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PAC. Libro 2, Parte A
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Sucedáneos de la leche
materna y otras fórmulas
Durante el siglo pasado, el recurso de la alimentación láctea
con biberón u otros utensilios despertó el interés
entre la población europea. Sin em bargo, desde entonces fue reconocido
el riesgo insuperable de infección del lactante alimentado con este
método. En 1802, se aconsejaba que cuando fuera necesario administrar
leche de vaca, debiera hacerse directamente de la "teta" del animal. Todavía
en 1876 se insistía que la succión directa de la vaca o burra
era mejor que cualquier alimento que fuera preparado. Al final del siglo
pasado logró estandarizarse el uso de biberones y de leche de vaca.
Para entonces, las preguntas fundamentales fueron: ¿Cómo
debiera diluirse la leche? ¿Qué tanta cantidad debía
administrarse? ¿Con qué frecuencia?
Forsyth en 1910 pensaba que la leche de vaca como alterna tiva de la leche
materna era una realidad y que "....el pecho materno no es esencial para
el lactante, las leyes fisiológicas ligadas durante cientos de siglos
al Reino mamífero han sido repetidas por el ingenio humano". Asi
mismo concluía: "....mi propia experiencia es que los médicos,
excepto cuando trabajan entre los pobres, cuya ignorancia es una fatal
objeción, se inclinan a mirar la alimentación con biberón
con menos dificultad que antes, cuando el riesgo era mucho mayor". Desde
entonces, se han visto muchos cambios en la alimentación del lactante,
desde el mejoramiento extraordinario de las leches industrializadas y fórmulas
modificadas, pasando por las grandes controversias sobre su uso en población
con condi ciones higiénicas deplorables, hasta el resurgimiento
a partir de la década de los 70's de la alimentación con
leche materna, líquido o suero que en la actualidad se considera
insuperable por la gran cantidad de propiedades nutricias, inmunológicas
y psico-afectivas que hasta la fecha no han logrado las fórmulas
lácteas.
Sin embargo, debido a la aparición extraordinaria de preparados
comerciales para lactantes de diferente origen, es necesario establecer
ciertas definiciones con el propósito de clarificar el uso de estos
productos alimenticios.
DEFINICIONES
SOBRE SUCEDÁNEOS DE LA LECHE MATERNA
Sucedáneos de la leche materna.
Producto alimenticio que se presenta como sustituto parcial o total de
la leche materna, sea o no adecuado para ese fin.
Preparación para lactantes. Todo
sucedáneo de la leche materna preparado industrialmente según
normas aplicables del codex alimentarius, para satisfacer las necesidades
nutrimentales de lactantes normales hasta la edad de cuatro a seis meses
y adaptado a sus características fisiológicas.
Con estos dos términos, deben eliminarse aquellos de "leches maternizadas"
o "leches artificiales" por ser inadecuados. Es mejor referirse a ellos
como fórmulas lácteas cuando el contenido de nutrimentos
proceda principalmente de la leche de vaca y fórmulas especiales
cuando el origen de los nutrimentos sea múltiple.
Leches acidificadas. Leche de vaca (entera,
evaporada o en polvo) que puede acidificarse en el hogar o comercialmente
agregando áci do láctico o jugo de limón.
Leches industrializadas. Se
refiere a todo tipo de leches que sufren un proceso de industrialización
en términosde deshidratación total o parcial (leche en polvo,
evapora da o concentrada).
Leches modificadas. Son aquellas
que se obtienen a partir de la leche de vaca, en las cuales se ha variado
el contenido de lípidos, proteínas e hidratos de carbono,
y en ocasiones se les ha adicionado vitaminas y/o nutrimentos inorgánicos.
En el caso de las fórmulas utilizadas para lactantes se trataría
al mismo tiempo de un sucedáneo de la leche materna, un preparado
para lactante y una leche modificada. En nuestro medio acostumbramos a
llamarlas leches modificadas para diferenciarlas de las leches enteras
ya sean industrializadas o "crudas".
Debido a que en la actualidad se produce una gran canti dad de fórmulas
para lactantes con diferentes usos dietéticos o terapéuticos,
se sugiere una clasificación más adecuada y práctica
para el pediatra, como se describe a continuación.
