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Transmisión materno-infantil de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana

Como ya se comentó en el capítulo anterior, la transmisión perinatal de la infección por el VIH, ha pasado a ocupar un lugar preponderante en las cifras de reporte mundial.

PREVALENCIA

Davis y colaboradores en 1995 37 realizaron en Estados Unidos de Norteamérica un estimado de la prevalencia de infección entre mujeres en edad reproductiva, de la incidencia en los niños y del número de lactantes infectados perinatalmente, encontrando 14,920 casos de infección entre niños nacidos entre 1980 y 1993; de ellos 12,240 estaban vivos para principios de 1994, 26% eran menores de dos años, 35% estaban entre los dos y cuatro años y 39% tenían cinco años o más de edad; en 1993 aproximadamente 6,530 mujeres infectadas con VIH presentaron embarazos a término y, basándose en una frecuencia de transmisión perinatal del 25%, se estimó que 1,630 de estos pequeños se infectaron.

Para 1995 se estimó la existencia de más de tres millones de niños infectados en el planeta; el 80% de los menores de cinco años resultaron de infección madre-hijo (transmisión vertical) y se prevee que para el año 2000 habrá más de 5.5 millones de huérfanos por causa del SIDA. En países en desarrollo entre el 5 y el 20% de los casos de infección por VIH corresponden a niños,38 mientras que en países industrializados corresponde al 2% de los casos reportados; no obstante ello, en México, para finales de 1995 se encontró que un 2.7% de los casos de SIDA notificados en el país correspondía a menores de 15 años, 82.6% de los cuales corresponden a transmisión perinatal, representando una elevación de 35.8% en el transcurso de cinco años (1990 a 1995); este incremento está asociado al aumento del número de mujeres heterosexuales con infección por VIH-1 o SIDA que en 1990 correspondía a 34.4% de los casos registrados, mientras que para el cuarto trimestre de 1995 aumentó a 74.2%.10 Antes del inicio de uso sistemático de drogas antirretrovirales durante el embarazo, parto y periodo neonatal temprano la transmisión vertical de la infección por VIH era del 15 al 20% en Europa, 15 a 25% en Estados Unidos de Norteamérica, 25 al 40% en países de África y del 20 al 30% en México. 39, 40

TRANSMISIÓN DE LA INFECCIÓN

La transmisión vertical de la infección se establece perinatalmente, es decir, abarcando los periodos prenatal, transnatal y postnatal, según evidencias histopatológicas, de laboratorio y clínicas encontradas a lo largo de la pandemia, como se pondrá de relieve más adelante.

En la etapa intrauterina la infección puede suceder, ya que ha podido detectarse al virus infectando los linfocitos T (CD4), los macrófagos y los neutrófilos contenidos en las secreciones cervicales de la madre; asimismo el virus ha sido cultivado del líquido amniótico,41 tanto como en las células de Hofbauer y en las células endoteliales de la transmisión materno-infantil de la infección por el vih decidua; además existe la posibilidad de infección a la placenta, específicamente a través de los trofoblastos CD4+.42, 43

Hay estudios de tejidos fetales procedentes del primer y segundo trimestres de embarazos VIH positivos con evidencia de infección44 pero, al conjuntar los diversos estudios publicados, la evidencia de infección fetal varía ampliamente (0 a 80%), seguramente por las dificultades metodológicas que se plantean y a la elevada posibilidad de contaminación con sangre materna de esos productos de aborto.

Los factores que dan lugar a la infección vertical, madre-hijo, son todavía poco conocidos; no obstante, hay asociaciones que resultan en una mayor frecuencia de transmisión vertical de la infección; entre ellas predominan las condiciones clínicas de la madre durante el embarazo: la presencia de viremia y/o elevada antigenemia (Ag P24 o gp41), infecciones concomitantes en la madre, predominantemente las de transmisión sexual (herpes simple, infección por citomegalovirus, papiloma virus, etc.), estado sintomático de la infección y recuento de linfocitos T CD4+ menor de 400/mm3. Existen además mujeres que no presentan ninguno de estos llamados "factores de mayor riesgo" y que heredan la infección a su descendencia.

