| Con el
objeto de evitar la transmisión de padecimientos infecciosos, la legislación
mexicana establece la obligatoriedad del estudio clínico del donador y de
las pruebas para la detección del antígeno de superficie del virus B de
la hepatitis y anticuerpos contra el virus C de la hepatitis o determinación
de alaninoaminotransferasa (transaminasas) en suero como marcador de daño
hepático, además de la determinación de anticuerpos contra el virus de la
inmunodeficiencia humana (VIH) y VDRL. En el caso del VIH, debe señalarse
que muchos enfermos han desarrollado la infección y posteriormente la enfermedad
(SIDA) después de la transfusión de 1 U de sangre y que en nuestro medio,
más de la mitad de los adultos que han desarrollado SIDA por transfusión,
recibió una sola unidad de sangre. En Estados Unidos, los casos de SIDA
|
asociados
con transfusión representan 2% del total; en la República Mexicana representan
una cifra mayor, de aproximadamente 11.6%. El porcentaje es mucho más alto
si se consideran solamente los grupos de niños, mujeres y mayores de 60
años.
La autodonación preoperatoria es aplicable en pacientes
que serán intervenidos quirúrgicamente en forma programada; dos semanas
antes de la intervención quirúrgica se obtienen de 2 a 3 U de sangre que
se conservan adecuadamente y que se utilizan de ser necesario en el trans
o posoperatorio inmediatos; el método ha disminuido la propagación de padecimientos
infecciosos transmitidos por la sangre o sus derivados.
Antes de decidir una transfusión de algún derivado de
la sangre, deben considerarse todos los riesgos y efectos adversos. |