FÓRMULAS
LÁCTEAS DE INICIO (FLI)
Se recomiendan para cubrir la totalidad de los requerimien tos nutrimentales
de un lactante sano durante los prime ros seis meses de la vida. También
pueden utilizarse como complemento de otros alimentos hasta el año
de edad. Estas fórmulas son equivalentes a un sucedáneo de
la leche materna y una leche modificada.
FÓRMULAS
LÁCTEAS DE CONTINUACIÓN (FLC)
Son recomendadas después de los seis meses de edad y sólo
como parte de un régimen dietético mixto. La leche entera
de vaca, líquida, evaporada y en polvo han sido incluidas incorrectamente
con aquellas fórmulas comerciales modificadas con mayor contenido
de proteínas que las fórmulas lácteas de inicio pero
también adicionadas con vitaminas y hierro. Cabe señalar,
que aún existe controversia relacionada con el uso de estas FLC,
de leche de vaca entera en polvo o líquida en lactantes de 6 a 12
meses de edad. En el caso de las FLC la controversia se relaciona con la
mayor carga renal de solutos y el exceso de proteínas. Con la leche
entera de vaca líquida se argumenta su riesgo poten cial en la producción
de sangrado de tubo digestivo, de reacciones adversas por la formación
de complejos autoin munes y por el exceso en la cantidad de proteínas.
La dis cusión de esta controversia esta más allá del
alcance de este capítulo. Se recomienda leer la bibliografía
aquí anotada.
FÓRMULAS
DE USO MÉDICO
Son para uso dietético especial en alteraciones específicas:
prematurez, intolerancia a la lactosa, enfermedades atópicas, errores
metabólicos congénitos, etc. Estas fórmu las son sinónimos
de fórmulas terapéuticas y en nuestro país debieran
indicarse solo bajo prescripción médica. Fomon no está
de acuerdo en que las fórmulas de proteína de soya aislada
de amplia distribución en la unión americana (10% del total
de ventas en fórmulas infantiles) sean con sideradas fórmulas
especiales en lactantes; sin embargo, en nuestro país, por su costo
tan elevado (hasta tres veces mayor que una fórmula láctea
de inicio) su uso abierto en lactantes sanos no está justificado.
ESTÁNDARES
PARA FÓRMULAS INFANTILES
La Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Sociedad Europea de
Gastroenterología y Nutrición Pediátrica (SEGNP) han
publicado los estándares para fórmulas infantiles. Ambas
recomendaciones contienen los mínimos niveles de la mayoría
de los componentes necesarios para cubrir los requerimientos nutrimentales
del lactante. También inclu yen los límites superiores de
cada nutrimento con el objeto de evitar el efecto tóxico del exceso
de nutrimentos rela cionado con la limitada capacidad de muchos lactantes
de digerir, metabolizar, regular y excretar ciertos nutrimentos. La SEGNP
es más estricta que la AAP, y por esta razón existen menos
fórmulas infantiles disponibles en Europa. Esta polí tica
tiene la ventaja de evitar la confusión en la madre y en el médico
al escoger una fórmula cuando realmente exis ten pocas diferencias
de contenido nutrimental entre ellas. Se ha criticado que estas pequeñas
diferencias tienen un significado nutricio mínimo y que tales diferencias
se enfatizan para usos comerciales y promocionales (Cuadros 9, 10, 11,
12 y13).
Del trabajo realizado por la AAP en las últimas décadas para
estandarizar el contenido de nutrimentos en las fór mulas para lactantes,
surgió una recomendación final que fue publicada por la Food
and Drug Administration (FDA) en 1985. Los límites más
difíci les de establecer son los superiores y puede anticipar se
que muchos de estos valores tendrán que ser revisados y también,
agregados valores máximos de otros nutrimentos.