Transnatalmente los factores que se han asociado referentes a la infección vertical son todos aquellos que complican y/o prolongan la labor y el parto: desprendimiento de placenta, ruptura prolongada de membranas ovulares, parto traumático (fórceps, desgarros), y aquellas contingencias que propicien un mayor o más prolongado contacto del feto con las secreciones y sangre maternas infectadas. 45

El caso de embarazos múltiples es especial, ya que hay datos suficientes que comprueban un mayor porcentaje de transmisión de la infección al primer gemelo que en los subsecuentes, tanto en nacimientos por vía vaginal como por cesárea, 50% y 38% respectivamente y para el segundo gemelo 19% por ambas vías de nacimiento; 46 las razones están por dilucidarse todavía, pero se han replanteado hipótesis suponiendo que la cercanía con el canal del parto o el pasaje al través de él pudieran ser factores determinantes de esta realidad. La prevención mediante operación cesárea está aún en la mesa de discusiones; si bien parece reducir el riesgo de transmisión en cierto grado, no parece prevenirlo completamente.47 Por otra parte, la operación cesárea en mujeres seropositivas, incrementa el riesgo de morbilidad en ellas, toda vez que se sabe que en mujeres negativas al VIH la cesárea, per se, conlleva un riesgo aumentado diez veces de presentar complicaciones postoperatorias (deciduoendometritis, hemorragia, tromboflebitis, abscesos, etc.); estas complicaciones se han visto incrementadas, además de que en caso de estadios clase II o mayor de la enfermedad se asocian a incremento en la incidencia de complicaciones infecciosas postoperatorias (neumonía, derrame pleural, anemia, urosepsis, etc.). 48

Al parecer los hijos de mujeres que adquirieron la infección por VIH después de la resolución del embarazo, es decir, cuyo diagnóstico se estableció dentro de las primeras dos semanas postparto, tienen mayor riesgo de infectarse que aquellos nacidos de mujeres diagnosticadas antes del parto (21% vs 11%, p = 0.04), según el estudio efectuado por Abrams y colaboradores, en el cual también se encontró un mayor porcentaje de transmisión entre los hijos de mujeres sintomáticas, y entre los nacidos de mujeres que no recibieron zidovudina durante el embarazo; se observó además que los niños infectados tuvieron menor peso y menor circunferencia cefálica y edad gestacional que su contraparte hijos de mujeres seropositivas que revirtieron serológicamente (no infectados). La prematuridad en este estudio tuvo valor predictivo para la sobrevida en niños infectados verticalmente, encontrando que el peso y la edad gestacional pudieran ser de valor pronóstico en lactantes infectados con VIH verticalmente.49

Hay indicios que hacen suponer susceptibilidad de ciertas células del hospedero a la infección vertical con VIH, como el estudio de Ometto y colaboradores en que se encontró que la transmisión vertical está influida por el tropismo del virus que infecta a la madre y la susceptibilidad de las células blanco de su hijo, especificamente monocitos y macrófagos.50 Se ha comprobado también que las neuronas en desarrollo (neuroblastos) son también susceptibles de infectarse por el VIH-1, en comparación con neuronas en otros estadios de desarrollo, poniendo en relieve la existencia de susceptibilidad a la infección de células humanas que no expresan el receptor CD4+, por lo que suponemos la existencia de otros mecanismos de entrada del VIH-1 diferente a la interacción de la glicoproteína gp120 de la envoltura viral y el receptor celular de superficie CD4+; 51 cuando esta interacción sucede posterior a la replicación viral, ocurre desaparición del receptor de inmunomodulación CD4, lo cual impide una nueva infección por VIH-1 o por otro agente viral que use el receptor CD4 como puerta de entrada; al parecer los complejos gp120/CD4 sufren penetración celular para posteriormente ser degradados o formar nuevos complejos CD4 con el precursor gp160.52 Por otro lado, existe testimonio que demuestra que las células mononucleares no estimuladas del cordón umbilical se infectan preferentemente con VIH-1 de aislados virales clínicos macrófago-trópicos no inductoras de sincitios (HIV-1ba-l), mientras que las células mononucleares de sangre periférica de adulto son infectadas con preferencia por cepas T linfotrópicas de VIH (HIV-1lai), indicando la probabilidad de que ciertos fenotipos virales pueden ser preferencialmente transmitidos de una madre infectada a su hijo y que estos fenotipos de VIH-1 pueden replicarse más eficientemente en fetos y neonatos que en adultos.53

FACTORES CONDICIONANTES

Inicialmente se había considerado que el embarazo influía negativamente en la evolución de la infección en las mujeres, es decir, incrementando la progresión de la misma; sin embargo, estudios posteriores fallaron en demostrar detrimento en el estado inmunológico de la mujer infectada por VIH durante la gravidez, además que no ha podido, hasta hoy, demostrarse incremento en la mortalidad en estos casos ni acortamiento en el periodo de sobrevida.

