El
absceso del hígado es secundario a la amibiasis intestinal y puede generar
patología torácica por contigüidad o perforar el diafragma y drenarse a
los bronquios, la pleura o al pericardio.
ETIOPATOGENIA
El absceso se ubica más frecuentemente en la región posterior y superior
el lóbulo derecho del hígado; origina adherencias entre la convexidad del
hígado y el diafragma y, antes de perforar, provoca pleuresía o pericarditis
serofibrinosa por vecindad.
Cuando el absceso se comunica al tórax lo hace a través
de un orificio que produce en el diafragma rompiendo sus fibras musculares;
si se abre a bronquios se forman adherencias entre ambas pleuras a manera
de un túnel que desemboca en el parénquima pulmonar, destruyendo los alveolos
para drenar el "pus" hepático al exterior, a través de los bronquios que
únicamente sirven de paso. Al curar el proceso, no queda huella en los conductos
aéreos.
Cuando perfora el diafragma y no se forman adherencias
entre una hoja pleural y la otra, el drenaje se hace al espacio pleural
donde se forma un empiema; igual fenómeno de falta de adherencias se observa
cuando se abre al pericardio y ocasionalmente el absceso hepático se abre
tanto a bronquios como a pleura. Cuando el absceso se localiza en el lóbulo
izquierdo del hígado, localización poco frecuente, es cuando puede abrirse
a pericardio y muy eventualmente a pleura izquierda. En cuanto el absceso
se vacía y el tratamiento médico se ha cumplido adecuadamente, el hígado
cicatriza por fibrosis y el diafragma restituye su posición y cicatriza
adecuadamente.
CUADRO CLINICO
La tos con expectoración es inicialmente hemoptoica para dar paso posteriormente
a la "vómica de pus" generalmente de color achocolatado. Después de que
el drenaje a través de los bronquios ha sido eficaz, el enfermo mejora en
forma muy marcada: la fiebre desciende, el dolor en el área hepática disminuye
|
considerablemente,
la tos persiste y la cantidad de expectoración va disminuyendo paulatinamente.
La exploración física demuestra un síndrome incompleto
de condensación pulmonar y las más de las veces, estertores bronquiales
gruesos por la presencia del material purulento en los conductos aéreos.
La formación de derrame puede ser detectada radiológicamente
como borramiento de los fondos de saco cardiofrénico y costodiafragmático.
Si el absceso se ha abierto a bronquios, la radiografía
de tórax demuestra una opacidad basal que borra una parte o todo el hemidiafragma;
en la radiografía lateral se observa la clásica imagen del hemidiafragma
levantado, acuminado y roto en su porción más alta (imagen en sombero de
charro).
Cuando la evolución del absceso hepático es rápida, la
apertura se hace a la pleura y la fiebre y el dolor han aumentado, la tos
seca es más intensa y molesta, hay disnea importante y taquicardia por la
desviación del mediastino al lado opuesto y se advierte mayor ataque al
estado general por la absorción de toxinas por la pleura.
A la exploración se encuentra síndrome de derrame pleural
y el absceso hepático abierto a pleura siempre llena toda la cavidad pleural.
DIAGNOSTICO DIFERENCIAL
Debe hacerse con el absceso subfrénico complicado a tórax y el absceso pulmonar.
En el primer caso, hay antecedente de intervención quirúrgica en el abdomen.
Para el diagnóstico del absceso pulmonar de la base del pulmón derecho,
son la gammagrafía y la ultrasonografía las que muestran la falta de patología
hepática.
La comunicación al pericardio es muy grave: provoca dolor
precordial intenso, disnea, trastornos del ritmo y signos de insuficienia
cardíaca, que pueden hacer pensar en otra patología de etiología muy diferente
y es preciso establecer el diagnóstico con la mayor premura posible, situación
por suerte, muy poco frecuente. |
|
El
absceso hepático amibiano es un problema frecuente en México
y con frecuencia (en etapas iniciales) ofrece dificultades para su identificación.
La complicación torácica es explicable por la predilección
que tiene esta complicación por el lóbulo hepático
derecho. |