VENTILACIÓN MECÁNICA
Y HUMIDIFICACIÓN EN ANESTESIA
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Los anestesiólogos estuvieron entre los primeros grupos
de médicos que
proporcinaron
ventilación mecánica a los pacientes.
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Los agentes narcóticos también disminuyen
la ventilación con un efecto proporcional a
su potencia analgésica.
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Es bien conocido que la anestesia general tiene efectos
profundos sobre el aparato respiratorio.
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La depresión ventilatoria durante la anestesia puede
en parte atribuirse a los distintos efectos que
los anestésicos ejercen sobre el patrón
de contracción de los músculos inspiratorios.
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Los anestesiólogos estuvieron entre los
primeros grupos de médicos que proporcionaron ventilación
mecánica a
los pacientes. La ventilación
mecánica se emplea continuamente durante la
anestesia y cirugía. Es esencial cuando,
durante la anestesia, se requiere altas dosis de narcóticos, en la anestesia
inhalada profunda y durante los bloqueos neuromusculares. También está
indicado
su empleo durante procedimientos quirúrgicos que impiden la
respiración espontánea como la cirugía
cardiaca, torácica y laparoscópica. También
puede ser necesaria cuando la función
respiratoria se ve comprometida por la posición
del paciente durante el procedimiento
quirúrgico (como el decúbito prono y la posición
de Trendelemburg). Los pacientes con
función cardiaca y pulmonar disminuidas, asi
como aquellos con hipertensión
intracraneana pueden requerir de ventilación
mecánica transoperatoria. Con frecuencia se
emplea la ventilación mecánica para permitir
al anestesiólogo realizar las tareas
esenciales durante la anestesia y cirugía.
EFECTOS SOBRE LA RESPIRACIÓN
DE LA ANESTESIA GENERAL Y LA CIRUGÍA
Es bien conocido que la anestesia general tiene efectos profundos
sobre el aparato
respiratorio. En los pacientes con funcionamiento pulmonar normal, los cambios en la
mecánica pulmonar y en las variables del
intercambio gaseoso son consistentes, predecibles y
generalmente no ponen en peligro la vida. El conocimiento de estos cambios inducidos
por la anestesia, ha permitido la creación de
estrategias de manejo del ventilador durante el transoperatorio para minimizar sus
efectos secundarios. Además debe mencionarse
que el tipo de cirugía tiene importantes efectos
en la función respiratoria tanto en el
transoperatorio como durante el postoperatorio.
Función respiratoria
durante
la anestesia
Ventilación
Todos los anestésicos generales disminuyen
la ventilación, deprimen la
respuesta
ventilatoria al bióxido de carbono
(CO2), y desplazan el umbral de apnea hacia
una mayor presión arterial de bióxido de
carbono (PaCO2). En forma clásica, durante
la anestesia inhalatoria con agentes volátiles, se altera el
patron respiratorio
dando como resultado una disminución de los volúmenes
corriente y un incremento en
la frecuencia respiratoria con un incremento dosis dependiente de la
PaCO2. Además, existen variaciones sustanciales entre
los distintos vapores halogenados; así, el halotano en niveles anestésicos
profundos (concentración alveolar mínima (MAC)
de 1.0) incrementa la PaCO2 a 45 mm Hg,
el isofluorano y desfluorano a 50 mm Hg, el enfluorano a más de 60 mm Hg.
Los agentes narcóticos también
disminuyen la ventilación con un efecto
proporcional a su potencia analgésica.
Asimismo la combinación de sedantes, narcóticos
y anestésicos inhalados e intravenosos, interactúan para producir mayor
hipoventilación que cuando se administran
por separado. Es debido a estas interacciones que la ventilación
espontánea se
torna poco satisfactoria, requiriéndose
ventilación mecánica controlada. Cuando se
administran a nivel anestésico profundo,
los agentes inhalados suprimen la respuesta ventilatoria a la hipoxemia. Además
el impulso ventilatorio ante la hipoxia se mantiene atenuado a concentraciones
subanestésicas (MAC 0.1) y esto se mantiene hasta el periodo postoperatorio
inmediato. Esta supresión del impulso
ventilatorio limita la capacidad del paciente de
incrementar la ventilación en respuesta a
la hipoxemia. Las cosas empeoran si se deprimen los receptores periféricos en
cuyo caso la hipoxia es resultado de
depresión respiratoria central.
