En el
laboratorio se encuentran hemoglobina y hematocrito bajos en los casos crónicos
y se determina sangre oculta en heces cuando el signo clínico no es claro.
TRATAMIENTO
Se dirige primero al control de la hemorragia y a la reposición de la sangre
perdida y posteriormente a tratar la enfermedad original. En la hemorragia
alta es útil el lavado gástrico con agua helada, para las úlceras pequeñas
de la gastritis o las úlceras grandes de la enfermedad ulceropéptica, excepto
que la hemorragia sea arterial en cuyo caso requerirá ligadura quirúrgica.
En cuanto a la rotura de várices esofágicas, éstas se tratan con la aplicación
de la sonda de Sengstaken -Blackmore, que es una sonda de tres vías y dos
balones, uno para el estómago como fijación y el otro de tipo «salchicha»
para el esófago y detención de la hemorragia por compresión. En general
cuando el sangrado es activo, demostrado por sangre roja brillante que no
cede con los lavados gástricos, hay que pensar en hemorragia rebelde o arterial
y en la posibilidad de cirugía para su corrección. Aunque es grave, en la
mayoría de los casos el sangrado del tubo digestivo alto es autolimitado
y controlable. Sin embargo, en ocasiones se requieren acciones endoscópicas
para cegar la hemorragia y en otras hasta interven ciones quirúrgicas amplias,
como gastrectomía o cirugía sobre las várices esofágicas.
Respecto a la hemorragia del tubo digestivo bajo, tiende
también a |
ser
autolimitada y es rara la ocasión que requiera reposición inmediata de sangre
o de cirugía para corregirse. Lo que sí es muy importante es enviar a estos
pacientes con el especialista para que se determine el origen de la hemorragia
y se trate adecuadamente la enfermedad principal, que puede ser una neoplasia,
una enfermedad inflamatoria crónica, un divertículo o pólipos, úlceras o
un vaso sanguíneo roto. La reposición de la sangre perdida se realiza con
sangre total o paquete globular en la cantidad que sea necesaria. Algunos
pacientes requieren más de un litro para recuperarse.
CONCLUSIONES
La hemorragia del tubo digestivo alto es una manifestación frecuente de
tres enfermedades: la cirrosis, la gastritis y la enfermedad ulceropéptica.
Puede ser desde posos de café en cantidad escasa, hasta hemorragia profusa
que causa choque hipovolémico. Por lo general cede espontáneamente, aunque
es mejor aplicar las medidas que se requieren, de supresión de la hemorragia
y reposición de la sangre.
Lo más importante es precisar la causa y atender la enfermedad
original. Las hemorragias bajas son menos frecuentes, también autolimitadas
y con menor repercusión hemodinámica; sin embargo, se requiere de manera
muy precisa determinar la causa y tratarla, ya que un porcentaje importante
corresponde a neoplasias. |
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El
tratamiento se dirige primero al control de la hemorragia y a la reposición
de la sangre perdida y posteriormente a tratar la enfermedad |