| páginas de la 36 a la 41 |
| La identificación temprana (inmediata o cercana al nacimiento) es la clave para la solución de este problema en manos del ortopedista. La responsabilidad corresponde al médico que tiene el primer contacto con el bebé (médico general, obstetra, pediatra) y la enfermera. |
La verdadera solución de este padecimiento estriba en el diagnóstico temprano en el recién nacido o antes del año de edad, cuando el tratamiento temprano conduce habitualmente a la curación del padecimiento.
Dado que el padecimiento no tiene ninguna manifestación clínica aparente, es imprescindible que los médicos que atienden al recién nacido: el médico general, el obstetra, el pediatra y la enfermera, para solicitar la consulta del ortopedista que debe realizar el tratamiento.
![]() |
Desde el punto de vista anatomopatológico, es una displasia del acetábulo que lo hace plano e incontinente para la cabeza femoral que se encuentra hipotrófica, involucrando a los elementos paraarticulares con inestabilidad articular, que propicia la luxación de la articulación con la consiguiente elongación de la cápsula y los ligamentos articulares incluido el ligamento redondo, que se estrechan e hipertrofian en forma de un reloj de arena, impidiendo el regreso de la cabeza femoral al acetábulo. La cabeza femoral finalmente termina por alojarse en la fosa iliaca externa.
De acuerdo con la magnitud de las alteraciones, que van siendo mayores a medida que
crece el niño, la cadera puede encontrarse en
tres condiciones distintas:
![]() |
Con la inestabilidad articular existente, la acción del tono y de la contracción muscular
con los movimientos del niño pequeño, tienden a desplazar la cabeza femoral
en sentido proximal.
CUADRO CLÍNICO
En el recién nacido y en el pequeño, la cadera luxada no produce sintomatología que la descubra. No hay deformación aparente, no hay dolor ni defensa al movimiento. Cuando el niño inicia la marcha, puede ser descubierta por una claudicación característica; a mayor edad, la claudicación se hace más aparente pero con mínimas molestias. En el adulto, la basculación pélvica provoca hiperlordosis lumbar con alteraciones mecánicas en la columna y en la cadera opuesta que propician procesos degenerativos en esas estructuras.
Cuando la cadera está subluxada, el apoyo anormal contra el acetábulo puede producir la artrosis
temprana y en el joven, cambios degenerativos en que van a ocasionar dolor intenso y grave incapacidad
para la marcha.
| No puede generalizarse diciendo que el diagnóstico de la luxación congénita de la cadera es una tarea fácil aunque hay formas clínicas en la que resulta un problema evidente y sin mayor dificultad para su identificación. Así, en el recién nacido y en el pequeño, la cadera luxada no produce deformidad aparente, ni dolor ni defensa al movimiento; en ocasiones se hace aparente cuando el niño inicia la marcha o bien los síntomas son poco intensos. En fin, lo importante es tener presente que es una malformación cuyo buen futuro depende de la identificación temprana. |
Habiendo señalado ya la importancia del tratamiento temprano antes de un año de edad, y careciendo de manifestaciones clínicas aparentes, el diagnóstico requiere la búsqueda de signos que nos permitan descubrir la malformación; de ahí la importancia de que el personal médico y de enfermería cercanos al recién nacido estén capacitados para sospecharlo.
![]() |
Signos diagnósticos
El signo de Ortolani. Con el niño en decúbito
dorsal, con sus miembros flexionados a 90 grados, se fija firmemente la cadera opuesta y
haciendo ligera presión vertical del miembro
contra la mesa, se hacen movimientos de abducción-aducción, percibiendo en la luxación un
chasquido al saltar la cabeza el reborde acetabular. El signo de Barlow es una modificación al anterior
y se explora en forma
similar pero en lugar de la abducción-aducción, se desplaza la cabeza femoral en sentido
medial y lateral sucesivamente (Figura 3).
El signo de Dupuytren o del pistón se explora en la misma posición del bebé: fijando la pelvis con el pulgar sobre la espina iliaca anterosuperior, se imprimen al miembro movimientos sucesivos de presión y tracción en sentido vertical, que en la cadera luxada se perciben independientes de la pelvis.
Cuando el niño ya deambula, la exploración se hace en posición de pie para encontrar el signo de Trendelemburg. Con el niño de espaldas al explorador, se le ordena que permaneciendo apoyado en una extremidad, encoja hacia adelante la del lado contrario. Cuando la cadera de apoyo es normal, el pliegue glúteo opuesto se eleva; cuando la cadera está luxada no se sostiene y el pliegue glúteo opuesto desciende.