La depresión ventilatoria durante la anestesia
puede en parte atribuirse a
los distintos efectos que los anestésicos
ejercen sobre el patrón de contracción de
los músculos inspiratorios. Durante la anestesia general, asi como durante la
respiración espontánea, la asistencia de los
músculos abdominales durante la
respiración está conservada mientras que la de
los músculos intercostales se encuentra
prácticamente abolida. Esto se ha
interpretado como una falla progresiva de la función
de los músculos intercostales,
conservándose
la contracción del diafragma. La mayor parte de la respuesta ventilatoria al
incremento en los niveles de CO2 se
encuentra mediada por los músculos
intercostales en vez del diafragma. En
consecuencia, gran parte de la disminución en la
respuesta ventilatoria a la PaCO2 durante
la anestesia, se debe a la inactivación de
los músculos intercostales. La pérdida
relativa del componente intercostal
(torácico) durante la anestesia general con
respiración espontánea puede resultar
importante para pacientes con algún impedimento para la respiración con
músculos abdominales (ej. por distensión
abdominal o sobrepeso) o por contracción
abdominal. Este mecanismo podría explicar porqué los pacientes obesos o con
enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) presentan más
hipoventilación durante la anestesia.
Volúmenes y mecánica pulmonar
La forma y la movilidad de la pared
torácica se afectan con la anestesia general, lo
que dá como resultado un desplazamiento del diafragma en sentido
cefálico así como
una disminución en el área transversal
del tórax lo que reduce la capacidad
funcional residual (CFR).
Después de efectuada la inducción a
la anestesia general en posición supina, la
CFR disminuye aproximadamente 20%; en el paciente obeso puede disminuir hasta
en un 60% tomando como referencia los valores con el paciente despierto en
posición supina.
La disminución en la CFR ocurre independientemente si
la ventilación es
espontánea o controlada, del tiempo
anestésico, del grado de bloqueo neuromuscular y
la fracción inspirada de oxígeno
(FiO2).
Varios estudios, en los que se empleó la tomografía
axial computarizada
(TAC), han demostrado la aparición de
densidades pulmonares semicirculares casi inmediatamente después de la
inducción de
la anestesia general. Estas densidades disminuían de tamaño o
desaparecían al
aplicar presión positiva al final de la
espiración (PEEP). Al parecer, representan atelectasias producidas por
compresión del parénquima pulmonar como
consecuencia de la reducción del volumen
torácico. Por lo tanto, la disminución en la
CFR durante la anestesia general tiene importantes efectos sobre la función
pulmonar, en particular sobre la mecánica
pulmonar, distribución de la ventilación-perfusión
y el intercambio gaseoso.
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En pacientes anestesiados con ventilación
mecánica tanto en posición supina como en
decúbito lateral, la distribución del gas inspirado
es distinta a la que se tiene con el paciente
despierto.
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La relación
presión-volumen del sistema respiratorio
se ve afectada durante la anestesia general.
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La relación presión-volumen del
sistema respiratorio se ve afectada durante la anestesia general; la
complianza de todo
el sistema disminuye. Esto parece ser debido a una reducción en la
complianza pulmonar, pero es más probable que
se deba a una disminución en la CFR y a la formación de atelectasias.