En la actualidad no se considera conveniente utili zar leches enteras líquidas,
evaporadas o en polvo en la alimentación del lactante menor de seis
meses de edad, debido a su elevada concentración de proteínas,
grasas sa turadas y a la baja concentración de hidratos de carbono,
específicamente lactosa. Cuando se han usado en lactantes menores
de seis meses de edad se requiere de la adición de 5 a 10% de sacarosa
o dextrinomaltosa. Además, la elevada concentración de fosfatos
y calcio con una proporción inadecuada de Ca/P de 1.3:1 en lugar
de 2.3:1 como la leche materna ofrece el inconveniente de un riesgo potencial
de hipocalcemia que en ocasiones puede producir signología grave
(contracciones musculares, espasmos, tetania, etc.). En el pasado se aconsejaba
diluir la leche de vaca con agua en proporción de 2:1 y adicionar
10% de azúcar. En esta forma se restituía el aporte calórico;
sin embargo, el resto de los nutrimentos incluyendo vita minas, oligoelementos,
grasas, etc., también sufría una dilución potencialmente
riesgosa para un lactante me nor de seis meses de edad. Por estas razones,
cuando las con diciones socioeconómicas de la familia solo permitan
el empleo de leche de vaca entera en lactantes pequeños, tendrá
que realizarse una vigilancia más estrecha del estado clínico
y de nutrición del niño.
Proteínas. Las fórmulas lác
teas de inicio (FLI) deben proveer una cantidad adecuada de proteínas
que aseguren una ganancia de peso y crecimiento lineal similar a la de
un lactante alimentado al pecho materno. Fomon12 estima que el requerimiento
de proteínas no es mayor de 1.6 g/100 kcal y se aconseja un margen
de seguridad de 1.9 g/100 kcal. En México, la mayoría de
las FLI aportan 2.3 a 2.4 g/100 kcal (1.5-1.6 g/dL) lo cual evita una carga
mayor de solutos renales que pudiera ser inconveniente para el lactante.
Las fórmulas con proteína de soya aislada utilizadas en intole
rancia a la lactosa o alergia a las proteínas de la leche contienen
de 2.7 a 3 g/100 kcal (1.8-2.0 g/dL) que podrían considerarse en
límites superiores en un lactante sano. En general, cuando la fórmula
láctea se utiliza como alimen to único, como sucede en lactantes
menores de cuatro a seis meses de edad, es mejor una proporción
de proteínas: calorías muy cercana a la recomendación
nutrimental (1.6 g/100 kcal).
Hidratos de carbono. La lactosa representa
90% de la cantidad total de los 6 a 7 g/dL de hidratos de carbono en la
leche humana. La digestión y absorción de lactosa tiene lugar
en el intestino delgado donde es hidrolizada por la enzima lactasa a los
monosacáridos glucosa y galactosa. La lactosa también es
el hidrato de carbono más común en la leche de vaca, aunque
sólo está presente en una concentración de 4%. Las
fórmulas preparadas con leche entera de vaca o evaporada con frecuencia
se adicionan de sacarosa. Este disacárido es más dulce que
la lactosa y puede incrementar la inges tión de leche por esa razón.
La sacarosa (azúcar de caña) tam bién tiene efectos
lesivos sobre los dientes (caries) cuando éstos han salido. En FLI
la lactosa debe ser el único o el mayor constituyente de los hidratos
de carbono. El resto puede ser completado con glucosa y/o dextrinomaltosa.
Grasas. Además de proporcionar cerca
de 50% de las calorías, la grasa de la leche humana es un nutrimento
indis pensable, importante para el desarrollo del sistema ner vioso central
y vehículo para la absorción de grasas liposolubles. El contenido
total de grasa en la leche humana varía como fue referido antes,
con promedios de 2.7 a 4.5 g/dL. La grasa de la leche humana se absorbe
mejor que la de leche de vaca. En fórmulas a base de leche de vaca,
la grasa no absorbida es mayor a 15% del total de la ingesta calórica.
Una absorción de grasas similar a la de la leche humana se logra
cuando la fórmula reemplaza parte de la mantequilla por ciertas
grasas vegetales. Todas las FLI producidas en Estados Unidos y que se venden
en México, con tienen una mezcla de aceites vegetales como origen
de gra sas, mientras que las fórmulas europeas sólo 20-30%
de la grasa es aceite vegetal.
Vitaminas. Las fórmulas preparadas
comercialmente están adicionadas con vitaminas. La suplementación
es adecuada a excepción de la vitamina D. Sin embargo, en nuestro
país con un clima templado, la exposición a los rayos solares
por un período de 15 a 20 minutos diarios serían sufi cientes
para evitar deficiencia. En algunas partes del mundo se aconseja dar un
suplemento de vitaminas A, D y C, desde los 15 días hasta los 18
meses de edad, a pesar del contenido de vitaminas en la leche.
