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Las
contraindicaciones de la amigdalectomía son: paladar hendido, infección
aguda, epidemia de poliomielitis o paciente no inmunizado en la estación
calurosa, edad menor de tres años, discrasia sanguínea o bien una enfermedad
generalizada no controlada.
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No
se conoce completamente el mecanismo de la génesis de la fiebre reumática,
pero el modelo más aceptado considera que la infección estreptocócica produce
anticuerpos contra alguno de los componentes de la bacteria. En un paciente
genéticamente predispuesto, estas inmunoglobulinas antiestreptococo actuarían
contra algún componente de su propio tejido conectivo, desencadenando un
fenómeno de autoinmunidad que se manifestaría clínicamente como fiebre reumática.
Por lo tanto, para que apareciese la fiebre reumática sería necesario tanto
la conformación genética especial como la infección estreptocócica.
El tratamiento depende de la etiología. Si se identifica germen causal,
debe tratarse con antibiótico de elección por tiempo prolongado. Puede ser
útil la asociación de tópicos antisépticos bucofaríngeos. En caso de fracasar
la terapéutica médica, puede estar indicada la amigdalectomía si se cumple
con los siguientes requisitos:
- Las infecciones son amigdalinas y no difusas de toda la faringe.
- La frecuencia de amigdalitis es suficientemente elevada para interferir
con el desarrollo escolar del niño o con sus actividades sociales o deportivas
importantes.
Esto no debe tomar en cuenta ni el aspecto ni el tamaño
de las amígdalas, que carecen completamente de importancia.
Otras indicaciones menos frecuentes de la amigdalectomía
son:
- Episodios recurrentes de amigdalitis estreptocócica.
- Amigdalitis crónica.
- Abscesos periamigdalinos recurrentes.
- Hipertrofia amigdalina que cause obstrucción de la vía aérea.
- Adenopatía cervical muy importante.
- Adenitis tuberculosa en que se sospeche foco primario en la amígdala.
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- Enfermedades sistémicas
subsecuentes a infección por estreptococo hemolítico (fiebre reumática,
nefritis).
Las contraindicaciones de la amigdalectomía son: paladar
hendido; infección aguda; epidemia de poliomielitis o paciente no inmunizado
en la estación calurosa; edad menor de tres años; discrasia sanguínea: leucemia,
púrpura, anemia aplástica, hemofilia, etc; enfermedad generalizada no controlada:
diabetes, enfermedad cardiovascular, etc.
ABSCESOS PERIAMIGDALINOS
Y PARAFARÍNGEOS
Las dos causas más frecuentes de ellos son: Complicación de un episodio
de amigdalitis aguda o de una exacerbación de amigdalitis crónica y consecuencia
de una herida en la faringe, por deglución de un cuerpo extraño. Después
de la herida o de la infección amigdalina transcurre un intervalo de varios
días, después del cual se observa como primer síntoma, odinofagia y dolor
unilateral en el cuello. En esta fase se presenta fiebre, o reaparece si
la hubo antes.
Las molestias aumentan rápidamente, el dolor del cuello
se irradia hacia el oído y se exacerba tanto por la deglución como al abrir
la boca. Esta pronto se hace imposible por contractura de los músculos masticadores,
apareciendo trismus.
En una fase más avanzada, el paciente mantiene la boca
semiabierta, por la que escurre saliva y secreción que no puede deglutir,
tanto por el dolor intenso que ocasiona, como por verdadera disfagia con
obstáculo al paso de los alimentos. El lenguaje se hace confuso, interrumpido
y nasal. La cara lateral del cuello se encuentra edematizada y hay infarto
ganglionar masivo.
El diagnóstico se hace por la exploración: el absceso
periamigdalino muestra aumento de volumen y enrojecimiento del velo del
paladar por arriba y afuera de la amígdala, que se encuentra rechazada hacia
la línea media, y con la superficie cubierta por secreción purulenta que
sale por los orificios de las criptas. |