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Cetoacidosis diabética

La cetoacidosis diabética es una de las complicaciones más comunes y graves de la DM en el niño y en el adolescente; se estima que 14% de los afectados por la variedad dependiente de insulina, se hospitalizan anualmente por esta complicación. El índice de mortalidad varía entre 0 y 18%, con promedio de 10%. En los hospitales pediátricos de tercer nivel es de alrededor de 2%, con límites de 0 a 15%. 57, 58

Se define como la condición clínica que resulta de una glucemia elevada, por lo común de más de 300mg/dl, bicarbonato (HCO3) menor a 15 mEq/l, y osmolalidad sérica igual o menor a 320 m0sm/l.

La causa fundamental es una deficiencia absoluta o relativa de insulina, inadecuada para la hiperglucemia. Las principales causas de la deficiencia de insulina son: la dosificación inadecuada o su suspensión en pacientes ya diagnosticados; situaciones de estrés quirúrgico, infeccioso, traumático o emocional; sobreinsulinización crónica con frecuentes episodios de hipoglucemia, que provocan la depleción de glucógeno hepático, cetosis grave no proporcional a la magnitud de la hiperglucemia; diabéticos aún no diagnosticados en que aparece la incapacidad secretoria.59

El mecanismo hormonal iniciador de la cetoacidosis diabética es el aumento en la relación molar glucagon: insulina. No basta la carencia de insulina para desencadenarla, se requiere el exceso absoluto o relativo de glucagon. 60, 61

La insulina y el glucagon son antagonistas; su efecto en el metabolismo energético tiene direcciones opuestas pues mientras la insulina dirige sus acciones primarias al músculo y al tejido adiposo para aumentar el transporte de glucosa e inhibir la lipolisis, el glucagon en el hígado aumenta la glucogenolisis, la gluconeogénesis y la cetogénesis. La mayoría de los efectos del glucagon se llevan al cabo a través de la generación de AMP cíclico.

Las concentraciones plasmáticas de glucagon están muy elevadas en la cetoacidosis diabética;62 con las tasas bajas de insulina, ambas provocan incrementos en los niveles sanguíneos de glucosa y de cetonas. La hipoinsulinemia y la hiperglucagonemia afectan los pasos enzimáticos para producir más glucosa, proceso que requiere de dos enzimas, la fosfofructoquinasa y la 1, 6-difosfatasa. La carencia de insulina altera la utilización de glucosa y moviliza ácidos grasos del tejido adiposo; la hiperglucemia induce liberación de glucagon, que estimula la producción hepática de glucosa y cetonas. Así, las alteraciones en el metabolismo de las grasas, las proteínas y los hidratos de carbono conducen a cambios en la producción de ácidos, y en la distribución y excreción del agua y los electrolitos. La falta de insulina altera inmediatamente la utilización de glucosa en la mayoría de los tejidos, excepto en el cerebro, y causa sobreproducción de glucosa hepática por gluconeogénesis, originando más hiperglucemia, que aumenta a su vez la presión osmótica del líquido extracelular. Como el peso molecular de la glucosa es de 180, y un mmol da un m0sm, cada aumento de 180 mg/dl (9.9 mmol/l) de la glucosa sanguínea causa un aumento de l0 m0sm/kg (mmol/kg) en la osmolalidad sérica.

Conforme aumenta la osmolalidad de los líquidos extracelulares, el agua pasa de la célula al espacio extracelular hasta restablecer la equivalencia osmótica entre ambos espacios. Este proceso causa deshidratación intracelular progresiva y expansión extracelular, con la consecuente dilución de los solutos extracelulares, principalmente el sodio, por lo que la concentración del sodio sérico disminuye entre 1.5 y 1.6 mEq/l (mmol/l) por cada 100 mg/dl (5.5 mmol/l) que aumente la glucosa en pacientes normovolémicos, ya que la variación depende del volumen prevalente del espacio extracelular.63 En el paciente edematoso con un aumento de 15% del espacio extracelular, la concentración sérica de sodio disminuiría entre 1.25 y 1.35 mEq/l (mmol/l) por cada 100 mg/dl (5.5 mmol/l) que aumentara la glucemia. En contraste, si el paciente tiene hipovolemia con un 10% de déficit del espacio extracelular, la caída del sodio sérico será de 1.8 a 1.9 mEq/l (mmol/l) por cada 100 mg/dl que aumente la glucosa sanguínea. Si a pesar de la hiperglucemia la concentración sérica del sodio es normal o alta, sugiere que la deshidratación es más grave.