La complianza total depende de muchos factores incluyendo el
volumen pulmonar, la tensión superficial, la
enfermedad de base, la posición que guarda
el paciente, la mecánica de la pared
torácica, el volumen sanguíneo a nivel pulmonar
y los antecedentes del volumen manejado previamente por los pulmones. Desde
hace tiempo se ha establecido que volúmenes corrientes pequeños disminuyen
la complianza pulmonar de un 30 a 50% y que estos cambios podrían revertirse
con insuflación máxima o el empleo de
"suspiros".
El aumento en la complianza es temporal ya que retorna los valores
basales
al cabo de 100 minutos; además el efecto benéfico de la
hiperinsuflación se
obtiene fundamentalmente cuando tenemos ventilación con
volúmenes corrientes
bajos, resultando efectivo con volúmenes
corriente altos. Presumiblemente, el incremento en la complianza pulmonar, se da
gracias al reclutamiento de alvéolos colapsados.
Los cambios en la resistencia de la vía aérea se
ven influenciados por
múltiples factores. El calibre de la vía aérea
disminuye al disminuir el volumen pulmonar y además incrementará la
resistencia.
El incremento de la resistencia debido a una disminución en la CFR se debe en
gran parte al efecto broncodilatador de la mayor parte de los anestésicos
inhalados. Estos generalmente no tienen consecuencias significativas. Sin embargo, otras
causas de aumento en la resistencia de la
vía aérea pueden ser graves y comprometer
la vida del paciente.
Intercambio gaseoso
a nivel pulmonar
En pacientes anestesiados con
ventilación mecánica tanto en posición supina
como en decúbito lateral, la distribución del
gas inspirado es distinta a la que se tiene con el paciente despierto a pesar de que
la distribución en cuanto a la perfusión
regional, no sufre cambios significativos. Durante la respiración
espontánea, el
gas inspirado se distribuye predominantemente en los alvéolos dependientes. La
contracción activa del diafragma produce mayor desplazamiento en las
porciones dependientes del pulmón y
proporciona una mejor ventilación en estas
regiones. Durante la ventilación mecánica, el
gas inspirado se distribuye perfectamente al
pulmón no dependiente. Al emplear ventilación mecánica con
presión positiva,
se aplica una presión a nivel de la vía
aérea igual a todo lo largo del pulmón a la que
se opone el gradiente de presión
hidrostática del abdomen (en posición supina). En
el decúbito lateral, la ventilación del
pulmón dependiente se opone al peso
efectivo del contenido mediastinal, asi como al gradiente de presión
hidrostática lo
que provoca un desplazamiento del diafragma hacia el pulmón no dependiente. El
volumen corriente y el diafragma sufren un desplazamiento más equilibrado con
inspiraciones incrementadas progresivamente (15 a 18 ml/kg), por lo que
grandes volúmenes corrientes (15 ml/kg) dan
una mayor ventilación y reclutamiento del
pulmón dependiente que la que ocurre cuando estos volúmenes
son pequeños (5
ml/kg).
En consecuencia, durante la anestesia y ventilación
mecánica, la relación
ventilación-perfusión está alterada
encontrándose porciones del pulmón que
presentan relaciones ventilación-perfusión
(VA/Q) heterogéneas. El efecto neto de estos
cambios en el volumen y mecánica pulmonares asi como en la
distribución de la
relación ventilación-perfusión es el de
incrementar el gradiente de presión parcial
alvéolo-arterial P(A-a)O2, y la relación
espacio muerto-volumen corriente (VD-VT).
La PaO2 promedio transoperatoria es la mitad de las
PaO2 inspiradas pero con grandes variaciones. Esto equivale al
promedio de una fracción derecha-izquierda intrapulmonar de 0.10 a 0.15; se
logran niveles aceptables de PaO2 con una
FiO2 al 0.40) debido a que el incremento en la
P(A-a)O2, correlaciona con la disminución
en la CRF.
ASPECTOS PRÁCTICOS DE
LA VENTILACIÓN MECÁNICA
EN EL TRANSOPERATORIO
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Los principios de la VM en el transoperatorio son los mismos que
los utilizados para los pacientes en las unidades de
terapia intensiva.
