Los cambios del comportamiento de inicio reciente, sean progresivos o
episódicos, en una persona adulta, pueden ser de
bidos a una neoplasia. Los tumores frontales pueden
ocasionar síntomas sutiles antes de manifestarse con los síntomas y
signos frontales clásicos. Pueden confundirse con datos incipientes de demencia. Los
tumores temporales pueden manifestarse con
crisis parciales complejas que causan trastornos episódicos de la conducta, actos
repetitivos y sin sentido que el paciente no recuerda posteriormente. Si son del lado dominante, puede
haber afasias que se confundan con defectos de la memoria o con estrés.
Las lesiones parietales presentan síntomas en el área de la orientación espacial, de las
"praxias" (incapacidad para vestirse, para
utilizar objetos cuando se les pide que lo hagan, etc.) o en las habilidades aritméticas.
Los tumores occipitales generalmente ocasionan defectos campimétricos o alteraciones
visuales poco usuales, como alucinaciones.
Los tumores espinales producen síntomas y signos característicos dependiendo del ni
vel de la lesión. En general, los tumores extraaxiales que comprenden secundariamente a la
médula, pueden producir dolor primero y posteriormente déficit sensitivo/motor, en tanto
que los intraaxiales generalmente producen primero déficit neurológico.
Existen síndromes especiales de la unión
craneovertebral, sección medular, hemisección medular (síndrome de Brown-Sequard),
síndrome central medular, del cono medular y de la cola de caballo, así como de las raíces
a diferentes niveles.
Abordaje diagnóstico
La sospecha de una neoplasia intracraneal se hace con base en el interrogatorio y el
examen físico. Ante esta posibilidad, y si el
estado del paciente lo permite, la mejor manera de proceder es la realización de un
estudio de imagen. El valor de las placas simples de cráneo está sobrevalorado; raramente
da un diagnóstico definitivo, y suponiendo que diera pie a sospechar la presencia
de tumor, ésto deberá de confirmarse con
otros estudios, por lo que en realidad no añade beneficio, no evita hacer estudios adicionales y hace
perder tiempo que puede ser valioso. La imagen por resonancia magnética (IRM) es el estudio de
elección, y de preferencia con medio de contraste. La tomografía
axial computarizada (TAC) es menos sensible para cambios por infiltración tumoral,
pero es superior cuando deseamos ver vascularidad, como puede ser en los meningiomas,
metástasis, algunos gliomas y malformaciones arteriovenosas que pueden confundirse
con un tumor. Además, la TAC es mejor en la
etapa aguda cuando deseamos ver si hay sangrado dentro del tumor, como en los casos
de apoplejía pituitaria o de algunas metástasis. La IRM es más sensible a cambios en
el parénquima y detecta fácilmente infiltración tumoral, edema incipiente o
trasudación transependimaria del LCR en los ventrículos
laterales cuando hay hidrocefalia activa, y es bien conocido que es superior a la TAC para
visualizar fosa posterior, unión craneovertebral y médula espinal. La decisión de
cuál estudio debe de hacerse dependerá de la infraestructura local, de los medios económicos
y de algunos factores individuales, como la hipersensibilidad a los contrastes, la claustrofobia, presencia de
prótesis, marcapasos, etc. En los casos en que no estuviera disponible ninguna de estas opciones, lo mejor es
obtener cuanto antes una consulta especializada, ya que posiblemente sea necesario hacer estudios invasivos,
como arteriografías, mielografías, etc.
El EEG tiene valor como método de tamizaje en aquellos pacientes con cefalea en
quienes se desea tener un apoyo para descartar la presencia de lesiones estructurales: la
probabilidad de una lesión grave en una persona con cefalea y EEG completamente
normal es menor a 0.5%. En los pacientes con epilepsia de inicio reciente puede mostrar
trazos de lesión estructural o focalización de
la actividad epiléptica que indiquen la necesidad de profundizar el estudio del paciente. Sin embargo,
el EEG, como otros estudios neurofisiológicos -potenciales evocados- no
son específicos y no nos dicen si esta lesión
estructural es tumoral o de otra naturaleza por lo que, en caso de ser positivo el estudio,
se requerirá de un estudio de imagen.
Tratamiento
El tratamiento apropiado de los tumores del SNC, como los de cualquier otra parte del organismo, requiere
de una identificación precisa de la histología del mismo. En los casos de tumores benignos, la
cirugía puede ser curativa si el tumor está accesible, como
la mayoría de los meningiomas, neurinomas, etc. En cuanto a los malignos, la histología
define el tipo de tratamiento. El principio terapéutico en estos casos es tratar de extraer la mayor
cantidad de tumor durante la cirugía y posteriormente someter a tratamiento complementario. Aun
así, el pronóstico es malo para la función y la vida. En el caso de una metástasis,
la decisión de operar se toma con base en el control del tumor primario, del pronóstico de vida por
la enfermedad primaria, el incremento esperado en la calidad de vida en el tiempo de supervivencia y la
accesibilidad de la tumoración. El tratamiento sintomático incluirá medidas
para disminuir la presión intracraneal, como
los esteroides, glicerina oral o manitol I.V.; medidas para control del dolor; anticonvulsivos cuando se
requieran; antieméticos, sedantes y neurolépticos en caso necesario. También
se debe tener en cuenta que con frecuencia es necesario tratar las consecuencias del tratamiento instituido, lo
que se hará de manera sintomática de manera semejante a lo que se
ha descrito. En las etapas finales, se habrá de
hacer todo lo posible para brindar una muerte digna y misericordiosa.