BENIGNOS
Los más frecuentes son los pólipos ya
tratados. Entre los poco frecuentes que deben ser reconocidos
por la trascendencia del diagnóstico oportuno destacan los papilomas
y el angiofibroma (o nasofibroma) juvenil.
Los papilomas nasales son tumores de estirpe
epitelial, que aparecen en las cercanías del vestíbulo nasal.
Son duros y de aspecto verrucoso. Cuando están muy al exterior
pueden verse antes de dar síntomas, de lo contrario, pasan inadvertidos
hasta que causan obstrucción nasal unilateral de lenta evolución.
El diagnóstico se efectúa por rinoscopía. El tratamiento es
quirúrgico, debiéndose efectuar una amplia exéresis, debido
a su tendencia a recidivar localmente.
El nasofibroma juvenil aparece en niños del
sexo masculino, originándose en la bóveda de la nasofaringe
a partir del periostio que cubre la apófisis basilar del hueso
occipital y el cuerpo del esfenoides. Histológicamente está
formado por espacios sanguíneos rodeados por tejido fibroso.
Los espacios vasculares no son retráctiles, lo que explica que
sus heridas sangren libremente. El tumor crece lentamente, y
se caracteriza por presentar, además de obstrucción nasal, epistaxis
abundantes. Se dice que los nasofibromas juveniles tienen tendencia
espontánea a desaparecer después de la pubertad, pero esto nunca
se ha podido comprobar.
Los angiofibromas juveniles deben ser extirpados
lo antes posible, porque crecen de gran tamaño invadiendo los
senos paranasales, las fosas pterigomaxilar y zigomática y penetran
a la cavidad craneana. Tarde o temprano su tendencia a sangrar
hace que el paciente muera por hemorragia. |
MALIGNOS
Pueden ser epiteliales o linfoides. Entre los epiteliales, el
más frecuente es el carcinoma epidermoide que siendo raro, aparece
más veces en la rinofaringe que en los senos paranasales o en
la fosa. Son padecimiento de adultos, y sólo excepcionalmente
se presentan en niños. Los síntomas iniciales del carcinoma,
tanto de la nariz como de los senos paranasales, son obstrucción
nasal y rinorrea purulenta por infección secundaria. El dolor
y la rinorrea mucosanguinolenta son síntomas ominosos que señalan
frecuentemente el carácter maligno de la lesión.
El carcinoma de la rinofaringe tiene una
personalidad clínica particular. Muy rara vez es vegetante,
se presenta como úlcera que infiltra la base del cráneo. El
primer síntoma puede ser la obstrucción de la trompa de Eustaquio
con aparición de otitis secretoria. Otros síntomas precoces
son las paresias oculares y la diplopia, por infiltración de
los agujeros por donde salen los nervios oculomotores de la
cavidad craneana.
Los tumores de estirpe linfoide aparecen
tanto en niños como en adultos. Cuando se presentan en rinofaringe,
los síntomas clínicos iniciales son obstrucción nasal y rinorrea
purulenta, consecuencia de la infección secundaria de las cavidades
paranasales. Los estudios radiológicos ponen de manifiesto la
presencia de tejido blando en rinofaringe, que puede simular
adenoides. El diagnóstico se hace por estudios hematológicos
y biopsia de la tumoración. |
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Los
angiofibromas juveniles son neoplasias benignas, deben ser extirpados
lo antes posible, porque crecen de gran tamaño invadiendo los
senos paranasales, las fosas pterigomaxilar y zigomática y penetran
a la cavidad craneana. |