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Los principios de la VM en el transoperatorio son los mismos que los
utilizados para los pacientes en las unidades de terapia intensiva; sin embargo
existen algunas variaciones que destacar como serían principalmente que los
pacientes en el transoperatorio habitualmente no tienen un gran deterioro de la
función pulmonar, se utilizan otros gases
(anestésicos y óxido nitroso) además del aire
y oxígeno, y el intercambio gaseoso en
estos pacientes frecuentemente requiere menor volumen minuto.
Si bien los requerimientos basales de los pacientes anestesiados,
en cuanto
a volumen, son menores que los de los
pacientes críticamente enfermos, algunos anestesiólogos prefieren utilizar
volúmentes corrientes entre 12 y 15 ml/kg,
con la idea de lograr niveles moderados de hipocarbia y con ésto contribuir a
suprimir la ventilación espontánea. De igual
forma el utilizar estos volúmenes garantiza
una adecuada oxigenación y evita la
formación de atelectasias, incluso sin la necesidad
de suspiros, y de hecho, éstos han sido
cuestionados sobre su utilidad clínica. El
utilizar estos volúmenes corrientes grandes
es de gran beneficio sobre todo cuando la capacidad funcional residual es menor
que el volumen de cierre de las vías
aéreas, como es el caso en aquellos
pacientes geriátricos, obesos o con EPOC.
Otra variación importante en comparación
con la ventilación en el
paciente crítico es el uso de la presión positiva
al final de la espiración (PEEP), ya que no
es un procedimiento de rutina en el paciente anestesiado. Si bien el uso de PEEP
aumentaría la CFR, su efecto sobre la oxigenación en este tipo de
pacientes es
menos predecible, y de hecho la necesidad de usarla con este objetivo es poco
frecuente, debido a que los pacientes pueden ventilarse con fracciones inspiradas de
oxígeno alrededor del 50% o más, ya que por
los cortos periodos que son utilizadas estas concentraciones de oxígeno no existe
un gran riesgo de daño pulmonar.
En cuanto al intercambio de CO2, se requiere de
80 a 100 ml/kg/min, con
frecuencias respiratorias de 10 por minuto y con una relación inspiración:
espiración (I:E) de 1:2 a 1:3. En cuanto a la
modalidad de VM que se utiliza durante la
anestesia, podemos expresar que es similar a la
ventilación mandatoria intermitente (IMV) y a que los ventiladores
actuales permiten
al paciente efectuar respiraciones espontáneas entre un ciclo y otro; sin
embargo frecuentemente los pacientes se encuentran sin automatismo respiratorio por
los fármacos habitualmente utilizados por
lo que en la práctica el modo que se utiliza
es el de ventilación controlada. Para
utilizar algún otro modo de VM durante el transoperatorio, como sería
aquellos ciclados por presión (presión control y
presión asistida) es necesario utilizar
otro tipo de ventiladores, que permiten la administración de los agentes
anestésicos inhalados (actualmente sólo
disponemos del Siemens 900 C, con dicha capacidad).
La decisión de continuar con la ventilación
mecánica en el postoperatorio
dependerá del grado de afección pulmonar,
si ésta existe, en el transoperatorio y postoperatorio, así como de la
técnica anestésica, del procedimiento quirúrgico
y
de las condiciones generales de cada paciente. Frecuentemente algunas
cirugías como la cirugía mayor de abdomen y la
de tórax, presentan datos de restricción
pulmonar, con una disminución importante de la capacidad vital, que se traduce en
la imposibilidad de mantener volúmenes corrientes adecuados y de presentar tos
efectiva, lo que obliga a la asistencia ventilatoria en estos casos. En general
la magnitud de estas alteraciones está en relación a la proximidad del sitio
quirúrgico en el diafragma.