Cuando el niño camina, el mismo fenómeno de inestabilidad se hace manifiesto por
el signo de Duchènne, que corresponde al balanceo que tiene que hacer hacia el lado luxado,
para mantener el equilibrio sobre el
miembro de apoyo.
![]() |
Es de gran importancia, no sólo para hacer el diagnóstico, sino para hacer la valoración de las alteraciones existentes que van a condicionar el tratamiento y apreciar la mejoría que el tratamiento va logrando en el transcurso del crecimiento del enfermo.
La radiografía de la pelvis del recién nacido, muestra una imagen muy especial por encontrarse sus núcleos de osificación del isquión, el ílion y el pubis separados por el cartílago onrirradiado que no es visible. (Figura 4). La cabeza femoral aparece en la radiografía a los 7 u 8 meses de edad, apreciándose mientras tanto solamente osificado el muñón trocantérico. Por estas razones, la interpretación es difícil si no se localizan puntos de referencia constantes, que relacionados entre sí, permitan evaluar el estudio.
En la radiografía AP de pelvis, los puntos de referencia son:
El fondo acetabular (Fac), correspondiente al sitio en donde confluyen los 3 elementos
del cartílago trirradiado.
El punto más externo del acetábulo visible que
corresponde al borde acetabular.
El centro del núcleo de osificación de la
cabeza femoral, cuando es visible.
La porción más alta del muñón
diafisiario
cuando aún no aparece la cabeza femoral. Los trazos geométricos (Figura 5
y 6) que
los relacionan con:
La línea de Hilhenreiner, horizontal que une
el fondo acetabular de ambos lados (Y-Y).
La línea trazada desde el fondo acetabular
hasta el borde acetabular, que forma un ángulo abierto hacia afuera con la YY´,
que se denomina ángulo o índice acetabular, que mide la inclinación del techo acetabular,
normal de 20 a 25 grados en el
recién nacido (<ac).
![]() |
Hay muchos otros puntos de referencia y trazos geométricos de gran importancia para
el especialista para la valoración de los resultados del tratamiento durante la evolución
del paciente.
![]() |
| El tratamiento no comprende sólo hacerlo, sino explicarlo ampliamente a los padres del paciente: medidas por hacer, tiempo, importancia de ser constante, los aspectos económicos, lo que se desea lograr y lo que se espera, la responsabilidad de los padres y la del médico para el éxito del tratamiento. El objetivo es claro: hacer de la cadera displásica una cadera normal anatómica y funcionalmente. |
El objetivo final del tratamiento es "hacer de la cadera displásica una cadera normal anatómica y funcionalmente". Menos ambiciosamente, "alcanzar la restitución morfológica hasta límites que garanticen mecánicamente una buena función articular permanente sin límites en el tiempo que requiera conseguirlo".
Tomando en consideración el principio de Leveuf y Bertrand, de que "la cabeza modela
el acetábulo", los objetivos intermedios son
tres:
Hacer la reducción de la cabeza femoral
dentro del acetábulo.
Lograr y mantener un centraje concéntrico
entre la cabeza y el acetábulo.
Conseguir la estabilización de la cadera
conservando su movilidad.
En la etapa de cadera luxable o preluxación, la reducción es innecesaria por encontrarse la cadera en su lugar, pero debe asegurarse el centraje de la cabeza femoral, para lo que basta colocar la cadera en flexión y abducción y mantenerla durante el tiempo suficiente para lograr el desarrollo espontáneo del acetábulo.
Se logra con el empleo de diversos aparatos que mantienen las caderas en abducción y rotación externa (posición de rana), como el cojín de Frejka que sujeta los muslos en esa posición contra el apoyo de los hombros en forma similar al arnés del Pavlik que además permite la autorreducción de la cadera sin necesidad de anestesia ni manipulación en los niños pequeños.
Su tiempo de permanencia está condicionado por la evolución radiológica de la cadera. Cuando la radiografía demuestra que el ángulo acetabular descendió a menos de 25 grados, se inicia la suspensión del aparato en forma progresiva.
En la etapa de cadera subluxada, el tratamiento debe estar a cargo del especialista para realizar el centraje de la cadera, conservadoramente por autorreducción, o manipulación cerrada bajo anestesia y cuando eso no se logra por obstáculos en el acetábulo, proceder a la reducción abierta para desocuparlo.
En la cadera luxada, el tratamiento implica los siguientes pasos: