Pero el
tamaño de las muestras de estos estudios es pequeño y el doble ciego no
es óptimo porque el bismuto oscurece las heces. Sin embargo, los resultados
son alentadores, y si se confirman mediante estudios más amplios, de preferencia
estudios ciegos, proporcionarán una pieza más al rompecabezas de la úlcera
péptica. Incluso si se demuestra que el H. pylori es, como el ácido
gástrico, un factor necesario para el desarrollo de la úlcera péptica, debe
haber otros factores que disminuyan las defensas de la mucosa, ya que la
mayoría de las personas con infección por H. pylori no desarrollan
una úlcera, sea cual sea la producción de ácido gástrico, e incluso los
pacientes con H. pylori que tienen una historia de úlcera, sólo la
desarrollan ocasionalmente. Quizá las reduccciones transitorias en las prostaglandinas
del tejido ante la presencia de gastritis por H. pylori y de ácido
gástrico provoquen una ulceración, pero poco después de que la úlcera se
forme, las concentraciones de prostaglandinas vuelven a ser normales, lo
que hace imposible el detectar esta secuencia de acontecimientos. La úlcera
tiene lugar en la mucosa gástrica no productora de ácido. Las úlceras duodenal
es se producen en áreas inflamadas de metaplasia gástrica del bulbo duodenal
y las úlceras gástricas en la mucosa antral inflamada, a menudo cerca de
la unión entre el epitelio oxíntico y el antral. El desarrollo de úlceras
más cercanas al píloro indica que la unión oxínticoantral se encuentra más
próxima (lo que significa menos mucosa oxíntica). Esto puede explicar por
qué los pacientes con úlceras gástricas proximales segregan concentraciones
de ácido más bajas que los pacientes con úlceras prepilóricas o duodenales.
CUADRO CLINICO
Se describe únicamente lo que corresponde a la úlcera duodenal y a la gástrica,
ya que las demás son poco frecuentes. La úlcera duodenal, que se sitúa en
los tres primeros cm de duodeno o región bulbar, suele ser única, de un
cm de diámetro, redonda u oval. La |
manifestación
clásica es el dolor localizado con precisión en el epigastrio, de tipo ardoroso,
de hambre o de «vacío». Este dolor sigue un patrón característico ya que
el enfermo despierta sin la molestia, pero a media mañana presenta el dolor
y cuando come o vomita, el dolor calma o desaparece. Es entonces de tres
tiempos: dolor, comida, alivio. Esta manifestación se puede acompañar
de otros síntomas, aunque no es lo característico.
En la úlcera gástrica, que por lo general se localiza
en la curvatura menor y es del mismo tamaño y forma que la úlcera duodenal,
no hay un patrón característico y más bien la comida aumenta o causa el
dolor epigástrico. Es posible que no haya otras manifestaciones clínicas
a menos que la úlcera se complique.
Las úlceras, en especial la duodenal, pueden tener un
patrón estacional (periodicidad) durante meses o años o bien relacionarse
específicamente con situaciones francas de estrés, empleo exagerado de alcohol
o tabaco o fármacos, que desencadenan las manifestaciones clínicas, sin
que se pueda afirmar que constituyan la etiología.
DIAGNOSTICO
Se establece con el patrón de tres tiempos del dolor de la úlcera duodenal
o con los datos de cronicidad de un dolor epigástrico claramente especificado,
que tiene ritmo y periodicidad en un sujeto adulto. Esta manifestación ha
sido por lo general autoatendida por el paciente, con determinadas dietas
o medicamentos y con ello se puede obtener mayor orientación. Además es
posible que exista el antecedente de empleo de fármacos antirreumáticos
o de esteroides que favorecen la presentación de la úlcera.
Se complementa siempre con la endoscopia o el estudio
radiológico con medio de contraste, que sirven no solamente para establecer
el diagnóstico y seguir la evolución temporal, sino también para distinguir
una probable úlcera de un cáncer, en especial cuando la úlcera está situada
en el estómago, ya que hay neoplasias que se comportan como si fueran úlceras
benignas. |