También en el postoperatorio pueden presentarse
alteraciones en el
intercambio de oxígeno, básicamente por dos
mecanismos. El primero de ellos se encuentra en relación a los alteraciones
descritas
en el párrafo anterior como consecuencia
principalmente de la disminución de la
capacidad vital. El segundo mecanismo se explica como consecuencia de la anestesia
general y sus efectos sobre el centro respiratorio, o por la hipoxia por difusión
y por
el recalentamiento. Todos estos efectos pueden prevenirse con la administración
de oxígeno suplementario. Por lo general estas alteraciones se presentan durante
las dos primeras horas de haber terminado el procedimiento.
La presencia de dolor postoperatorio y de los medicamentos
utilizados para
el control del mismo pueden de igual forma afectar la función pulmonar,
ya que si
el paciente presenta dolor intenso tiende a disminuir la intensidad de sus
movimientos respiratorios, y el uso de medicamentos narcóticos ocasiona
depresión
respiratoria. Por tal motivo dentro de lo posible
se prefiere utilizar medicamentos no narcóticos o analgesia regional en el
postoperatorio.
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Todos los ventiladores modernos poseen fuelles ascendentes.
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Durante la inspiración, el gas comprimido
entra a la cámara de los fuelles aumentando
su presión para
proporcionar ventilación al paciente.
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De igual forma se sugiere individualizar la
analgesia postoperatoria de acuerdo a las
condiciones de cada paciente y sobre todo se aconseja
una vigilancia estrecha de la función pulmonar en
las primeras horas del evento quirúrgico.
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En resumen, el apoyo ventilatorio mecánico en el
postoperatorio se
recomienda en aquellos pacientes con cirugía mayor
de abdomen que en el preoperatorio se encontraban con una disminución menor al
50% de su función pulmonar predecible o en aquellos pacientes que por su estado
general sean considerados de alto riesgo; sin embargo este último aspecto se
encuentra aún controvertido. De igual forma se
sugiere individualizar la analgesia postoperatoria de acuerdo a las condiciones de
cada paciente y sobre todo se aconseja una vigilancia estrecha de la función
pulmonar
en las primeras horas del evento quirúrgico.
VENTILADORES EN ANESTESIA
El ventilador actualmente componente integral de los aparatos
modernos de
anestesia, consta de tres componentes básicos: el ventilador mecánico,
la máquina
de anestesia y el circuito de ventilación.
Los mecanismos integrados de ventilador y aparato de
anestesia convergen a nivel
de un interruptor o convertidor en donde una válvula permite según
se requiera, la
administración de ventilación artificial ya sea
en forma manual con una bolsa y reservorio o bien mecánica por medio del
ventilador.
Los ventiladores en anestesia operan gracias a una fuente de
poder que puede
ser de aire comprimido, electricidad o ambas cosas como es el caso de los modelos
más recientes; además emplean un sistema
de ciclos con lo que proporcionan
ventilación controlada únicamente. Se acompañan
asimismo de un sistema de fuelles. Estos se clasifican en ascendentes o
descendentes según el movimiento que realizan
durante la exhalación considerándose a los
primeros como más seguros ya que no se
vuelven a llenar una vez que se desconecta el
sistema en contraste con los descendentes que siguen funcionando al desconectarse
incluso sin activar los sistemas de alarma de baja presión. Todos los ventiladores
modernos poseen fuelles ascendentes. Por último
tenemos el mecanismo de conducción: los ventiladores que se emplean
actualmente en anestesia constan de un doble circuito
en el que un generador de flujo de aire comprimido proporciona la fuerza necesaria
para movilizar los fuelles que separan al circuito de gas comprimido del paciente y los
gases anestésicos. El aire comprimido puede
ser oxígeno al 100% para ventiladores con
generadores de flujo no dependientes de presión o una mezcla para los que usan
un sistema de Venturi.
Durante la inspiración, el gas
comprimido entra a la cámara de los fuelles
aumentando su presión para proporcionar ventilación
al paciente. Se evita que el gas se fuge gracias
al cierre de sus válvulas de escape. Durante
la exhalación, la presión a nivel de la cámara
de los fuelles y la línea declina a cero lo que
abre las válvulas de escape permitiendo el
llenado del fuelle con una mezcla del gas que exhala
el paciente y aire fresco proporcionado por el aparato de anestesia.