Un estudio reciente realizado en mujeres embarazadas VIH negativas mostró aumento en el número de leucocitos totales, disminución en el número de linfocitos totales en aproximadamente 6% y disminución de linfocitos T CD4 en cerca de 3% ó 101 x 106/l en términos absolutos, todo lo cual también ha sido identificado en estudios reiterados de embarazos VIH positivos; no obstante, es necesario aclarar que prácticamente todos los reportes efectuados hasta la fecha son de casos asintomáticos de mujeres VIH positivas embarazadas y que no se sabe de cambios en las cifras de linfocitos T CD4+ en el embarazo ocurridos en la paciente sintomática o enferma; empero, en lo que no cabe la menor duda es en el hecho de que la transmisión perinatal se incrementa con cifras maternas bajas de LT CD4+, en cuyo caso, tampoco existe certidumbre de mayor riesgo de infecciones oportunistas que en su equivalente no embarazada. 54 A este respecto, Temmerman y colaboradores realizaron un estudio prospectivo en Kenia de inmunotipificación de linfocitos T de embarazadas con infección por VIH, en el que no pudieron sostener un efecto sinérgico sobre la función inmune ante la asociación de la infección por VIH-1 y el embarazo. 55

Trabajos realizados en últimas fechas en niños no alimentados con leche humana revelan que en más del 50% de los casos de infección infantil transmitida perinatalmente los niños no tienen niveles detectables del VIH en sangre periférica durante los primeros tres días de vida, resultando una evidencia indirecta de que la mayoría de niños infectados verticalmente adquieren el VIH tardíamente en la gestación o al momento del nacimiento. 56 Brossard y colaboradores realizaron un estudio ciego y por triplicado de detección de VIH en timos de 100 fetos mayores de 15 semanas de gestación productos de óbito, aborto o parto pretérmino y terminación electiva del embarazo de mujeres seropositivas, mediante reacción de polimerasa en cadena de DNA viral, encontrando solamente dos fetos con el VIH en el timo; ésto parece indicar que la frecuencia de infección temprana in utero es baja y que la transmisión de la infección ocurre más bien al final del embarazo o durante el parto.57

Es por todo esto que el Comité de Virología pediátrica del grupo de Estudio Clínico en SIDA en los Estados Unidos de Norteamérica ha sugerido una nueva definición para diferenciar la infección in utero de la infección adquirida transnatalmente; para la primera se considera que el genoma del VIH deberá ser detectado por reacción de polimerasa en cadena dentro de las primeras 48 horas del nacimiento en los linfocitos circulantes, mientras que la infección se adquirió durante la labor o el parto cuando el cultivo viral, la reacción de polimerasa en cadena y la detección de AgP24 en suero son negativos durante la primera semana de vida y se vuelven positivos a partir del día 7 al 90 del parto, siempre y cuando el lactante no haya sido alimentado al seno materno.

La infección postparto virtualmente ocurre al través de la alimentación con leche humana de mujeres infectadas; se ha demostrado VIH-1 mediante técnicas en cultivos celulares y PCR (reacción de polimerasa en cadena) hasta en 73% de muestras lácteas de mujeres seropositivas al VIH; el riesgo de esta forma de transmisión vertical varía en proporción directa al tiempo de exposición al alimento infectado, como puede observarse en el comunicado de seis pequeños nacidos de madre VIH positiva, en Rwanda, que serorrevirtieron y que subsecuentemente (después de 20 meses) desarrollaron infección persistente por VIH-1, asociada a la alimentación al seno materno por más de 24 meses. 58, 59 Esta transmisión postnatal de la infección es un riesgo que se incrementa cuando la seroconversión positiva de la madre es reciente. Ryder y colaboradores publicaron en 1991 un estudio efectuado en Zaire de dos grupos de niños nacidos de madres seropositivas, uno alimentado con fórmula artificial en biberón y otro con leche de su propia madre; no encontraron diferencia significativa en la incidencia de infección por VIH-1 entre ambos grupos, pero hubo un significativo incremento en la morbilidad, por otras causas, de los pequeños alimentados con biberón. 60

