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Se
desconoce su etiología precisa pero se sabe que se produce la úlcera por
el desequilibrio entre los factores agresores (el ácido principalmente)
y los factores protectores como el moco y la reposición celular de la mucosa
del estómago, además de las acciones hormonales en uno u otro sentido;
así como factores propios del enfermo, los físicos y psicológicos y el
medio ambiente.
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La
denominación de enfermedad ulcerosa péptica, más que simplemente «úlcera»,
es la más adecuada, ya que se trata de una afección crónica recidivante,
de causa parcialmente conocida, que afecta principalmente a los adultos
y que constituye uno de los motivos más frecuentes de consulta.
Aunque se desconoce su etiología precisa, se sabe que
existe siempre ácido en el estómago y que se produce la úlcera por el desequilibrio
que existe entre los factores agresores (el ácido principalmente) y los
factores protectores, como el moco y la reposición celular de la mucosa
del estómago, además de las acciones hormonales en uno u otro sentido, los
factores propios del enfermo, los físicos y psicológicos y el medio ambiente.
La úlcera puede estar localizada en el duodeno, el estómago,
el esófago, en alguna unión quirúrgica del tubo digestivo y en el yeyuno.
Sin embargo, de éstas, sólo las úlceras duodenal y la gástrica son frecuentes,
en particular la primera.
El diagnóstico y el tratamiento han avanzado bastante
y cada vez se emplea menos la cirugía. La dieta estricta ha perdido cierto
valor en el tratamiento y en la actualidad son los fármacos los que han
tomado preeminencia en el tratamiento de la enfermedad ulceropéptica.
FISIOPATOLOGIA
Las úlceras pépticas se producen cuando se rompe el equilibrio normal entre
ácido/pepsina y los factores de defensa de la mucosa. Aunque la presencia
de ácido es necesaria para que se forme una úlcera péptica, la mayoría de
los pacientes tienen una secreción de ácido dentro de los límites normales.
Mientras que la secreción de ácido superior a lo normal puede aumentar el
riesgo de desarrollar una úlcera duodenal, la hipersecreción de ácido gástrico
rara vez es suficiente por sí misma para producir una ulceración. El principal
acontecimiento en la formación de una úlcera es, más bien, la ruptura de
la normalidad en |
los factores
de defensa de la mucosa; aunque se desconoce el mecanismo por el que esto
se produce.
Hay una teoría que sugiere que la disminución de prostaglandinas
endógenas favorece la formación de la úlcera. Aunque parece ser cierto en
las úlceras inducidas por AINE, no se ha demostrado en el caso de úlceras
idiopáticas. Los mejores estudios no encuentran diferencias entre las concentraciones
de prostaglandinas del tejido de los pacientes con úlcera activa o inactiva
y las de personas de control equiparadas por edades. Aunque los pacientes
con úlcera duodenal segregan menos bicarbonato duodenal que los individuos
controles, se demostró que no se producía como consecencia de concentraciones
insuficientes de prostaglandinas; sino que, más bien, la respuesta de bicarbonato
a las prostaglandinas endógenas parece debilitarse, por causas inexplicables,
en pacientes con úlcera duodenal.
Una segunda teoría, en relación a la disminución de las
defensas de la mucosa, establece que la gastritis por H. pylori predispone
a la ulceración, bien en el estómago o bien en áreas de metaplasia gástrica
inflamada del bulbo duodenal. Prácticamente 100% de los pacientes con úlcera
duodenal están infectados por H. pylori mientras que de 70 a 80%
de los pacientes con úlcera gástrica también están infectados. Las úlceras
gástricas en pacientes que no están infectados por H. pylori están
frecuentemente asociadas, pero no siempre, al uso de AINE. La úlcera duodenal
ha sido estudiada en profundidad y existen varios estudios aleatorios controlados
en los que la recurrencia de la úlcera se compara en pacientes en los que
se ha erradicado el H. pylori y en aquellos en los que no. Mediante
la utilización de varios regímenes que contienen bismuto, todos los estudios
indican que la incidencia de recurrencia durante el año posterior a la curación
es sustancial y significativamente menor en los pacientes en los que se
ha erradicado el H. pylori. |