El carcinoma de células germinales del testículo
representa un modelo de neoplasia maligna curable en el que destaca
el hecho de la terapia multidisciplinaria ya que se necesita la intervención
del oncólogo médico, del cirujano y del radiooncólogo, como veremos
más adelante. Asimismo, es un modelo de lo que es el diagnóstico oncológico
moderno: precisión en la histología del tumor, en la extensión de
la enfermedad y en el control bioquímico de la misma, mediante el
monitoreo del producto de las células neoplásicas germinales, los
marcadores tumorales.
Abordaremos el tratamiento farmacológico (quimioterapia)
de esta enfermedad en relación a las diferentes etapas clínicas del
padecimiento.
ETAPA I
En esta etapa clinicopatológica la enfermedad está limitada al testículo;
sin embargo pueden haber alteraciones que le confieren un pronóstico
desfavorable a esta etapa como son la invasión de los vasos sanguíneos
y/o linfáticos, la invasión de la túnica vaginal a través de la albugínea
(tumor T2), del cordón espermático (tumor T3) o del escroto (tumor
T4); también puede haber elevación persistente de los marcadores tumorales
(etapa IS). En todas estas situaciones existe una probabilidad de
hasta 50% de invasión de los ganglios del retroperitoneo.1,2
Cuando hay predominio importante de carcinoma embrionario es más probable
la invasión vascular sanguínea. En los casos de seminoma estos hallazgos
se asocian a un pronóstico menos desfavorable.3
En pacientes con hallazgos |
como
los mencionados, se recomienda la administración de dos ciclos de
quimioterapia con una combinación de cisplatino y etopósido; la bleomicina
no parece ser tan importante en estos casos. Han habido informes en
la literatura de mejoría en el pronóstico cuando los pacientes han
sido tratados con quimioterapia que cuando sólo se han vigilado o
se les ha efectuado linfadenectomía retroperitoneal.4,5
ETAPAS II Y III
Estas etapas, para fines terapéuticos y pronóstico, debemos dividirlas
en dos grupos: volumen tumoral que corresponden a las etapas IIA y
IIIB y la misma etapa II y III y que tienen un gran volumen tumoral,
y que corresponde a la etapa IIC y III.
Existen pues dos criterios que, desde el punto de
vista de la quimioterapia, debemos observar en esta etapa clínica:
uno es el que nos indica en qué sitio(s) se encuentra la actividad
tumoral, y el otro que se relaciona con la cantidad de tumor que existe.
En relación al primero, la existencia de una etapa II nos traduce
que la enfermedad está en el retroperitoneo y que respeta los órganos
y tejidos por arriba del diafragma, así como a las vísceras abdominales.
En relación al segundo criterio, éste tiene importancia terapéutica
y es útil para planear la estrategia de tratamiento en base al volumen
tumoral existente. Existen varias clasificaciones del volumen tumoral
y, antes de ello, un criterio más o menos bien definido de lo que
es un volumen tumoral bajo o menor: |
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El
carcinoma de células germinales del testículo es un modelo de neoplasia
maligna curable para ilustrar la terapia multidisciplinaria al cuidado
del oncólogo médico, del cirujano y del radiooncólogo. |