Se ha recomendado, en general, evitar la alimentación al seno materno en los niños nacidos de mujer conocida como portadora de la infección por VIH; sin embargo, en personas quienes o en lugares donde no disponen de sustitutos de alimentación infantil, la alternativa es continuar con la alimentación con leche de su propia madre;61 asimismo, en lugares donde exista una elevada prevalencia de enfermedades infecciosas y desnutrición asociadas a tasas altas de mortalidad infantil, comparada con la mortalidad resultante de la infección perinatal por VIH, se deberá continuar las campañas que favorecen la lactancia materna. Para estas situaciones, hay la propuesta para el uso de antirretrovirales (específicamente zidovudina) en la madre y/o al bebé durante el tiempo en que dure la lactancia; de acuerdo a la UNICEF, ésta no deberá ser menor de cuatro a seis meses; sin perjuicio de ello, hasta hoy no existen datos de eficacia y seguridad con esta medida profiláctica.62

La infección adquirida perinatalmente tiene un progreso más rápido que su contraparte en adultos. Para conocer el inicio de los signos clínicos de la infección adquirida verticalmente se realizó en Italia un estudio en 200 niños infectados con VIH-1 perinatalmente y 934 hijos de madre infectada con VIH-1 que serorrevirtieron, encontrando que la edad media de inicio de los síntomas fue 5.2 meses con intervalo de 0.03 a 56 meses; los niños que presentaban signos clínicos antes de esta edad tenían menor sobrevida que los niños que presentaban signos más tarde (74% vs 98% a los 12 meses y 45% vs 74% a los 5 años); asimismo, los pequeños que al nacer pesaron menos de 2400 g tuvieron inicio de la enfermedad más temprano y menor sobrevida. La presencia de hepatoesplenomegalia o linfadenopatía en los tres primeros meses de edad resultó ser un indicador relativo de infección. El recuento de LT CD4+ (abajo de la percentila 5 del valor de LT CD4+ de niños que serorrevirtieron) tuvo valor predictivo para rápida progresión de la enfermedad. 63

DIAGNÓSTICO

Se ha observado un curso bimodal del padecimiento adquirido perinatalmente, esto es, la forma temprana con síntomas en el primer año de vida, con evolución rápida y corta sobrevida y la forma tardía, con presencia de seropositividad desde el nacimiento con o sin aparición de signos y síntomas en edades posteriores, comúnmente en la etapa escolar; este es el caso del reporte de Grubman y colaboradores en 1995 describiendo 42 niños mayores de nueve años de edad, infectados por su madre en el periodo perinatal, con edad media de 136 meses y diagnóstico medio realizado a los 88 meses de vida, momento en que el 59.5% de los casos eran asintomáticos; efectuaron seguimiento de estos niños durante dos años, posterior a los cuales el 23.8% de los pacientes continuaban asintomáticos y con un sistema inmune relativamente intacto; 19.1% tenían signos relacionados con SIDA y 57.1% tenían la enfermedad declarada; 76% los pacientes habían perdido a su madre por causa de la infec-ción.64

El diagnóstico prenatal de la infección por VIH no es recomendable, ya que significaría utilizar métodos invasivos que, por si mismos, conllevan el riesgo de infectar al feto, además de aumentar la probabilidad de morbilidad materna.

Virtualmente todos los niños nacidos de mujeres seropositivas tendrán anticuerpos antiVIH al nacimiento, aunque sólo una minoría de ellos estén infectados de cierto; esta situación se debe a que estos pequeños son portadores de los anticuerpos maternos, transferidos pasivamente al través de la placenta; los niños no infectados aclararán estos anticuerpos entre los meses 6 y 12 de edad, aunque se han encontrado persistiendo hasta los 18 meses en 2% de los pacientes, debido a que algunas madres transfieren niveles elevados de anticuerpos a sus hijos y a que las pruebas de detección tienen una alta sensibilidad; por esto, después de esta edad un examen de ELISA positivo se considera como la "Prueba de oro" y es diagnóstico de la infección perinatal; significa que el niño ha producido sus propios anticuerpos en respuesta a la infección por VIH.