El grado de hiponatremia aparente aumenta conforme es mayor la glucemia; una aproximación a la verdadera concentración de sodio, puede obtenerse por la fórmula:

Na real= (Na aparente + glucosa (mg/dl))/36

y para calcular la osmolalidad sérica:

(Na real x 2 + glucosa (mg/dl))/18

Si el nivel de sodio es extremadadamente bajo, debe sospecharse hipertrigliceridemia por la descompensación diabética.64

A medida que progresa la hiperglucemia, la carga de glucosa filtrada también aumenta, excediendo la capacidad de reabsorción tubular renal: aparece glucosuria con diuresis osmótica, acompañada de pérdida de agua y sales de sodio. Así aumenta el flujo urinario, constituyendo la causa mayor de pérdidas de agua, sodio y cloro en la cetoacidosis diabética. La diuresis osmótica causa un aumento ligero de excreción renal de potasio, pero su pérdida mayor proviene principalmente del catabolismo proteico en el que se liberan, aproximadamente, 3 mEq de potasio por gramo de nitrógeno perdido.65 Además, la deficiencia de insulina facilita el intercambio electroquímico del potasio hacia el espacio extracelular. 66

La deshidratación y la hiponatremia producen elevación de la secreción de aldosterona,67 que todavía incrementa la pérdida de potasio, pues el depósito celular de 3 g de glucógeno se acompaña de l mEq de potasio.

Durante la cetoacidosis, el hígado produce glucosa por dos caminos: por glucogenolisis a partir de glucógeno, y después por gluconeogénesis vía catabolismo proteico. Las proteínas de los tejidos periféricos se hidrolizan hasta aminoácidos, y en el hígado es removido el nitrógeno por transaminación para producir esqueletos de carbono e iniciar el camino de la gluconeogénesis, transformando la fructosa 1,6-difosfato en fructosa 6-fosfato. Mediante la enzima fosfofructoquinasa, que activa la fosforilación de fructosa 1-fosfato a fructosa 1,6-difosfato en la vía glucolítica, y la enzima fructosa 1,6-difosfatasa, controla la desfosforilación de fructosa 1,6 difosfato a fructosa 6-fosfato en la vía gluconeogénica.68

Cuando aumentan los niveles de fructosa 2,6-difosfato, se estimula la actividad de la enzima fosfofructoquinasa, en tanto que se inhibe la actividad de la 1,6-difosfatasa lo que resulta en aumento de la glucolisis. Al contrario, cuando descienden los niveles de fructosa 2,6-difosfato, se activa la 1,6-difosfatasa, aumenta la gluconeogé-nesis y se suprime la glucolisis. El glucagon puede disminuir las cantidades de fructosa 2,6-difosfato, induciendo así una mayor gluconeogénesis. 69, 71

De manera general, en la descompensación diabética se produce un catabolismo exagerado con ruptura de los almacenes de glucógeno, hidrólisis de los triglicéridos en el tejido adiposo, y movilización de los aminoácidos a partir de proteínas musculares; estos energéticos son utilizados por el hígado para aumentar la producción de glucosa y cuerpos cetónicos. Así se origina hiperglucemia, diuresis osmótica, elevación de cetoácidos y betahidroxibutirato, pérdida de calorías y acidosis metabólica. 60, 62

Aunque la unidad de control del metabolismo de los carbohidratos y los lípidos es la relación glucagon:insulina, también participan otras hormonas con mecanismo de regulación redundante: las catecolaminas, cortisol, hormona del crecimiento y hormonas tiroideas, todas ellas comúnmente abundantes en la cetoacidosis diabética. En esta fase, también están incrementados los niveles plasmáticos de prostanoides 6-ceto-PGF Alpha y los de prostaglandinas PGE2. En cambio, los de tromboxano B2 no sufren modificaciones.72

Cetogénesis

La deficiencia de insulina desencadena la producción de cuerpos cetónicos a partir de la movilización de ácidos grasos de los adipocitos, en donde se encuentran almacenados como triglicéridos; aumentan los cetoácidos. Los tejidos esencialmente implicados son el hígado y el tejido adiposo. De éste se liberan los ácidos grasos libres, que sirven de sustrato a la cetogénesis hepática; los cetoácidos son finalmente metabolizados por tejidos extrahepáticos, como el músculo y el cerebro. Durante la cetoacidosis, con la sobreproducción de estos elementos, se convierten los triglicéridos en ácidos grasos libres en el tejido adiposo, reacción controlada por una lipasa sensible a hormonas como los glucocorticoides y las catecolaminas que aumentan la formación de AMP cíclico; a su vez, éste favorece la lipolisis y la movilización de ácidos grasos libres. 69, 71

