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LUXACIONES




Dentro de la ortopedia traumática, las luxaciones son menos frecuentes que los esguinces y las fracturas, pero es importante fijar criterios diagnósticos y terapeúticos para evitar las complicaciones y secuelas irreversibles que ocurren cuando el tratamiento no es correcto. Las luxaciones son mucho más frecuentes en los adultos, porque es mayor la elasticidad de las partes blandas en los niños.

 

Los pacientes (y a veces el médico) generalmente no dan tanta importancia a una luxación como la que conceden a una fractura. Esto se traduce en tratamientos incorrectos iniciales (por procedimientos no médicos) cuyas consecuencias son muchas veces lamentables.

DEFINICION

La luxación se define como la pérdida permanente de la relación anatómica de las superficies articulares, generalmente debida a un movimiento con rango mayor al normal con una dirección fuera de lo anatomo-funcional. Según la pérdida de la relación anatómica, ésta puede ser luxación completa o parcial. Según el tiempo puede ser aguda como la que sigue al trauma, reciente cuando tienen días de evolución y pasando las 6 semanas se denominan inveteradas.


CLASIFICACIÓN

Las luxaciones se clasifican en parciales (subluxación) y completas. Según el agente productor o el mecanismo y su evolución, se les califica como:

Traumáticas
Las ocasionadas por un trauma directo o indirecto. Pueden ser cerradas, o abiertas cuando se pone en contacto el medio ambiente con las superficies articulares.

Complicadas
Cuando además de la pérdida de la relación articular existe lesión habitualmente vascular o nerviosa. Cuando se asocia a una fractura, recibe el nombre de fractura-luxación.

Patológica
Es aquella que se presenta sin trauma o con trauma mínimo en una articulación con patología previa, como puede ser infecciosa, tumoral o neuromuscular, entre las más frecuentes.

Congénita
Aquella que se presenta por un defecto anatómico existente desde el nacimiento. Ejemplo frecuente es la articulación coxofemoral.

Recidivante o iterativa
Es la que se presenta con mínimos traumas en forma repetitiva después de haber sufrido una luxación aguda en condiciones patológicas no traumáticas; cuando la reproduce el paciente por propio deseo, recibe el nombre de voluntaria.


DIAGNÓSTICO

El diagnóstico integral de una luxación debe hacerse después de un estudio clínico y de gabinete completos. Los síntomas son el antecedente o no de trauma, dolor generalmente intenso localizado a la articulación afectada, pérdida de la morfología y del eje anatómico e incapacidad funcional.

Los signos clínicos son actitud viciosa forzada, ausencia de salientes óseas normales, movilidad muy limitada o ausente con dolor e impotencia funcional. En todos los casos es necesario realizar una exploración neurovascular distal completa.

Los estudios simples de rayos x en dos o más proyecciones, nos ratifican la lesión y ayudan a integrar el diagnóstico final.

Los exámenes de laboratorio son necesarios sólo cuando hay una patología anterior y para conocer el estado general de paciente.

 

El diagnóstico de toda luxación, parcial o completa, no debe jamás limitarse a identificar la existencia de la pérdida de la relación anatómica de las superficies articulares. Siempre merece ser estudiada para definir con precisión la naturaleza del problema y así diseñar las medidas de tratamiento y rehabilitación que pueden ir más allá de la siempre reducción.

TRATAMIENTO

El tratamiento de las luxaciones traumáticas es la reducción cerrada. Debe considerarse como una urgencia y realizarla de preferencia un ortopedista, con el paciente sedado o con anestesia general o regional. Las manipulaciones deben ser suaves para impedir mayor daño a las partes blandas que sean motivo de lesión agregada a inestabilidad posterior. La reducción abierta sólo esta indicada cuando hay interposición de partes blandas o en lesiones abiertas o complicadas.

Después de ratificar la reducción por estudios radiográficos y según la articulación afectada, la inestabilidad residual y la edad del paciente, se debe inmovilizar el miembro afectado en posición funcional durante tres a seis semanas, para permitir una cicatrización de los ligamentos y la cápsula articular y después iniciar la rehabilitación funcional que es indispensable.

Las luxaciones más frecuentes son la de la articulación gleno-humeral, la acromioclavicular y la coxofemoral. De la primera se presentan las variedades anterior, por mucho la más frecuente; la posterior es de difícil diagnóstico y la superior y la erecta muy raras.

Las maniobras más empleadas para reducir la variedad anterior gleno-humeral son la de Kocher (tracción del miembro, rotación y aducción) y la de Hipócrates, colocando el talón del explorador en la axila, tracción y rotación; esta última no es recomendable por la posibilidad de lesionar el plexo braquial. Posteriormente se debe hacer inmovilización con vendaje Gildchrist o inmovilizador de hombro durante tres semanas. En los ancianos puede iniciar movilización progresiva después de la segunda semana.

Las luxaciones acromioclaviculares parciales se tratan conservadoramente con un cabestrillo, antiinflamatorios y hielo local. Puede iniciarse la movilización activa después de diez a quince días. Cuando la luxación es completa, la ruptura de los ligamentos acromioclaviculares requiere tratamiento quirúrgico.

La luxación más frecuente de la articulación coxofemoral es la posterior. Clínicamente el miembro pélvico afectado se encuentra acortado en aducción y rotación interna, requiriendo de reducción cerrada, practicando tracción firme y sostenida con la cadera en flexión de 90 grados y posteriormente rotaciones hasta lograr la reducción. Una vez lograda, la articulación casi siempre es estable y en el postoperatorio se mantiene reposo en cama durante ocho a quince días, antiinflamatorios, ejercicios de reeducación funcional y deambulación sin apoyo con la ayuda de muletas por seis meses para evitar la necrosis avascular y la artrosis.


 

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