El problema consiste en efectuar el diagnóstico durante los primeros meses de vida; así, encontrar después del mes de edad el Ag core P24, pudiera ser suficiente para establecer el mismo; sin embargo cuando en el paciente hay un exceso de anticuerpos, la detección puede no darse sino hasta que se realicen ensayos de disociación Ag-Ac; de lo contrario es posible encontrar resultados falsos negativos. Antes de los 18 meses de vida, el cultivo viral es la prueba diagnóstica por excelencia; sin embargo su metodología es muy elaborada, el costo es alto y más del 50% de los neonatos infectados por su madre tienen resultados negativos, probablemente por un bajo grado de replicación viral o adquisición de la infección tardíamente en la gestación o durante el parto. La presencia de infección también puede documentarse al medir AgP24 o actividad de la enzima viral transcriptasa reversa en el sobrenadante o al detectar formación de sincitios en el cultivo celular. La reacción de polimerasa en cadena (PCR) es una prueba útil antes de los 18 meses de vida, pero la probabilidad de resultados falsos positivos o de contaminación es más alta que en el cultivo viral.

En niños de cualquier edad (antes y después de 15 meses) la presencia de una enfermedad indicadora de SIDA de la definición del CDC (ver capítulo de SIDA pediátrico), o un cultivo positivo a VIH en sangre son diagnósticos de la infección; en caso contrario, en los menores de 15 meses de edad se requieren tres eventos para el diagnóstico: 1) Anticuerpos anti-VIH positivos, 2) Inmunodeficiencia humoral y celular y 3) Una o más categorías de la clase P2 de la antigua clasificación del CDC, que equivale a las formas sintomáticas de la nueva clasificación de infección pediátrica por VIH-1. La figura 1 muestra los distintos marcadores de laboratorio durante el curso de la infección pediátrica por VIH.



Figura 1.
Marcadores de laboratorio durante el curso de la infección pediátrica por VIH


El recién nacido es generalmente asintomático y no posee ningún estigma al nacimiento, contrariamente a lo que se había sugerido en el inicio de la epidemia.

PREVENCIÓN

Hasta la fecha no ha habido reportes de curación de la infección por VIH, aunque se reconoce en el 5% de los pacientes infectados un estado de muy lenta progresión, por lo que se mantienen asintomáticos y con un sistema inmune normal por largos periodos. Interesante resulta entonces comentar el reporte de Roques y colaboradores 65 de depuración de la infección por VIH de 12 niños nacidos de mujeres infectadas; todos ellos tuvieron algún testimonio de transmisión materno-fetal de la infección, ya sea por cultivos positivos, antigenemia P24 positiva y/o PCR positivo en la primera semana de vida, excepto dos lactantes que tuvieron el diagnóstico en los días 42 y 123 de edad, respectivamente; los cocultivos de estos casos tuvieron evidencia de muy baja replicación viral, comparativamente con el nivel de replicación detectado en cultivos de niños que permanecieron infectados y de los cocultivos de niños que posteriormente revirtieron, así como los de sus madres. Esta infección vertical transitoria, fue indudable cuando los resultados virológicos fueron positivos en por lo menos dos muestras separadas, para después, durante el primer año de vida, volverse negativos, y confirmarse posteriormente con exámenes serológicos revertidos (se negativizaron) entre los 9 y 23 meses de edad. Estos casos de depuración viral no se atribuyeron al uso de antirretrovirales, puesto que en solo cinco de los niños se administró zidovudina por un tiempo prolongado, los siete restantes no recibieron el fármaco. Los métodos estadísticos y de laboratorio en este trabajo, no permiten dudar sobre la veracidad de estos resultados, abriendo así un campo importante de investigación que permitirá, en lo sucesivo, enfocar en el sistema inmune del individuo las posibilidades de control de la infección, tanto a nivel individual como colectivo. Previamente se había manifestado en la literatura médica la probabilidad en el humano de "abortar" la infección o de manifestar un estado de resistencia a ella, ante casos de pacientes repetidamente expuestos al VIH con detección de respuesta inmune celular al virus, sin estar infectados o ante la infección temporal inducida experimentalmente en primates.

