Se
considera el término del periodo embrionario o inicio del periodo
fetal humano a los 54 a 60 días de gestación, con longitud cefalocaudal
de 33 mm, final del Horizonte XXIII de Streeter y el final de la
organogénesis.1
ESTUDIO DEL DESARROLLO ANORMAL
Al inicio del siglo XIX, Réaumur manipuló la temperatura de incubación
para alterar el desarrollo de embriones de pollo, por lo que se
considera como el teratólogo original, pero a quién se acreditó
inicialmente con este nombre fue a Etienne Geoffroy Saint-Hilaire
no sólo por acuñar el término “teratología”, sino también por sus
avances en la materia exponiendo los embriones a diferentes peligros
ambientales. Más tarde, siguiendo el camino de su padre, demostró
que no podría inducirse ningún efecto en embriones si se administraba
antes del tercer día de incubación, lo cual tiene su corolario en
la teratogénesis de los mamíferos dado que no puede inducirse ningún
tipo de alteraciones estructurales durante el periodo de preimplantación.
A finales del siglo XIX, Camille Dareste utilizando
varios tipos de teratógenos para alterar el desarrollo en un momento
específico de la gestación, encontró que todos podían terminar en
el mismo resultado, y pensó que las malformaciones observadas se
debían a un cambio en las condiciones amnióticas que, de algún modo,
provocaban retención del desarrollo embrionario. Este trabajo y
los subsecuentes efectuados por Charles Féré, demostraron que, para
el tipo de malformación producida, es más importante el momento
de la exposición que la especificidad del teratógeno en estudio.
A principios de este siglo, los teratólogos empezaron
a utilizar modelos animales de diferentes especies para los diseños
experimentales.
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Así, Stockard utilizó anfibios y peces para demostrar que los defectos
estructurales inducidos por teratógenos son específicos del estadio
en que se encuentra el producto en formación, creyendo que podía
determinarse el momento de la exposición al agente según el tipo
de malformaciones resultantes. Mientras que en muchos casos esto
puede ser cierto, cuando se utiliza aisladamente puede llevar fácilmente
a conclusiones erróneas.
En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, los
trabajos de Warkany y Nelson dejaron poca duda con respecto a la
gran influencia que pueden tener los factores ambientales sobre
el desarrollo embrionario y, con la epidemia de defectos de reducción
en extremidades por exposición a talidomida a mediados de los años
50, la teratología se convirtió en una disciplina científica, cuya
función en la comprensión y prevención de las malformaciones humanas
nunca ha sido más importante.5
La comprensión del desarrollo humano se fundamenta
en la información proporcionada por un buen número de fuentes como
son la observación de embriones humanos normales y anormales con
nuevas técnicas (por ejemplo la exploración por microscopia electrónica),
modelos animales para estudiar la patogenia y otros aspectos de
las anomalías del desarrollo como el efecto de teratógenos humanos,
la hibridación in situ y los ratones transgénicos.
La elaboración de modelos animales permite estudiar
la secuencia de las alteraciones del desarrollo que causan ciertas
malformaciones en particular; es la manera más eficiente para obtener
evidencia con respecto a la patogenia de las malformaciones.
Los modelos animales son extremadamente
valiosos en el estudio de malformaciones congénitas inducidas. A
menudo es difícil establecer causalidad con respecto a una exposición
prenatal y el resultado de una gestación adversa.
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A
mediados de los años 50, la teratología se convirtió
en una disciplina científica, cuya función en la comprensión
y prevención de las malformaciones humanas ha sido muy importante.
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