PAC MG-1 A2

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El Diphyllobotrium latum es la tenia más larga que parasita al hombre (botriocefalosis) y cuyo huésped intermediario es el pez; la Hymenolepis nana, H. diminuta y Dipylidum caninum (que también infesta al perro y otros carnívoros) tienen como intermediario insectos (pulgas, piojos, cucarachas, escarabajos etc.) que al ser ingeridos, infectan al humano y a diversos roedores. De estas cuatro últimas, sólo es frecuente en nuestro medio H. nana y la infección en el hombre puede ser por ingestión directa de huevecillos provenientes de excretas humanas o de excretas de roedores; este parásito también tiene capacidad de autoinfección interna.

DIAGNOSTICO

Muchas veces el propio paciente efectúa el diagnóstico al observar los parásitos en las heces o el vómito. Las manifestaciones digestivas de cualquier tipo, con poco ataque al estado general, que persisten varias semanas deben hacer sospechar una parasitosis intestinal, en especial cuando los antecedentes indican mala higiene de los alimentos o carencia de agua potable. El diagnóstico se establece con la búsqueda de estos agentes en las heces, sean estas frescas, recién emitidas (coproparasitoscópicos) o con técnicas como el empleo de cinta adhesiva transparente que se aplica en las márgenes del ano.
    Rara vez se necesitarán estudios de otro tipo, como la aspiración de líquido duodenal para detectar giardias o las radiografías de tórax en caso de neumonitis por migración del parásito a los vasos pulmonares.

TRATAMIENTO

Comprende primero la atención de
los hábitos higiénicos y dietéticos del paciente y su familia, para corregirlos y evitar las reinfestaciones una vez lograda la curación. Se cuenta en la actualidad con fármacos eficaces para todas las parasitosis intestinales: el metronidazol y sus derivados: tinidazol, ornidazol, flunidazol, nomidazol, dimetridazol, panidazol, hemezol, satraxmidazol, fenixidazol, etc. para las amibas y las giardias; y albendazol, tiabendazol, mebendazol, pamoato de pirantel, niclosamida, prazicuantel y otros para los helmintos.
    Las dosis y duración de los tratamientos ya están bien estandarizadas y se adaptan a la edad y peso de cada enfermo.
    Se deben atender también las consecuencias de la parasitosis, como la mala nutrición y la anemia. Ya no se recomiendan las purgas ni los enemas.

CONCLUSIONES

Las parasitosis intestinales constituyen junto con las infecciones del aparato digestivo las afecciones más frecuentes en niños y adultos del mundo en desarrollo. Su prevalencia es mundial y provocan trastornos que pueden ser evitados si se cuenta con agua potable, manejo adecuado de excretas y buena educación higiénica y dietética. Sin embargo, esto no es así y persistirán hasta que se mejoren los estándares de vida en todos sentidos. Su diagnóstico es fácil, así como su tratamiento. Rara vez causan la muerte, si bien debilitan a los pacientes y significan un gasto enorme de calidad de vida y de costos para la salud. Las personas que manejan alimentos y están parasitados son una fuente problemática de estas afecciones.
Ante manifestaciones digestivas persistentes de cualquier tipo, con poco ataque al estado general, se debe sospechar una parasitosis intestinal, en especial cuando los antecedentes indican mala higiene de los alimentos o carencia de agua potable.

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