La
neumonía, a pesar de los grandes avances de la medicina, sigue constituyendo
un serio problema de salud pública y un frecuente motivo de hospitalización,
tanto en los países que sufren graves carencias económicas, como en aquellos
altamente desarrollados. Aunque han ocurrido grandes avances terapéuticos
la mortalidad es aún significativa, particularmente en los extremos de la
vida. La neumonía es el padecimiento infeccioso que causa más muertes en
individuos por arriba de los 65 años, sobre todo en aquellos que tienen
patología broncopulmonar crónica, que sufren una cardiopatía o un padecimiento
que altere la respuesta inmunológica. Es una seria complicación en los pacientes
hospitalizados, con una mortalidad que va de 20 a 50%, dependiendo del agente
causal. Si se trata de una neumonía nosocomial, la mortalidad puede llegar
arriba de 50% en pacientes sujetos a ventilación mecánica. Debe mencionarse
que la neumonía es complicación frecuente en el politraumatizado (a menudo
sujetos jóvenes previamente sanos) al que, por las alteraciones anatómicas
y fisiológicas que sufre, es necesario ponerlo en ventilación mecánica,
con aumento en el riesgo para sufrir neumonía.
Desde el punto de vista epidemiológico, se explica la
frecuencia del padecimiento ya que el hombre habitualmente aloja gérmenes
causantes de neumonía en las vías aéreas superiores. En sujetos sanos es
común aislar en las secreciones nasofaríngeas el neumococo, diferentes tipos
de Estreptococo hemolíticos, Estafilococos, Haemophilus influenzae,
diversos anaerobios y en menor número, bacilos Gram negativos. La gran mayoría
de las neumonías bacterianas ocurre por la aspiración de gérmenes que colonizan
las vías aéreas superiores. En las neumonías por virus, por Mycoplasma
pneumoniae o Legionella, es la exposición a una fuente de contagio
lo que origina la infección.
La mayoría de las personas, sobre todo las ancianas,
aspiran secreciones orofaríngeas durante el sueño. La neumonía se desarrolla
en un número de individuos menor que el esperado, aunque no por ello deja |
de ser importante. Esto se debe a la eficiencia de los mecanismos de protección
del aparato respiratorio: cierre de la glotis, secreción de moco traqueobronquial,
presencia de un activo epitelio ciliado, el reflejo de la tos, existencia
de inmunoglobulinas séricas y secretoras, células fagocitarias (macrófagos
y leucocitos polimorfonucleares). Cuando por alguna razón fallan uno o varios
de estos mecanismos protectores, el parénquima pulmonar es invadido por
gérmenes que descienden a las vías aéreas inferiores.
Actualmente debe admitirse que alrededor de 75% son bacterianas
y 25% debidas a virus, Mycoplasma pneumoniae, Chlamydia pneumoniae, Legionella
y otros gérmenes.
La diversidad de gérmenes causales obliga a hacer un
diagnóstico etiológico, aunque esto se consigue sólo en 50% de los casos.
Se ha discutido mucho acerca de la confiabilidad del estudio bacteriológico
del esputo para conocer la etiología de la neumonía y se dice que una buena
muestra es tan adecuada como el material obtenido por un método invasor.
Por lo anterior, se desarrolló la punción transtraqueal
para obtener material puro de las vías respiratorias inferiores, sin contaminación
por secreciones orofaríngeas, que es particularmente útil en casos de neumonía
posiblemente causada por anaerobios, así como la punción pulmonar transtorácica
también útil en algunos casos escogidos. En los últimos años han cobrado
importancia dos procedimientos para la obtención de material no contaminado
a través del broncoscopio: el lavado bronquioalveolar y el raspado con cepillo
estéril protegido con doble tubo de polietileno.
Los exámenes de laboratorio de rutina (citometría hemática,
glucosa, urea, creatinina y enzimas hepáticas) son de poco valor para conocer
la etiología de la neumonía. Sin embargo, estas pruebas permiten valorar
al paciente como un todo, particularmente a los ancianos y decidir acerca
de su hospitalización. |
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Las
neumonías son bacterianas en su mayoría (75%); en el resto intervienen virus,
Mycoplasma pneumonia, Chlamydia pneumonia, Legionella y otros gérmenes.
Siempre habrá de tenerse presente que los datos clínicos no son confiables
para orientar el conocimiento de la etiología. |