PAC MG-1 B2

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TUMORES NASALES
BENIGNOS

Los más frecuentes son los pólipos ya tratados. Entre los poco frecuentes que deben ser reconocidos por la trascendencia del diagnóstico oportuno destacan los papilomas y el angiofibroma (o nasofibroma) juvenil.
    Los papilomas nasales son tumores de estirpe epitelial, que aparecen en las cercanías del vestíbulo nasal. Son duros y de aspecto verrucoso. Cuando están muy al exterior pueden verse antes de dar síntomas, de lo contrario, pasan inadvertidos hasta que causan obstrucción nasal unilateral de lenta evolución. El diagnóstico se efectúa por rinoscopía. El tratamiento es quirúrgico, debiéndose efectuar una amplia exéresis, debido a su tendencia a recidivar localmente.
    El nasofibroma juvenil aparece en niños del sexo masculino, originándose en la bóveda de la nasofaringe a partir del periostio que cubre la apófisis basilar del hueso occipital y el cuerpo del esfenoides. Histológicamente está formado por espacios sanguíneos rodeados por tejido fibroso. Los espacios vasculares no son retráctiles, lo que explica que sus heridas sangren libremente. El tumor crece lentamente, y se caracteriza por presentar, además de obstrucción nasal, epistaxis abundantes. Se dice que los nasofibromas juveniles tienen tendencia espontánea a desaparecer después de la pubertad, pero esto nunca se ha podido comprobar.
    Los angiofibromas juveniles deben ser extirpados lo antes posible, porque crecen de gran tamaño invadiendo los senos paranasales, las fosas pterigomaxilar y zigomática y penetran a la cavidad craneana. Tarde o temprano su tendencia a sangrar hace que el paciente muera por hemorragia.
MALIGNOS

Pueden ser epiteliales o linfoides. Entre los epiteliales, el más frecuente es el carcinoma epidermoide que siendo raro, aparece más veces en la rinofaringe que en los senos paranasales o en la fosa. Son padecimiento de adultos, y sólo excepcionalmente se presentan en niños. Los síntomas iniciales del carcinoma, tanto de la nariz como de los senos paranasales, son obstrucción nasal y rinorrea purulenta por infección secundaria. El dolor y la rinorrea mucosanguinolenta son síntomas ominosos que señalan frecuentemente el carácter maligno de la lesión.
    El carcinoma de la rinofaringe tiene una personalidad clínica particular. Muy rara vez es vegetante, se presenta como úlcera que infiltra la base del cráneo. El primer síntoma puede ser la obstrucción de la trompa de Eustaquio con aparición de otitis secretoria. Otros síntomas precoces son las paresias oculares y la diplopia, por infiltración de los agujeros por donde salen los nervios oculomotores de la cavidad craneana.
    Los tumores de estirpe linfoide aparecen tanto en niños como en adultos. Cuando se presentan en rinofaringe, los síntomas clínicos iniciales son obstrucción nasal y rinorrea purulenta, consecuencia de la infección secundaria de las cavidades paranasales. Los estudios radiológicos ponen de manifiesto la presencia de tejido blando en rinofaringe, que puede simular adenoides. El diagnóstico se hace por estudios hematológicos y biopsia de la tumoración.
Los angiofibromas juveniles son neoplasias benignas, deben ser extirpados lo antes posible, porque crecen de gran tamaño invadiendo los senos paranasales, las fosas pterigomaxilar y zigomática y penetran a la cavidad craneana.

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