PAC MG-1 C1

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RADIOLOGÍA INTERVENCIONISTA
Los estudios intervencionistas aportan medidas de diagnóstico y terapéutica. Esta última comprende procedimientos de terapaia endovascular y otros extavasculares para tener acceso al órgano afectado.
Con técnicas e instrumental similares y algunas variantes de las utilizadas en estudios diagnósticos vasculares se realizan ahora otros procedimientos también percutáneos en diferentes órganos de la economía humana con fines diagnósticos y terapéuticos. Se apoya el radiólogo intervencionista con los diferentes equipos productores de imágenes, fluoroscopía televisada, sustracción digital, ultrasonido, tomografía computada y resonancia magnética.
    A continuación del estudio diagnóstico, el radiólogo intervencionista debe tomar la decisión de proceder o no a alguna acción terapéutica, por lo que es esencial la estrecha comunicación y trabajo en equipo con el médico o grupo médico tratante.
   
Todos estos procedimientos se realizan con técnica estéril y la gran mayoría bajo anestesia local o anestesia local y sedación. El tiempo de estancia hospitalaria requerido varía de 0 a 72 horas.
   
La mortalidad es muy baja y puede considerarse en términos generales que es de menos de 1% y las complicaciones alrededor de 5%; la gran mayoría sin trascendencia, siempre y cuando sea un médico radiólogo intervencionista calificado el que realice el estudio.
   
Los estudios de intervencionismo se pueden dividir de una manera general en procedimientos vasculares (terapia endovascular) y extravasculares.

TERAPIA ENDOVASCULAR

Consiste en aumentar, disminuir o abolir el flujo sanguíneo a un órgano o tejido por medio de un catéter que permite la acción terapéutica colocado en donde se ubica el área problema.

   Reducción del flujo
   Este puede ser realizado por infusión de drogas vasoactivas como es el extracto de la pituitaria posterior, que por su acción vasopresora fue utilizado en el control del sangrado activo del tubo digestivo; sin embargo, su acción temporal y las reacciones secundarias han motivado que esté en desuso.

   El procedimiento ideal es la oclusión mecánica con un émbolo introducido a través del catéter obliterando la luz vascular del sitio afectado. A diferencia de la ligadura quirúrgica, la oclusión con émbolos puede ser más selectiva; la principal complicación de la embolización transcatéter es el embolismo no deseado.
   
El radiólogo intervencionista debe conocer perfectamente la anatomía y fisiología vascular, ya que en algunos territorios la embolización provoca infarto y necrosis y en otras, por la presencia de arcos vasculares anastomóticos, únicamente se logra una disminución del aporte vascular e inclusive el procedimiento puede fracasar.
    Indicaciones: control del sangrado activo y neoplasias hipervasculares.

  • Procesos ulcerosos y neoplásicos del tubo digestivo, así como epistaxis, hemoptisis, várices esofágicas, etc., cuando los procedimientos habituales han fracasado en controlar el sangrado. En el traumatismo hepático que ocasiona hemobilia o en el renal que produce hematuria, la embolización transcatéter permite controlar el sangrado y preservar la función del órgano. La embolización de la arteria hipogástrica ha controlado la hemorragia masiva por fractura en la pelvis. También se ha utilizado con éxito en el control del priapismo.

  • Alteraciones vasculares como son los angiomas, malformaciones arteriovenosas y aneurismas.

  • Procesos tumorales benignos y malignos, como por ejemplo el carcinoma renal que provoca hematuria, para su control y como paso previo a la cirugía, lo que facilita al cirujano la nefrectomía al disminuir el sangrado transoperatorio y favorece el despegue de planos vecinos.

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