La habilidad del hígado para metabolizar ácidos grasos libres, depende de su concentración plasmática, que en el citosol se convierten en coenzima A. Una pequeña fracción de los ácidos grasos forma triglicéridos y fosfolípidos; el resto se transporta a la mitocondria para su oxigenación. La betaoxidación de la acetil CoA grasa hacia cuerpos cetónicos ocurre en la membrana mitocondrial, en donde existe la enzima carnitínpalmitoiltransferasa I que transesterifica a la acetil CoA grasa con carnitina. El éster de carnitina puede entrar a la mitocondria, donde la esterificación es revertida por la carnitina palmitoiltransferasa II. La mayor parte de la acetil CoA grasa reformada, es entonces oxidada a acetoacetato y beta-hidroxibutirato por vía de la hidroximetilglutarín CoA. Los altos niveles de glucagon suprimen la producción de malonil CoA, un inhibidor de la transferasa palmitilcarnitina I, y también aumentan las concentraciones de carnitina en el hepatocito;73 en la hiperglucagonemia de la cetoacidosis diabética, aumenta el potencial cetogénico del hígado, facilitando la disponibilidad de ácidos grasos libres para la biosíntesis de cetonas.

Valoración de la cetosis

Las pruebas semicuantitativas que se usan para identificación de la cetosis están basadas en la reacción del nitroprusiato (Acetest), positiva para el ácido acetoacético, débil para acetona y nula para el ácido ß-hidroxibutírico.74 Ante hipoxia tisular, la forma cetónica predominante podría ser el ácido ß-hidroxibutírico y la prueba sólo dar resultados levemente positivos.

A partir de la acetil CoA, la primera cetona formada es el ácido acetoacético, que se descarboxila para formar acetona (no ácida). Esta conversión representa una forma de amortiguador metabólico al evitar la acidosis que producirían los iones hidrógeno del ácido acetoacético. La acetona es sólo parcialmente metabolizada y se excreta en cantidades pequeñas, así que puede permanecer en la sangre durante muchas horas, aun después de que la cetogénesis se haya normalizado por el efecto de la insulina.

La tercera cetona que se forma, es el ácido ß-hidroxibutírico, el producto de la reducción del acetoacetato: ambos metabolitos son interconvertibles. La concentración de estos cetoácidos depende de la presencia de nucleótido de piridina reducido NADH2, que es regulado por la presencia de oxígeno tisular. Por ende, con la hipoxia tisular hay aumento del NADH2, lo que hace que se eleve el índice ácido beta-hidroxibutírico/acetoacetato.

El tratamiento con líquidos e insulina disminuye la producción de cetonas, pero al aumentar la oxigenación y la perfusión tisular se dirige al ácido ß-hidroxibutírico a la forma, medible, de ácido acetoacético, lo que podría dar la falsa impresión de ausencia de mejoría o aumento de la cetosis. La excreción renal de estos cetoácidos es sumamente eficiente, por lo que es común presenciar cetonuria en ausencia de cetonemia en cetosis moderada. En la insuficiencia renal, al contrario, existe cetonemia sin cetonuria. 59, 75

Cambios ácido-base

La sobreproducción de ácidos cetónicos provoca cambios bioquímicos plasmáticos y renales que tratan de compensar la acidosis. El bicarbonato intercambia su carga aniónica al ser reemplazada por la carga negativa de los cetoácidos. La acidosis se manifiesta por la caída del bicarbonato y el aumento del hiato aniónico. En la cetoacidosis diabética pura, el aumento del hiato aniónico iguala la cantidad de cetoácidos circulantes, y, en consecuencia, también iguala la disminución de la concentración sérica del bicarbonato. Con la terapia, las cetonas son convertidas a bicarbonato por el músculo.76 La respiración es estimulada por la acidemia y la consecuente disminución de pCO2 y de ácido carbónico, que actúan para regresar el pH arterial a la normalidad.

