La
enfermedad infecciosa representa uno de los efectos de interacción
del individuo y su medio ambiente, en el que se ponen en juego
una serie de factores de agresión y defensa. En esta interrelación
el punto de equilibrio se da como una respuesta de adaptación
del individuo y cuando se inclinan los factores en favor de
la agresión aparece el proceso infeccioso.
El individuo se mantiene en constante contacto
con los microbios presentes en el medio ambiente. Este contacto
se da en cualesquiera de las estructuras corporales, desde las
más expuestas como la piel, las faneras y las mucosas, como
en aquellas estructuras internas que sufren el ataque de los
microorganismos cuando estos logran rebasar los mecanismos de
defensa y protección corporal externos.
En una relación microbiótica como la que
mantienen los seres vivos, las características de la competencia
inmunológica y la conformación de las condiciones genéticas
del huésped marcan la evolución de esta relación y las condiciones
de su desarrollo. De igual manera el microorganismo presenta
sus propias características de competencia y las propias de
su estructura genética que le confieren las armas con las que
mantiene vigente su cometido, la supervivencia.
Un claro ejemplo lo presenta la replicación
in situ de una bacteria a su ingreso en el individuo,
con la consecuente colonización (crecimiento y desarrollo),
continúa con la invasión de las estructuras orgánicas adyacentes
y si las condiciones de defensa del huésped se lo permiten,
avanza hacia la diseminación a nivel sistémico, para finalmente
definir su permanencia o eliminación de los tejidos del huésped
dependiendo de las condiciones del sistema inmunológico del
hospedero.
La variedad en la que pueden presentarse
las posibles combinaciones se ve incrementada por los factores
socioeconómicos y sanitarios a los cuales responde el carácter
comunitario de estos problemas de salud que trascienden |
del
nivel individual al ámbito de la salud pública.
Así pues, el estudio de la enfermedad infecciosa
presenta múltiples posiblidades para su descripción y las orientaciones
que se pueden dar para su estudio son variadas. En este libro
en particular presentamos una compilación que pretende, en una
revisión rápida, poner al alcance del médico general los procedimientos
de diagnóstico y tratamiento de las enfermedades infecciosas
más comunes en nuestro medio, en forma sencilla y a través de
una lectura pronta y ágil.
Los episodios infecciosos son los eventos
más frecuentes de la consulta del médico general. Los reportes
epidemiológicos nos indican que en un individuo ocurren aproximadamente
seis cuadros infecciosos de las vías respiratorias por año y,
en los países que presentan condiciones precarias en el área
de la salud, el número de episodios diarreicos es similar.
A fin de poder valorar cada uno de los procesos
que, en periodos de tiempo definido y en cuadros comunes, presenta
la expresión resultante de la relación hombre-microbio-ambiente,
debemos analizar el proceso morboso desde varios puntos de vista:
El periodo de incubación corresponde al tiempo
que transcurre entre la exposición del individuo a un agente
infeccioso y la aparición del primer dato de enfermedad. La
incubación puede variar desde algunas horas como en la intoxicación
alimentaria por enterotoxina estafilocócica al caso de la lepra,
en la que se genera a lo largo de muchos años.
El espectro clínico se presenta desde las
formas inaparentes o subclínicas, pasando por los cuadros benignos,
a la complicación de las entidades graves, hasta aquellos en
los que el proceso es fulminante y letal.
El asiento de la infección puede ser localizado,
v.gr.: otitis media izquierda o generalizada como en una septicemia
estafilocócica con origen en abscesos subcutáneos y localizaciones
en articulaciones, pulmones, endocardio y meninges. |
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En
la enfermedad infecciosa intervienen tanto factores de defensa
como de agresión; en ellos, el punto de equilibrio es precisamente
una respuesta de adaptación del individuo, en la que se ponen
en juego la competencia inmunológica y la conformación de las
condiciones genéticas del huésped en materia de defensa en contra
de la competencia inmunológica de agresión del invasor, dando
como resultado la permanencia o eliminación del agente agresor
de los tejidos del huésped. |