Después
de un periodo de incubación que a su vez depende del tamaño
y magnitud del inóculo infectante, el cuadro clínico tiene un
principio insidioso, incluso hay quienes describen un cuadro
prodrómico con malestar creciente, cefalea tos y faringitis,
acompañado con frecuencia de dolor abdominal (en los niños el
cuadro puede ser súbito, con escalofríos y fiebre alta y epistaxis).
Los pacientes continúan así con malestar general, anorexia,
astenia, cefalea intensa, dolor retroocular, artralgias, mialgias
y en ocasiones náuseas y vómitos. Se agrega fiebre que asciende
en escalera, al inicio vespertina con elevaciones que desaparecen
a la mañana siguiente. Los picos febriles son cada vez más elevados
y la remisión matutina desaparece manteniendo una fiebre elevada
en aproximadamente 39 grados. Después de unos 7 a 10 días la
fiebre alcanza esta meseta y el paciente se encuentra mucho
más agotado y a menudo en franca postración.
En la exploración se encuentra al paciente
extremadamente decaído, pálido, la lengua por lo común está
saburral y la faringe muy congestionada al grado de confundirse
con una faringoamigdalitis estreptocócica. El abdomen está meteorizado,
moderadamente doloroso a la palpación. En los adultos y adolescentes
se encuentra con frecuencia bradicardia relativa. En algunos
pacientes y de forma fugaz es posible ver al final de la primera
semanas la roseola tifoídica: erupción puntillosa, muy fina,
rosácea que manifiesta una reacción congestiva hemorrágica y
que es posible localizar en la cara interna de los muslos y
parte inferior del abdomen.
En las formas graves de la enfermedad se
presenta el estado tifoídico o tifoso, complicación que obedece
al estado toxicoinfeccioso severo a partir de complicaciones
vasculares, de la coagulación, y metabólicas entre otras y que
se acompaña de estupor, lenguaje incoherente, movimientos desordenados,
progresivos hasta alcanzar el estado de coma y la muerte.
En los lactantes la diarrea puede ser profusa
con hemorragia. |
En
los cuadros clásicos hay dolor abdominal difuso de moderada
intensidad que aumenta con las maniobras de palpación. Hay hepatomegalia
moderada y en los adultos es frecuente la palpación del polo
esplénico.
En los pacientes no tratados son frecuentes
las complicaciones y su evolución severa hacia la hemorragia
intestinal, manifestada por una caída súbita de la temperatura
y signos propios de choque, la presencia de sangre oscura o
fresca en las heces y, eventualmente, la perforación intestinal.
Con menos frecuencia se presentan la retención urinaria, neumonía,
tromboflebitis, miocarditis, colecistitis, nefritis, meningitis
y la psicosis. Como podemos observar, las complicaciones pueden
afectar a múltiples órganos y sistemas a partir del estado septicémico.
La fiebre tifoidea se diagnostica a partir
del cultivo de los microorganismos en la sangre, el cual es
positivo a partir de la primera semana de enfermedad en el 80%
de los casos que no han recibido antimicrobianos. El aislamiento
a partir de médula ósea o en otros líquidos corporales depende
de la gravedad del caso y de las condiciones existentes para
su elaboración y en particular en la medicina general no es
común su práctica. El coprocultivo tiene valor en tanto coexista
con manifestaciones clínicas congruentes con la fiebre tifoidea.
En la biometría hay leucopenia (menos de
5,000 leucocitos/mm) en 40% de los casos; en la mitad el número
oscila entre 5,000 y 10,000. La cuenta diferencial informa de
neutrofilia moderada y en 80% de los casos hay ausencia de eosinófilos.
En cuanto a la serología, la reacción de
Widal, fijación en superficie (prueba de Ruiz-Castañeda) y ELISA,
tienen sensibilidades que van de 70-90% con especificidades
de 70-90% pero suelen ser negativas en la primera semana de
la enfermedad. |
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Fiebre
en escalera, manchas de color rosa, bradicardia, esplenomegalia,
distensión e hipersensibilidad abdominales y leucopenia son
signos que orientan al diagnóstico de tifoidea.
Las complicaciones se presentan en el 30% de los pacientes que
no han sido tratados y progresan de la hemorragia intestinal
a la perforación intestinal, hipotermia, signos de choque concomitantes
con los datos específicos del ataque a los diversos órganos
y sistemas. |