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El
reto para el médico es que además de los medicamentos y medidas dietéticas,
él proporcione seguridad y mucho apoyo personalizado a su paciente.
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El cáncer
del duodeno es extremadamente raro, no así el del estómago que ocupa uno
de los primeros lugares de frecuencia en el mundo; en nuestro medio es el
más frecuente del tubo digestivo. Ante una lesión gástrica, el médico debe
obligadamente descartar la posibilidad neoplásica por lo que habrá de practicarse
endoscopía con biopsia siempre que sea posible. Radiológicamente existen
algunos datos de sospecha como son las lesiones de la gran curvatura y del
antro pero toda lesión gástrica debe juzgarse como maligna mientras no
se de muestre lo contrario.
TRATAMIENTO
Se han ensayado muchas dietas, sin que se haya demostrado que alguna en
particular sea la adecuada, si bien se recomienda que el paciente evite
los alimentos o bebidas que el propio enfermo sabe que le caen mal. Se sugiere
también que para mejor neutralización del ácido se ingieran más de 3 comidas
al día, repartiendo la dieta en 5-6, raciones con objeto de mantener neutralizada
lo más posible con alimentos la secreción ácida. Deben evitarse aquellos
de acción secretoria como el café, té, alcohol y condimentos, disminuir
el estrés con cambios del estilo de vida, apoyo psicológico y tranquilizantes
menores.
En cuanto a los medicamentos se pueden reunir en tres
grupos:
- Los fármacos que tienen acción local o luminal como los antiácidos
no absorbibles, protectores de la mucosa gastroduodenal y neutralizantes
directos.
Entre ellos se encuentran las sales de aluminio y magnesio, el magaldrato,
el aloglutamol y el sucralfato. El bismuto tiene además efecto antibacteriano
útil para el Helicobacter pylori. No se recomienda el bicarbonato
de sodio porque, aunque su acción es rápida y eficiente, tiene un efecto
importante de rebote.
- Los fármacos que actúan por mecanismos sistémicos sobre la célula parietal,
unos disminuyendo su función secretora como los anticolinérgicos al bloquear
la acción vagal o la pirenzepina, selectiva a los receptores muscarínicos
gástricos y otros,
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los antagonistas
de los receptores H2 como son la cimetidina, ranitidina, famotidina
y nizatidina, todos estos muy eficientes y cuyas diferencias dependen fundamentalmente
de su tiempo de acción inhibitoria, o los inibidores de la bomba de protones
como son el omeprazol, pantoprazol y lanzoprazol, los tres con una acción
inhibidora muy intensa de la producción de ácido clorhídrico.
De los anticolinérgicos debe recordarse que, aun cuando tienen una acción
antisecretora y antiespasmódica importante, habrán de ser manejados con
cuidado debido a sus efectos secundarios y contraindicaciones.
- Y más recientemente
se agrega un tercer grupo formado por los medicamentos que tienen acción
sobre el Helicobacter pylori como son diversos antibióticos de
acción sistémica y bacteriostáticos de acción local; los más eficientes
son, por ahora, combinaciones de metronidazol, amoxicilina y subsalicilato
de bismuto, pero son muy útiles también la tetracicli na, claritromicina
y furazolidina.
Por supuesto, la acción de los antibióticos debe estar asociada a los fármacos
supresores de la secreción. Los esquemas más recientes se inclinan por los
inhibidores de la bomba de protones (IBP) porque parecen tener además un
efecto directo sobre el microrganismo.
La cirugía se indica en casos rebeldes o cuando hay complicaciones
como penetración, hemorragia, perforación o estenosis y también cuando hay
rebeldía a un tratamiento bien llevado.
El reto para el médico es que él funcione como medicamento
y proporcione seguridad y mucho apoyo personalizado a su paciente y con
ello disminuyan las recidivas o éstas sean menos intensas, ya que no se
debe olvidar el importante papel que tienen las emociones dentro de la multicausalidad
de la enfermedad ulceropéptica. |