Una explicación al reporte de Roques y colaboradores, según Bryson, 66 podría ser que, dado el bajo nivel de replicación viral detectado, las técnicas virológicas identificarán células maternas infectadas circulando en el neonato, mas que el virus infectándolo a él, aunque esto no explica el resultado persistentemente positivo de PCR, que después se convirtió en negativo. Quedan también por resolver los casos de dos de estos niños que, permaneciendo clínicamente sanos y con serología, PCR y cultivos negativos a VIH, presentaron linfadenopatía y hepatoesplenomegalia a los tres y cinco años de edad, respectivamente; se propone esperar la evolución y desenlace antes de sacar conclusiones y el uso de medidas diagnósticas más eficientes, como sería el estudio virológico en biopsia de ganglios linfáticos. Hay otros reportes de casos de depuración viral en niños nacidos de mujeres infectadas con VIH; la propia Dra. Bryson presentó un caso en 1989, Bakshi reportando un grupo de tres lactantes expuestos perinatalmente al VIH en quienes revirtieron los ensayos de PCR y serología y que permanecen vivos y sanos y, finalmente, el trabajo de Frenkel describiendo un evento similar. 66

Mucho se ha intentado en el control de la pandemia de esta infección; el tratamiento, hoy, sigue siendo motivo de investigación exhaustiva, con resultados no del todo satisfactorios; así, la prevención sigue siendo nuestra principal arma. En este rubro se han realizado esfuerzos para disminuir la incidencia de transmisión vertical; algunos han sido exitosos, como los resultados publicados en noviembre de 1994 por el Pediatric AIDS Clinical Trials Group (protocolo 076) en el que fue evidente que con la administración de zidovudina a la madre seropositiva durante el embarazo (entre las semanas 14 a 34 de gestación), durante la labor y el parto y al neonato las primeras seis semanas de vida, se reduce en dos terceras partes el riesgo de transmisión materno-fetal del VIH. El mecanismo por el cual la zidovudina disminuye el riesgo de transmisión materno-fetal del VIH, permanece sin establecerse; es posible que el fármaco disminuya la carga viral materna y, por tanto, la exposición fetal, tanto durante el embarazo como en el parto, con un mínimo de efectos secundarios encontrados. 67 También en un análisis de la Agence Nationale de Rechechers sur le SIDA (ANRS) conducido en Francia y Estados Unidos de Norteamérica (estudio clínico 024), se obtuvieron resultados similares al usar zidovudina durante el embarazo y periodo neonatal. En base a estos resultados, disminuir la transmisión materno infantil del SIDA debe ser una prioridad de salud pública y ha empezado a transformar la práctica clínica, aunque todavía carecemos de resultados a largo plazo y pese a que algunos neonatos continúen infectándose a partir de su madre.

Al principio, en los estudios mencionados 024 y 076, se incluían embarazadas con recuentos linfocitarios CD4+ mayores de 200/mm3; más recientemente y con resultados similares, de baja transmisión materno-fetal del VIH, se han realizado pruebas con zidovudina en mujeres con conteos CD4+ menores. Si la mujer VIH positiva se identifica después de la semana 34 del embarazo o durante la labor, también es recomendable el uso de zidovudina en el mismo esquema; de igual manera, si la madre es VIH positivo y no recibió zidovudina, ésta deberá iniciarse al recién nacido tan pronto como sea posible, recordando que no hay evidencia que soporte la eficacia preventiva de la droga en el neonato después de 24 horas.68