Dependiendo del grado de cetoacidosis, se toma aproximadamente de 12 a 24 horas para lograr la máxima respuesta respiratoria. La caída esperada de pCO2 que es apropiada para el grado de acidosis sistémica, se define por la fórmula: pCO2 (mmHg) = 1.5 (CO2 total) + 8 ± 2. Un paciente cetoacidótico con CO2 total de l0 mEq/l (mmol/l), debe tener, entonces, pCO2 de 23 + 2 mmHg. Si el pCO2 es menor de 21 o mayor de 25 mmHg, se debe sospechar alguna alteración respiratoria agregada.

La respuesta renal a la cetoacidosis diabética, es similar a la de otras acidosis metabólicas. Los túbulos reabsorben todo el bicarbonato filtrado; así conservan los álcalis y acidifican la orina. Los principales amortiguadores urinarios, el fosfato y el amonio, son graduados efectuando la excreción de grandes cantidades de ácidos. Bajo el estímulo de la acidosis sistémica, aumenta la síntesis y la secreción de amonio de 7 a 10 veces, con la consecuente excreción combinada de ácidos titulables durante la cetoacidosis diabética grave. Habitualmente toma muchas horas o hasta días para que se desarrolle la cetoacidosis en ausencia de insulina, de manera que el inicio de acidosis debe sugerir la posibilidad de acidosis láctica o la presencia de algún agente tóxico.

Alteraciones ácido-base mixtas

Cuando se superpone la alcalosis metabólica o la alcalosis respiratoria a la cetoacidosis, se dice que existe una alteración ácido-base mixta. Puede inferirse de la relación del aumento en el hiato aniónico con el déficit en la concentración de bicarbonato. En la cetoacidosis diabética, esta relación es igual a 1.0, de acuerdo a la fórmula:

exceso del hiato aniónico =
(hiato aniónico - 12 mEq/l)/déficit de bicarbonato (24 mEq/l - HCO3- observado)

Una relación mayor de 1.0, indica que la concentración plasmática de bicarbonato ha disminuido menos de lo esperado, dado el aumento en la acumulación de ácidos. Esto quiere decir que alguna otra fuente de álcalis ha mantenido mayor concentración de bicarbonato que la normal. Una relación por debajo de 1.0, evidencia que la concentración de bicarbonato ha disminuido más de lo que debe suceder por la acumulación de aniones ácidos.

En la diabetes descompensada, con acidosis moderada, a menudo se pierde el apetito y disminuye la ingesta. La carencia de calorías junto con la pérdida de nitrógeno, llevan a balance negativo de nitrógeno; la proteolisis tisular incrementa la producción de urea sanguínea que no tiene relación con el grado de alteración renal, y que puede confundir al clínico haciéndolo sospechar insuficiencia renal. Además, aumenta la excreción renal de urea, cuyo efecto osmótico se suma al de la glucosuria. La destrucción del tejido proteínico se asocia a la liberación de potasio, fósforo y magnesio, que se pierden por la orina en grandes cantidades.

Manifestaciones clínicas

Por lo común se inician con sed, estado nauseoso, vómitos, poliuria, debilidad y dolor abdominal; éste en ocasiones ofrece dificultades diagnósticas, pues simula al abdomen agudo. Grados diversos de deshidratación, taquicardia, a veces hipotensión arterial que se considera de mal pronóstico. Signos de acidosis: "sed de aire" y respiración laboriosa, rápida y profunda; después, alteraciones del sensorio que pueden culminar en coma, aunque actualmente ya no es frecuente. Algunas publicaciones informan que 10% de los casos han llegado a una verdadera inconciencia.77, 78

Tratamiento

La terapia de la cetoacidosis diabética debe individualizarse. únicamente el seguimiento cuidadoso de la evolución de los datos clínicos y bioquímicos indica las necesidades terapéuticas dinámicas, en cortos períodos. El médico tiene que hacer evaluaciones muy frecuentes.

El tratamiento no sólo está dirigido a corregir la hiperglucemia, sino, tan importante, el metabolismo alterado de los triglicéridos. La hiperosmolalidad puede existir tanto en hiper como en hipoglucemia.79

De acuerdo a los procesos patogénicos presentes durante la cetoacidosis, se sugiere proceder siguiendo estos pasos para el tratamiento:

1. Restaurar el volumen intra-vascular.
2. Revertir la acidosis.
3. Reducir la glucemia.
4. Reemplazar los electrolitos séricos específicos.
5. Instituir la terapia apropiada para la causa.

