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manera simplista, el concepto de linfoma se refiere a los tumores que se
originan en el sistema linfático; la realidad es que los linfomas aparecen
como un grupo heterogéneo de presentaciones clínicas, ya que por un lado
el sistema linfático se encuentra diseminado prácticamente en todos los
tejidos del ser humano (a excepción de pelo, córnea y uñas), lo que hace
que los linfomas se puedan presentar en cualquier órgano y por lo mismo
no se limitan sólo a aquellos que aparecen en los ganglios linfáticos. Por
otro lado, la misma heterogeneidad que tiene el sistema linfático hace que
los linfomas, que no son sino la manifestación maligna del mismo tejido,
posean cuadros clínicos muy diversos, en ocasiones abigarrados, cursos biológicos
muy diferentes y por ende respuestas diversas a los tratamientos. Todo esto
hace que la supervivencia de un paciente sea difícil de establecer a manera
de pronóstico. La base |
para establecer
un diagnóstico de linfoma es la biopsia, ya sea de ganglio o de tejido.
En forma inicial, ha de procesarse para tinción con hematoxilina / eosina,
la cual la mayoría de las veces es suficiente para establecer el diagnóstico.
Deben hacerse estudios inmunológicos, lo que permite establecer la línea
celular afectada por el linfoma.
En la clasificación histológica más empleada en la actualidad
de los linfomas, la llamada New Working Formulation (NWF), destacan tres
grupos: los linfomas denominados de grado bajo y un conjunto de grado intermedio
y alto de malignidad, con cursos clínicos, respuesta a tratamientos y evolución
biológica bien definidos. A diferencia de la enfermedad de Hodgkin, la mayoría
de los linfomas se presentan en formas muy diseminadas cuando se establece
el diagnóstico y es frecuente la invasión de la médula ósea, sobre todo
en linfomas de grado "bajo". |