La exposición de la placenta a drogas antirretrovirales ( AZT y DDI) no ha mostrado tener efectos adversos en su función, es decir, según estudios efectuados in vitro, la función de secreción hormonal de células del trofoblasto se mantiene sin cambios; lo cual demuestra cierto índice de seguridad por su uso durante el embarazo.69 Cuando se inició la terapéutica antirretroviral, inclusive durante la gestación, se realizaron estudios farmacodinámicos que permitieron reconocer el hecho de que la zidovudina es capaz de cruzar la barrera placentaria; se han demostrado concentraciones más altas de zidovudina en sangre de fetos, productos de aborto o parto prematuro, que en sus respectivas madres; sin embargo, posteriormente, con estudios efectuados in vivo, es decir, en mujeres infectadas asintomáticas en quienes se administró AZT oral y parenteralmente se encontraron niveles séricos equivalentes tanto en la madre como en el neonato, lo cual implicaría escaso, si no es que ningún metabolismo fetal de la droga en el bebé, además que la vida media en éste es diez veces mayor que en la madre; la depuración y vida media en la mujer gestante son similares que en los adultos sin embarazo.70 La exposición al fármaco durante la gestación, asimismo, aparenta ser segura y bien tolerada para el binomio; a la fecha, solo se ha notado anemia moderada y reversible en los lactantes, pero faltan estudios a largo plazo que revelen la posibilidad de efectos tardíos.

La placenta, por otra parte, aparenta tener mayor eficiencia en eliminar de la circulación fetal la zidovudina, es decir, la extracción que efectúa de la sustancia es mucho mayor en dirección feto-materna que en dirección materno-fetal.71

No hay duda respecto a la eficacia de la zidovudina usada durante el embarazo para reducir la transmisión vertical del VIH; este hecho ha sido reiterado en muchos países, empero hay dos hechos importantes que quedan por determinarse; el primero, si existen alternativas de tratamiento, con menor costo y riesgo de toxicidad para el binomio, es decir si el uso de la zidovudina solamente durante el embarazo, sin administración parenteral en el parto o viceversa, pudieran resultar igual o mayormente eficaces, y segundo, si el uso de éste pudiera inducir resistencia viral y este virus resistente ser verticalmente transmitido, cuando se sabe que la resistencia a la zidovudina comúnmente se desarrolla después de 6 a 12 meses de la terapia; la Dra. Frenkel en 1995 reportó su experimento de resistencia viral en el que compara dos grupos de embarazadas y sus neonatos; el primero, consistente en 20 casos, que recibieron AZT durante el embarazo, 13 lo iniciaron desde antes de éste y ninguna durante el parto, ni sus recién nacidos; de este grupo solamente un neonato tuvo la infección. El segundo grupo de 42 mujeres gestantes sin tratamiento, tuvo 11 casos de transmisión vertical de la infección; en este trabajo ningún neonato se alimentó al seno materno, lo cual demuestra, una vez más, un efecto farmacológico protector, en esta ocasión, solamente con la zidovudina administrada oralmente en el embarazo; encontraron también, en los cultivos virales, mutaciones en el VIH-1 asociadas a resistencia a la zidovudina en quienes recibieron el tratamiento y en el pequeño que se infectó a partir de su madre. 72


  • En México, para finales de 1995 se encontró que un 2.7% de los casos de SIDA notificados en el país correspondía a menores de 15 años.



  • La transmisión vertical de la infección se establece perinatalmente, es decir, abarcando los periodos prenatal, transnatal y postnatal.



  • Los hijos de mujeres que adquirieron la infección por VIH después de la resolución del embarazo, tienen mayor riesgo de infectarse.



  • Inicialmente se había considerado que el embarazo influía negativamente en la evolución de la infección en las mujeres.



  • Se ha sugerido una nueva definición para diferenciar la infección in utero de aquella adquirida transnatalmente.



  • La infección postparto virtualmente ocurre al través de la alimentación con leche humana de mujeres infectadas.



  • La infección adquirida perinatalmente tiene un progreso más rápido que su contraparte en adultos.


    Se ha observado un curso bimodal del padecimiento adquirido perinatalmente.



  • Virtualmente todos los niños nacidos de mujeres seropositivas tendrán anticuerpos antiVIH al nacimiento, aunque sólo una minoría de ellos estén infectados.



  • Hasta la fecha no ha habido reportes de curación de la infección por VIH, aunque se reconoce en el 5% de los pacientes infectados un estado de muy lenta progresión.



  • El mecanismo por el cual la zidovudina disminuye el riesgo de transmisión materno-fetal del VIH, permanece sin establecerse.



  • Disminuir la transmisión materno infantil del SIDA debe ser una prioridad de salud pública.



  • La exposición de la placenta a drogas antirretrovirales no ha mostrado tener efectos adversos en su función.



  • No hay duda respecto a la eficacia de la zidovudina usada durante el embarazo para reducir la transmisión vertical del VIH.