Es ya de conocimiento general, que el tratamiento con insulina se inicia una vez que se ha rescatado al enfermo del estado de choque o de colapso vascular y no antes o simultáneamente. La reexpansión del volumen plasmático logra, por sí misma, principiar el descenso de la glucemia y de la hiperosmolalidad.

Es deseable que pacientes en este estado se traten en unidades de cuidados intensivos que cuenten con bombas de infusión continua, la forma más apropiada para la administración de insulina en estos casos.

Insulinoterapia

Las dosis usuales de ataque son de 0.1 unidades por kg de peso corporal y por hora. Sin embargo, cuando ya se ha proporcionado insulina poco antes, o en quienes la glucemia es de 90 mg/dl (5mmol/l) o menos, la infusión disminuye a 0.05 U/kg/h.

La infusión no debe suspenderse sino hasta que se tolere la vía bucal, momento de cambiar a inyección subcutánea de insulina. La ruta endovenosa se suspende transcurridos unos treinta minutos. Este esquema minimiza las fluctuaciones amplias de glucemia y tiene menos riesgos de provocar hipoglucemia.57

En hipotensión arterial, no hay duda que la vía indicada es la intravenosa pues la inadecuada perfusión impide la absorción correcta de insulina desde los tejidos muscular y subcutáneo. En el normotenso, la aplicación puede ser intramuscular profunda, a razón de 0.2 U/kg/h, o de 5 a 19 U cada hora, hasta que la glucemia sea de menos de 250 mg/dl (13.7mmol/l). Al principio de la rehidratación, la glucemia disminuye a mayor velocidad pero una vez estabilizada la volemia desciende entre 75 y 100 mg/dl (4.1 a 5.5mmol/l) por hora, y todavía más lentamente cuando está agregado algún proceso infeccioso (alrededor de 50 mg/dl -2.75 mmol/l por hora).

La infusión continua de insulina debe ser cuidadosamente vigilada, pues una vez en solución se adhiere al vidrio o al plástico de los recipientes. De todas maneras, se calculan 4 a 8 unidades por hora o se prepara una solución salina al 9% en la que a 25 ml se agregan 25 U de insulina rápida, para pasar 0.1 a 0.2 U/kg por hora, lo que equivale a una o dos gotas por kg por minuto, hasta que se alcance glucemia de 250 mg/dl (13.7 mmol/l). Ahora se cambia a subcutánea y se evalúa la nueva dosis cada dos a cuatro horas, dependiendo de la glucemia.

La medición frecuente de electrolitos séricos, glucemia, urea, pH, C02 y algún otro dependiendo del caso, son guía para la conducta a seguir.

Reemplazo de líquidos y electrolitos

Depende del grado de deshidratación, que por lo común es profundo en la cetoacidosis diabética; se requieren grandes volúmenes para combatir el colapso vascular y el choque. Se recomienda iniciar con solución salina isotónica, 0.9%, que ayuda a mantener el volumen sanguíneo al tiempo que induce la rehidratación intracelular menos rápida (por su contenido osmolar) y se mantiene más tiempo en el espacio extracelular, de particular utilidad para evitar el edema cerebral. Para él, un importante factor de riesgo es que el sodio sérico no aumente a medida que la glucosa disminuya durante el tratamiento; por lo contrario, se identifica que la corrección de la hiponatremia simultánea al descenso de la glucosa es indicio de ausencia de complicaciones por edema cerebral.80

Se inicia a velocidad de 300 ml/m2 de superficie corporal, o 10 a 20 ml/kg, para una hora. Si ya no hay colapso vascular, se continúa a 3000 ml/m2 para 24 h; es la revaloración constante la que indica la cantidad y la velocidad de administración de los líquidos.

Cuando se ha llegado a glucemias de 250 a 300 mg/dl (13.7 a 16.5 mmol/l), puede agregarse dextrosa al 5% 1:1 con el salino isotónico. Si se emplearan soluciones glucosadas, podría propiciarse hiperglucemia, deshidratación intracelular, mayor glucosuria, y pérdida de agua y electrolitos.

Si después de una hora con líquidos y electrolitos, la hipotensión y el colapso vascular persisten, es urgente proceder en contra del choque para lo que se hace necesaria la administración de sangre, plasma o algún otro expansor de volumen, como la albúmina.