Existe una válvula
que actúa en forma semejante a una pelota
que evita las presiones excesivas durante la fase espiratoria del ciclo
respiratorio ya que se
abre cuando a nivel de fuelle existe una presion
de 2 a 3 cm de H2O.
Límites en presiones y flujos
de los ventiladores en anestesia
Cada fabricante especifica las máximas presiones
y flujos inspiratorios que
pueden lograrse empleando sus ventiladores. Pero al integrarlos al aparato de
anestesia el volumen minuto proporcionado que se programa en el ventilador puede ser
distinto al que se aprecia al observar el grado de compresión del sistema de
fuelles. Esta discrepancia entre el volumen programado y el proporcionado está en
función de varios factores entre los que se incluye al flujo de aire fresco (FGF),
el tiempo inspiratorio (TI), el volumen del circuito, su distensibilidad y el propio
generador de flujo del ventilador. Todos estos factores aumentan o disminuyen
el volumen corriente proporcionado según el caso.
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El aumento del
volumen minuto proporcionado por el aparato es el
resultado del producto del flujo de gas fresco y el
tiempo inspiratorio.
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Durante la ventilación mecánica, el calor y
la humedad de los gases inspirados es esencial para asegurar
la integridad de la vía aérea y una
adecuada función mucociliar.
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El aumento del volumen minuto proporcionado por el aparato es el
resultado del producto del flujo de gas fresco y
el tiempo inspiratorio (FG x TI); también puede aumentar si hay una fuga en
el fuelle, mientras que en contraposición,
su disminución depende de la capacidad de compresión y de la
distensibilidad del
circuito asi como del tipo de generador de flujo. Un circuito clásico para adulto
tiene un volumen de compresión de 6 a 7
litros y una capacidad de compresión de 6 a
12 ml/cm H2O. El volumen que se gana con
el flujo de aire fresco se compensa con la disminución de volumen por
compresión. Por lo tanto, el volumen corriente
programado se aproxima al suministrado por el aparato en ventilación
mecánica
empleando presiones pico en el rango de 20 a 30 cm
H2O con un flujo de aire concomitante
de 5 litros por minuto.
Las especificaciones del fabricante pueden emplearse para predecir la
máxima ventilación minuto que proporciona.
Al conocer el volumen inspiratorio medio (VI) y el máximo trabajo
inspiratorio por
ciclo (TI/TOT) se puede estimar la máxima ventilación minuto
teórica.
Ventilación minuto = VI x (TI/TOT), al sustituir a
VI por el volumen
inspiratorio máximo obtenemos la máxima
ventilación minuto esperada que resulta
generalmente mayor que la observada
clínicamente. Con frecuencia es sobreestimada, ya
que los ventiladores no pueden mantener un flujo inspiratorio máximo con
incremento en la presión a nivel de la vía aérea.
El volumen inspiratorio disminuye como resultado de la capacidad de
compresión y el generador de flujo que se utiliza. Cuando los generadores no
dependen de presión es la capacidad de
compresión la que disminuye el volumen inspiratorio promedio del sistema de
anestesia ventilación. En los dependientes
de presión tanto la distensibilidad como el
volumen disminuido del generador contribuyen por igual.
La disminución del volumen inspiratorio que tiene lugar ante
incrementos en la presión de la vía aérea limita
la capacidad de ventilación minuto de los ventiladores en anestesia, contrario a
lo que ocurre con los que se emplean en medicina crítica que mantienen
flujos máximos con presiones de la vía aérea
de hasta 80 cm de H2O. Esto es posible ya
que estos ventiladores tienen un mínimo
volumen de compresión y su generador de
flujo no depende de presión.