Nutrimentos inorgánicos. La leche
humana proporciona de 5 a 10 mEq de sodio al día (7 mEq/L). La leche
de vaca contiene tres veces la concentración de sodio, potasio y
cloro presen te en la leche humana. Si se diluye la leche con agua en proporción
de 2:1 el nivel de sodio disminuye a 12 mEq/L con una cantidad total de
sodio, potasio y cloro de 50 mEq/L. Este nivel se considera seguro para
evitar una carga renal de solutos excesivo. Las FLI están desmineralizadas
y se lo gran concentraciones de electrólitos entre los valo res
de leche materna y los límites superiores recomenda dos; la ingesta
y la proporción de calcio y fósforo son indispensables para
el crecimiento y el desarrollo del hueso. Las alteraciones en el metabolismo
de calcio-fósforo pueden producir hipocalcemia neonatal, convulsiones,
raquitismo y tetania. Las mani festaciones clínicas en lactantes
alimentados con le che de vaca no ocurren por deficiencia en la ingesta
de calcio sino por la excesiva ingesta de fósforo y la rela tiva
deficiencia de vitamina D. La AAP y la SEGNP recomien dan que las fórmulas
contengan una proporción de Ca:P de 1.5:1. En general, las FLI contienen
una proporción de 1.3:1 a 1.5:1.
La mayoría de las FLI están adicionadas de hierro en pro
porción de 8-12 mg/L con lo cual se evita la presencia de deficiencia
de hierro y anemia que se observa en lactantes alimentados con leche de
vaca. El zinc es un cofactor enzimático vital e importante en el
metabolismo de los áci dos nucleicos y síntesis de proteínas.
La deficiencia de zinc afecta el crecimiento celular. La biodisponibilidad
de zinc en la leche materna es muy buena y su concentración es de
1.6 a 2 mg/L. Sin embargo, el zinc de las fórmu las lácteas
o de soya se absorbe con mayor dificultad por lo que su contenido varía
de 3 a 6 mg/L. En la actualidad las fórmulas están adicionadas
de otros oligoelementos como son: manganeso, cobre, iodo, etc., que pretenden
cubrir las recomendaciones nutrimentales.
Nucleótidos. En los últimos
años se ha realizado mucha investigación sobre los nucleótidos
en la dieta como un nutrimento semi-indispensable tanto en el lactante
como en el recién nacido pretérmino. Sin embargo, a pesar
de sus concentraciones elevadas en la leche humana y del efecto reconocido
sobre la respuesta inmunológica, absorción de hierro, modifica
ción de la flora intestinal y perfil de lípidos, se conside
ra que todavía faltan más evidencias que demuestren la necesidad
de su adición a los preparados comerciales para lactantes. 12,37-41
INDICACIONES
PARA EL USO DE FÓRMULAS LÁCTEAS EN LACTANTES
Existen tres recomendaciones generales:
a. Sustitución en lactantes cuyas madres no pueden o no desean amamantar.
b. Suplementación para lactantes cuyas madres de sean interrumpir
la lactancia.
c. Complementación cuando la producción de leche materna
es insuficiente.
INDICACIONES
MÉDICAS MAYORES PARA LA SUSTITUCIÓN DE LA LACTANCIA MATERNA
a. Enfermedades infecciosas como: listeriosis neonatal, hepatitis B materna,
SIDA, varicela, tosferina, tuber culosis activa y lesiones herpéticas
o sifilíticas en el pecho materno.
b. Precaución extrema en enfermedades metabólicas, toxemia,
uso de drogas, tirotoxicosis materna con tratamiento antitiroideo.
USO
DE LECHE DE VACA EN LACTANTES
a. La edad apropiada para dar leche entera de vaca, líquida, pasteurizada
o "bronca" a un lactante es aún desconocida y permanece en controversia.
b. El consumo excesivo de leche entera de vaca se ha asociado con anemia
por deficiencia de hierro. Ambos, la concentración y biodisponibilidad
de hierro son bajas en la leche de vaca.
c. Algunos lactantes presentan sangrado oculto por el tracto gastrointestinal.
d. Existe una elevada concentración de proteínas y carga
renal de solutos.
e. Hay inadecuación en la concentración y proporción
de Ca/P.
f. Los hallazgos señalados sugieren que su inicio de biera retardarse
hasta después del año de edad.
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