Al principio del tratamiento, es necesario el reemplazo de potasio cuando la glucemia empieza a disminuir o aun antes, según lo demuestren la presión arterial y los reflejos periféricos, la presencia de disfunción cardiaca y de instalación de la diuresis.

La depleción de potasio es motivada por su eliminación urinaria, causada por los efectos osmóticos combinados de la glucosuria y la excreción de iones cetoácidos;81 en adición, el recambio transcelular se puede aumentar con el exceso de insulina. Como la principal caída de potasio ocurre durante la primera hora de terapia, la suplementación puede iniciarse inmediatamente después de la insulina y de esta manera evitar su súbito descenso. La corrección de urgencia se inicia con cloruro de potasio al 29.8%, que contiene 4 mEq o mmol, en cantidades de 0.5 a 0.8 mEq/kg, o 20 a 30 mEq/m2 diluidos en solución isotónica salina o en glucosada, aquélla en una a dos horas. La concentración de potasio no debe ser mayor de 40 mEq/l. 82

Tratamiento de la cetoacidosis con bicarbonato

Los ácidos cetónicos en el espacio extracelular provocan la caída del bicarbonato, y, en consecuencia, del pH con disminución compensatoria de pCO2. Con el tratamiento, los ácidos acetoacético y ß-hidroxibutírico se metabolizan a bicarbonato, que tiende a neutralizar la acidosis. De existir un déficit real grave de bicarbonato, debe reponerse por su síntesis renal o por su administración. La mayoría de los autores aconsejan utilizar el bicarbonato sólo cuando la acidosis es grave, es decir, cuando el pH es menor de 7.15 y el bicarbonato sérico igual o menor a l0 mEq/l. 83 Se proporcionan 0.5 a l mEq/kg, en los niños, o se calcula el déficit por la fórmula:

C02 ideal- C02 real x kg de peso x 0.3= mEq de bicarbonato a aplicar en 24 horas

Recientemente se ha descrito la presencia de títulos elevados de anticuerpos antiinsulina en cetoacidosis recurrente y en cetoacidosis intratable, y su adecuada respuesta a los esteroides, a pesar de las fluctuaciones de la glucemia que implica. 84

Por último, hay que vigilar estrechamente el estado neurológico y tratar de reducir la presión intracraneana. Se utiliza el monitor ante los primeros signos de alteración neurológica para impedir el edema cerebral, la complicación más grave y más temible durante el tratamiento de la cetoacidosis diabética.


  • Se define como la condición clínica que resulta de una glucemia elevada, por lo común de más de 300mg/dl, bicarbonato (HCO3) menor a 15 mEq/l, y osmolalidad sérica igual o menor a 320 m0sm/l.



  • A medida que progresa la hiperglucemia, la carga de glucosa filtrada también aumenta, excediendo la capacidad de reabsorción tubular renal: aparece glucosuria con diuresis osmótica, acompañada de pérdida de agua y sales de sodio.



  • De manera general, en la descompensación diabética se produce un catabolismo exagerado con ruptura de los almacenes de glucógeno, hidrólisis de los triglicéridos en el tejido adiposo, y movilización de los aminoácidos a partir de proteínas musculares.



  • La deficiencia de insulina desencadena la producción de cuerpos cetónicos a partir de la movilización de ácidos grasos de los adipocitos, en donde se encuentran almacenados como triglicéridos.



  • La sobreproducción de ácidos cetónicos provoca cambios bioquímicos plasmáticos y renales que tratan de compensar la acidosis.



  • La respuesta renal a la cetoacidosis diabética, es similar a la de otras acidosis metabólicas. Los túbulos reabsorben todo el bicarbonato filtrado; así conservan los álcalis y acidifican la orina.



  • La terapia de la cetoacidosis diabética debe individualizarse. únicamente el seguimiento cuidadoso de la evolución de los datos clínicos y bioquímicos indica las necesidades terapéuticas dinámicas, en cortos periodos.



  • La infusión continua de insulina debe ser cuidadosamente vigilada, pues una vez en solución se adhiere al vidrio o al plástico de los recipientes.



  • La medición frecuente de electrolitos séricos, glucemia, urea, pH, C02 y algún otro dependiendo del caso, son guía para la conducta a seguir.



  • La mayoría de los autores aconsejan utilizar el bicarbonato sólo cuando la acidosis es grave, es decir, cuando el pH es menor de 7.15 y el bicarbonato sérico igual o menor a l0 mEq/l.