HUMIDIFICADORES
Durante la ventilación mecánica, el calor
y la humedad de los gases inspirados es esencial para asegurar la integridad de
la vía aérea y una adecuada
función mucociliar.
La nariz proporciona un mecanismo de humidificación
extraordinariamente
efectivo, pero si la vía aérea se encuentra
con traqueostomía o intubación
endotraqueal, se pierde este mecanismo. Por lo tanto
la humidificación debe ser proporcionada en forma artificial. Cuando esto ocurre,
el contenido de humedad del gas inspirado se debe incrementar a 100% de
humedad relativa a la temperatura corporal.
El nivel óptimo de humedad recomendada en anestesia
todavía es
muy controversial; algunos autores recomiendan un mínimo de humedad de 60% o
12 mg/l. Los valores óptimos están entre 14
y 30 mg/l de vapor de agua. La humidificación del interior de los tubos corrugados
y el reservorio aumenta significativamente la humedad en el circuito circular.
Esto alcanza un contenido de agua de aproximadamente 22 mg/l. La humedad
disminuye con el tiempo cuando ocurre evaporación dentro del circuito produciendo
enfriamiento. El sistema circular cerrado puede alcanzar un contenido de agua
hasta de 29 mg/l cuando los gases pasan a través del canister. La humedad
relativa alcanza el 100% debido a la producción
de agua por neutralización durante el proceso de absorción
de bióxido de carbono por
la cal sodada.
La administración de gases
anestésicos produce cambios morfológicos del
epitelio traqueobronquial que pueden contribuir a la aparición de
complicaciones pulmonares postoperatorias. Por lo
tanto, se recomienda el empleo de humidificadores durante la anestesia con
ventilación mecánica, particularmente con el
empleo de circuitos semiabiertos. Las recomendaciones en relación al uso de intercambiadores de calor y humedad
(HME) en sistemas semicerrados es todavía controversial. No existe suficiente
información reportada en la literatura que
establezca que el HME mejore el transporte mucociliar bajo estas condiciones.
La humidificación probablemente no es necesaria en unidades
diseñadas
para reinhalación total (sistemas cerrados)
debido a que la pérdida de agua no es de
gran magnitud. La humidificación se require para sistemas abiertos o
semiabiertos.
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Existen diferentes tipos de humidificadores, los simples y los térmicos.
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En los últimos años se han producido
muchos humidificadores desechables.
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La nariz artificial también conocida
como intercambiador de calor y humedad (HCH)o humidificador
higroscópico, representa una alternativa
menos costosa sin los riesgos asociados.
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Existen diferentes tipos de humidificadores, los simples y
los térmicos. Los
simples no emplean calor, ya que están diseñados para proporcionar humedad
suficiente al gas administrado. De este tipo se cuenta con el humidificador
en línea, el
de burbuja, el jet y jet de inmersión.
El humidificador en línea es el de diseño
más simple, en el que el gas pasa
sobre la superficie del agua y después se
dirige hacia el paciente. La eficacia de éste
es baja ya que el tiempo de exposición y el contacto con la
superficie agua/gas es
limitada.
El segundo tipo es el de burbuja, que es probablemente el
más utilizado. En éste
el gas es dirigido por debajo de la superficie del agua permitiendo que las
burbujas
se dirijan hacia la superficie, aumentando asi el tiempo y la superficie del área
de contacto, y por lo tanto su eficacia. Algunas veces son conocidos como
difusores, por que se incorpora un sistema que permite que el gas genere burbujas
mucho más pequeñas para incrementar aún
más el área de superficie gas/agua.
El tercer tipo es el jet, en el que se produce un aerosol
(que consiste en
partículas líquidas o sólidas de una
sustancia suspendida en un gas) por medio de un sistema de filtro o esponja en donde
las partículas son tanto removidas o
evaporadas formando humedad.
