El Diphyllobotrium
latum es la tenia más larga que parasita al hombre (botriocefalosis)
y cuyo huésped intermediario es el pez; la Hymenolepis nana, H. diminuta
y Dipylidum caninum (que también infesta al perro y otros carnívoros)
tienen como intermediario insectos (pulgas, piojos, cucarachas, escarabajos
etc.) que al ser ingeridos, infectan al humano y a diversos roedores. De
estas cuatro últimas, sólo es frecuente en nuestro medio H. nana
y la infección en el hombre puede ser por ingestión directa de huevecillos
provenientes de excretas humanas o de excretas de roedores; este parásito
también tiene capacidad de autoinfección interna.
DIAGNOSTICO
Muchas veces el propio paciente efectúa el diagnóstico al observar los parásitos
en las heces o el vómito. Las manifestaciones digestivas de cualquier tipo,
con poco ataque al estado general, que persisten varias semanas deben hacer
sospechar una parasitosis intestinal, en especial cuando los antecedentes
indican mala higiene de los alimentos o carencia de agua potable. El diagnóstico
se establece con la búsqueda de estos agentes en las heces, sean estas frescas,
recién emitidas (coproparasitoscópicos) o con técnicas como el empleo de
cinta adhesiva transparente que se aplica en las márgenes del ano.
Rara vez se necesitarán estudios de otro tipo, como la
aspiración de líquido duodenal para detectar giardias o las radiografías
de tórax en caso de neumonitis por migración del parásito a los vasos pulmonares.
TRATAMIENTO
Comprende primero la atención de |
los
hábitos higiénicos y dietéticos del paciente y su familia, para corregirlos
y evitar las reinfestaciones una vez lograda la curación. Se cuenta en la
actualidad con fármacos eficaces para todas las parasitosis intestinales:
el metronidazol y sus derivados: tinidazol, ornidazol, flunidazol, nomidazol,
dimetridazol, panidazol, hemezol, satraxmidazol, fenixidazol, etc. para
las amibas y las giardias; y albendazol, tiabendazol, mebendazol, pamoato
de pirantel, niclosamida, prazicuantel y otros para los helmintos.
Las dosis y duración de los tratamientos ya están bien
estandarizadas y se adaptan a la edad y peso de cada enfermo.
Se deben atender también las consecuencias de la parasitosis,
como la mala nutrición y la anemia. Ya no se recomiendan las purgas ni los
enemas.
CONCLUSIONES
Las parasitosis intestinales constituyen junto con las infecciones del aparato
digestivo las afecciones más frecuentes en niños y adultos del mundo en
desarrollo. Su prevalencia es mundial y provocan trastornos que pueden ser
evitados si se cuenta con agua potable, manejo adecuado de excretas y buena
educación higiénica y dietética. Sin embargo, esto no es así y persistirán
hasta que se mejoren los estándares de vida en todos sentidos. Su diagnóstico
es fácil, así como su tratamiento. Rara vez causan la muerte, si bien debilitan
a los pacientes y significan un gasto enorme de calidad de vida y de costos
para la salud. Las personas que manejan alimentos y están parasitados son
una fuente problemática de estas afecciones. |
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Ante
manifestaciones digestivas persistentes de cualquier tipo, con poco ataque
al estado general, se debe sospechar una parasitosis intestinal, en especial
cuando los antecedentes indican mala higiene de los alimentos o carencia
de agua potable. |