dolor epigástrico con esas características y que tiende a generalizarse, puede ser advertencia de procesos graves que requieren inmediata atención como sucede con la úlcera perforada, la trombosis mesentérica, la pancreatitis, y la perforación apendicular o de vesícula biliar.

MANEJO CLINICO DEL DOLOR

El dolor es un timbre de alarma del organismo. Tiene pues, una función protectora que se encadena con otros mecanismos de defensa
contra la agresión determinada. Basado en este concepto, el clínico debe considerar que en las afecciones del aparato digestivo, el dolor es un síntoma de valor incalculable en tanto no esté distorsionado por la acción de drogas específicas.
    Es un error gravísimo utilizar drogas para atacar el dolor sin antes haber analizado el síntoma hasta sus últimas consecuencias en beneficio del diagnóstico temprano. El uso de drogas sin cumplir este precepto, condiciona la posibilidad de oscurecimiento del cuadro clínico con el consecutivo retraso para la aplicación de métodos de diagnóstico o medidas terapéuticas oportunas; no podrá valorarse adecuadamente por ejemplo, la realidad de un cuadro de apendicitis si el paciente está bajo el efecto de analgésicos, o será muy difícil dictaminar adecuadamente sobre determinado estudio radiológico si al sujeto se le han administrado antiespasmódicos.
    Indudablemente, el acto médico implica, entre otras cosas, la reducción del sufrimiento del enfermo, pero ello debe ser siempre sin menoscabo de las posibilidades de solución real del problema. No se justifica el riesgo de la vida de un ser humano sólo por razón del intento de disminuir su dolencia. El clínico inteligente hará uso razonable de las drogas; las utilizará, inclusive frecuentemente, con un sentido diagnóstico. El médico ignorante o desesperado por aliviar sólo el síntoma, cometerá errores que pueden traducir consecuencias fatales.

La clínica del dolor


Como siempre, el estudio clínico es el origen de información confiable para ir por el buen camino para identificar problemas y llegar al diagnóstico. El mejor ejemplo es lo que puede lograrse sobre el conocimiento del dolor a través del interrogatorio y la exploración física orientada. El decálogo del interrogatorio del dolor merece ser repetido: sitio, intensidad, duración, irradiaciones, condiciones de aparición, exacerbación y alivio o desaparición, síntomas acompañantes, respuesta a medidas de tratamiento y evolución (historia, descripción cronológica).

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