El humidificador jet de inmersión incorpora los principios
tanto del de
burbuja y como del jet. El gas es conducido por debajo de la superficie del
agua a un
jet que utiliza el principio de Bernoulli, para producir aerosol. De esta forma las
burbujas conteniendo aerosol flotan hacia la superficie del agua, incrementando
la interfase gas/agua y el tiempo de exposición y por lo tanto su eficacia.
En los últimos años se han
producido muchos humidificadores desechables; casi todos ellos son del tipo de burbuja o
difusor. Su ingeniería permite que su
eficiencia sea suficiente para producir de 80 a
100% de humedad relativa. Todos, en diferentes grados, pierden su efectividad cuando
el nivel del agua disminuye, ya que también el tiempo de exposición
agua/gas es
menor.
Otro tipo de humidificadores son los térmicos, que
emplean el calor para
aumentar su eficacia. El incremento de la temperatura del gas o del agua,
favorece que la capacidad del gas de transportar vapor de agua aumente a su paso por
el humidificador térmico.
Los humidificadores térmicos (HH) son los más
comúnmente empleados debido a su capacidad de humidificación y
calentamiento a lo largo de un amplio rango de ventilaciones minuto. El uso de este
tipo de humidificadores en pacientes con intubación prolongada presentan menor
incidencia de obstrucción del tubo endotraqueal.
La Cascada (tipo Bennett) es el tipo de humidificador
térmico más
comunmente empleado desde 1960. Es un
humidificador de burbuja modificado en el cual el
gas baja a través de una torre hacia una
cámara a través de una rejilla desplazando
el agua de la cámara. Esto incrementa el nivel del reservorio de la cascada,
permitiendo que cierta cantidad de agua pase por la rejilla hacia un puerto, ésta
forma una capa sobre la rejilla y forma una espuma al paso del gas de la cámara a la
rejilla; este diseño fue empleado para reducir
la resistencia del flujo del gas a través de
la unidad.
Existe una válvula
unidireccional en la torre que impide el regreso de
la humedad hacia el aparato conectado. Un sensor en la torre permite la
comunicación del gas con el conector del ventilador,
de tal forma que los esfuerzos del paciente puedan ser sensados por la máquina
(Fig. 5). Actualmente existen otras unidades de
diseño similar: 1) la unidad desechable producida por Respiratory Care, Inc., 2)
el humidificador reutilizable con los ventiladores Ohio Critical Care 550, 3)
el humidificador del Ventilador
Monoghan 225, y 4) la unidad desechable Searle.
De cualquier manera éstos presentan algunas
desventajas como son costo,
condensación en los tubos del ventilador y
la potencial contaminación bacteriana.
Normalmente estas unidades pueden ser calentadas por arriba de la
temperatura corporal, ya que el gas se enfriará a
su paso a través de los tubos. La pérdida
de calor producirá condensación, por lo
que los tubos deberán situarse de forma que ésta sea drenada de regreso al
humidificador.
La nariz artificial también conocida como intercambiador
de calor y
humedad (HCH)o humidificador higroscópico,
representa una alternativa menos costosa sin los riesgos asociados. Este es ideal
para periodos de tiempo cortos, ya que se ha
reportado en la literatura que el empleo de HCH produce secreciones espesas
alrededor del quinto día, por lo que se
recomienda que su uso se limite a este tiempo.
Otra de las ventajas de la nariz artificial es que se reduce
la incidencia de
neumonía nosocomial y la contaminación
de los circuitos de los ventiladores. Esto debido a que se ha postulado que para
que exista colonización bacteriana necesita haber condensación
en el circuito, lo que
no ocurre con este tipo de humidificadores.
La elección adecuada de una nariz artificial es muy
importante. En una serie
de estudios se han comparado una gran variedad de HCH disponibles empleando
diferentes metodologías, y de acuerdo a los protocolos propuestos por la
Organización Internacional de Estándares. Se
encontró que las narices higroscópicas
fueron significativamente mejores que las hidrofóbicas en todos los niveles de
ventilación minuto con respecto a la
humidificación.
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