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El
médico tiene la responsabilidad de que una vez detectado un caso de parasitosis
intestinal en una familia, debe establecer educación que permita no sólo
proteger a los demás miembros, sino evitar que el enfermo se reinfeste.
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Las
parasitosis que afectan al intestino corresponden a organismos unicelulares
como las amibas y giardias o multicelulares como son los helmintos. La afección
más grave es causa da por la Entamoeba histolytica. Algunas parasitosis
por helmintos son también agresivas, como sucede con las uncinarias que
provocan anemia crónica intensa. Sin embargo, un gran número de parasitosis
intestinal pasa asintomática o con pocas manifestaciones y escasa o ninguna
repercusión general.
Las parasitosis intestinales, como las infecciones del
tubo digestivo, se relacionan estrechamente con el nivel sanitario de la
población, sus hábitos higiénicos y alimentarios, así como el empleo de
agua potable y de sistemas adecuados de eliminación de las heces.
Son padecimientos muy frecuentes en todo el mundo, afectan
tanto a niños como adultos. Su diagnóstico y tratamiento son relativamente
fáciles, aunque su prevención y eliminación no lo son tanto. El médico general
tiene la responsabilidad de que una vez detectado un caso de parasitosis
intestinal en una familia, establezca educación para la salud que permita
proteger a los demás miembros y evitar que el enfermo se reinfeste. En muchas
ocasiones la afección abarca a todos los miembros del grupo familiar.
Por otra parte, los manejadores de alimentos que están
parasitados constituyen una de las formas de transmisión más eficaces de
estas enfermedades. Existen muchas parasitosis intestinales, si bien en
este capítulo sólo se mencionan las más frecuentes.
CUADRO CLINICO
Depende del agente ofensor. En el caso de amibiasis intestinal, las manifestaciones
varían desde formas asintomáticas hasta cuadros de disentería amibiana graves,
pasando por colitis crónica, absceso hepático, ameboma o un cuadro diarreico
agudo. La Giardia lamblia puede causar un cuadro doloroso en epigastrio
que semeja al de úlcera duodenal y también mala absorción intestinal, pues
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radicación
es la parte alta del intestino delgado, desde el duodeno.
Los helmintos frecuentes en nuestro medio, áscaris, tricocéfalos,
uncinarias, oxiuros y tenias provocan cuadros diversos, manifestados por
dolor o distensión abdominal, náusea, pica (apetito caprichoso), prurito
anal, anorexia, anemia, desnutrición, neumonitis, diarrea o estreñimiento.
Todos ellos leves o moderados, excepto los casos avanzados.
Es frecuente que el enfermo observe los parásitos en
las heces recién emitidas o incluso que los vomite. Rara vez las parasitosis
se manifiestan por cuadros como apendicits aguda, obstrucción intestinal
y prolapso rectal.
Algunas manifestaciones se atribuyen a parasitosis, sin
que realmente sean síntomas característicos, como el rechinido de los dientes,
el mal desempeño escolar, algunas dermatosis en la cara y el exceso de gases
intestinales.
Las parasitosis son en general cuadros de larga evolución,
a veces hasta de varios años o bien el paciente se reinfesta una y otra
vez, a menos que se rompa con el círculo vicioso de alivio y nueva parasitación.
Pocas parasitosis provocan cuadros graves o la muerte, aunque no debe olvidarse
esta posibilidad en los casos avanzados o en pacientes en los extremos de
la vida o con multiparasitosis masivas.
El médico debe tener presente, en relación con las teniasis,
para efectos de educación higiénica de la población que atiende, que el
paciente es huésped definitivo del ciclo de vida del parásito y el cerdo
(T. solium ) o la res (T. saginata) son los huéspedes intermediarios
cuya carne contaminada con el cisticerco, al ser ingerida por el hombre,
desarrollará el gusano en el intestino. Cuando el hombre hace las veces
de intermediario, es decir, ingiere huevos embrionados o proglótides grávidos
de tenia por contaminación fecal de sus alimentos, las larvas atraviesan
la pared intestinal y, por vía hematógena, llegan a músculos, corazón o
cerebro donde se fijan para desarrollar el cisticerco, produciendo así la
cisticercosis. |