PAC MG-1 B3

Contenido | Anterior | Siguiente

   Después de un periodo de incubación que a su vez depende del tamaño y magnitud del inóculo infectante, el cuadro clínico tiene un principio insidioso, incluso hay quienes describen un cuadro prodrómico con malestar creciente, cefalea tos y faringitis, acompañado con frecuencia de dolor abdominal (en los niños el cuadro puede ser súbito, con escalofríos y fiebre alta y epistaxis). Los pacientes continúan así con malestar general, anorexia, astenia, cefalea intensa, dolor retroocular, artralgias, mialgias y en ocasiones náuseas y vómitos. Se agrega fiebre que asciende en escalera, al inicio vespertina con elevaciones que desaparecen a la mañana siguiente. Los picos febriles son cada vez más elevados y la remisión matutina desaparece manteniendo una fiebre elevada en aproximadamente 39 grados. Después de unos 7 a 10 días la fiebre alcanza esta meseta y el paciente se encuentra mucho más agotado y a menudo en franca postración.
    En la exploración se encuentra al paciente extremadamente decaído, pálido, la lengua por lo común está saburral y la faringe muy congestionada al grado de confundirse con una faringoamigdalitis estreptocócica. El abdomen está meteorizado, moderadamente doloroso a la palpación. En los adultos y adolescentes se encuentra con frecuencia bradicardia relativa. En algunos pacientes y de forma fugaz es posible ver al final de la primera semanas la roseola tifoídica: erupción puntillosa, muy fina, rosácea que manifiesta una reacción congestiva hemorrágica y que es posible localizar en la cara interna de los muslos y parte inferior del abdomen.
    En las formas graves de la enfermedad se presenta el estado tifoídico o tifoso, complicación que obedece al estado toxicoinfeccioso severo a partir de complicaciones vasculares, de la coagulación, y metabólicas entre otras y que se acompaña de estupor, lenguaje incoherente, movimientos desordenados, progresivos hasta alcanzar el estado de coma y la muerte.
    En los lactantes la diarrea puede ser profusa con hemorragia.
En los cuadros clásicos hay dolor abdominal difuso de moderada intensidad que aumenta con las maniobras de palpación. Hay hepatomegalia moderada y en los adultos es frecuente la palpación del polo esplénico.
    En los pacientes no tratados son frecuentes las complicaciones y su evolución severa hacia la hemorragia intestinal, manifestada por una caída súbita de la temperatura y signos propios de choque, la presencia de sangre oscura o fresca en las heces y, eventualmente, la perforación intestinal. Con menos frecuencia se presentan la retención urinaria, neumonía, tromboflebitis, miocarditis, colecistitis, nefritis, meningitis y la psicosis. Como podemos observar, las complicaciones pueden afectar a múltiples órganos y sistemas a partir del estado septicémico.
    La fiebre tifoidea se diagnostica a partir del cultivo de los microorganismos en la sangre, el cual es positivo a partir de la primera semana de enfermedad en el 80% de los casos que no han recibido antimicrobianos. El aislamiento a partir de médula ósea o en otros líquidos corporales depende de la gravedad del caso y de las condiciones existentes para su elaboración y en particular en la medicina general no es común su práctica. El coprocultivo tiene valor en tanto coexista con manifestaciones clínicas congruentes con la fiebre tifoidea.
    En la biometría hay leucopenia (menos de 5,000 leucocitos/mm) en 40% de los casos; en la mitad el número oscila entre 5,000 y 10,000. La cuenta diferencial informa de neutrofilia moderada y en 80% de los casos hay ausencia de eosinófilos.
    En cuanto a la serología, la reacción de Widal, fijación en superficie (prueba de Ruiz-Castañeda) y ELISA, tienen sensibilidades que van de 70-90% con especificidades de 70-90% pero suelen ser negativas en la primera semana de la enfermedad.
Fiebre en escalera, manchas de color rosa, bradicardia, esplenomegalia, distensión e hipersensibilidad abdominales y leucopenia son signos que orientan al diagnóstico de tifoidea.


Las complicaciones se presentan en el 30% de los pacientes que no han sido tratados y progresan de la hemorragia intestinal a la perforación intestinal, hipotermia, signos de choque concomitantes con los datos específicos del ataque a los diversos órganos y sistemas.

Contenido | Anterior | Siguiente

Copyright © 2000 Dr. Scope. Derechos Reservados.
Diseño y Programación: Educación Médica Continua