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Enfoque general del paciente
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manejo de emergencia, apoyo vital y detoxificación. |
Algunas medidas se pueden llevar a cabo en el sitio donde ocurrió la intoxicación y su ejecución por lo general corresponde a los paramédicos. Lo primero es retirar de la posible fuente de exposición y obtener datos de como ocurrió ésta. Ahí mismo se puede iniciar la descontaminación del paciente. Por ejemplo si la exposición fue a gases o vapores irritantes alejar al paciente y si se observan alteraciones oculares o cutáneo-mucosas, antes de su traslado a un hospital lavar abundantemente con solución salina (o agua corriente). En la ingestión de cáusticos lo mejor es no hacer nada y llevar de inmediato a un hospital. Si el paciente está inconciente hay que mantener permeables las vías respiratorias, colocado en posición "de coma para traslado", esto es, en posición ventral con la cabeza hacia un lado y cubierto para evitar la pérdida de calor. Eventualmente pudiera ser necesaria la reanimación cardiopulmonar mediante respiración boca a boca y masaje cardiaco externo. Es prudente obtener evidencias que puedan facilitar el diagnóstico y tratamiento de la intoxicación: frascos de medicamentos, compuestos químicos en contrados cerca del lugar del suceso, cartas de las adolescentes suicidas.
Tan pronto como se controlen las contingencias urgentes mencionadas, el paciente se debe trasladar a un
hospital para
continuar su asistencia.10
En este primer contacto con el
paciente intoxicado, se debe ser muy cauto con la exposición
a determinados agentes que aparentemente no causaron un
daño objetivo. La exposición a
vapores de cloro o amoniaco pueden dar manifestaciones leves en el momento del accidente, pero después
de 24 horas
subitamente pueden causar edema pulmonar agudo. El
acetaminofén en dosis tóxicas no causa manifestaciones clínicas inmediatas, pero
después de horas o días, puede originar
insuficiencia hepática fulminante.
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Tiene ventajas el considerar a las intoxicaciones agudas como un trauma múltiple de orígen químico, porque permite aplicar las técnicas básicas y avanzadas de apoyo vital, en el manejo inicial del paciente a su ingreso a los servicios de urgencias.11, 12
La extensión del tema va más allá de los propósitos de este
capítulo, por lo que sólo se incluirán los puntos básicos
de este manejo prioritario que están dirigidos a estabilizar
las funciones vitales del intoxicado.
Debe ser rápida pero completa, enfocada principalmente a evaluar el aparato cardiovascular, el
aparato respiratorio, el
sistema nervioso central y la existencia de alteraciones
metabólicas.
Es útil aplicar alguna de las escalas para medir el
nivel de conciencia (Glasgow, Glasgow modificada para hospitales de niños). La pupila
de acuerdo a su tamaño (miosis,
midriasis) orienta no solo al agente causal sino al daño
neurológico.
Las siglas ABC (del inglés Air,
Breathing, Circulation), aire-respiración-
circulación,
orientan hacia las maniobras que deben realizarse al inicio
de la atención del paciente intoxicado. Éstas se resumen
en los siguientes principales puntos:
Mantener permeables las vías respiratorias.
Esto tiene por objeto ofrecer una buena oxigenación y la prevención de la
broncoaspiración. En muchos casos es suficiente con la
oxigenación a través de mascarillas o puntos nasales;
en los pacientes graves procede la intubación y la ventilación asistida.
Mantener la circulación. En las intoxicaciones es común el
estado de choque por un descenso del volumen circulatorio efectivo más que por la pérdida de volumen.
La persistencia del choque causa perfusión inadecuada de órganos
vitales: cerebro, corazón, pulmones, riñones e hígado. Esto
frecuentemente se complica con acidosis metabólica secundaria a hipoxia. En estos casos la terapia
va dirigida al
manejo de la hipovolemia mediante la administración de
líquidos; la colocación de un catéter para medir la presión
venosa central es de utilidad para determinar el aporte de
líquidos. Es pertinente poner al paciente en balance
hidroelectrolítico. Eventualmente se deben administrar
fármacos vasopresores.
Corregir las aplicaciones. La administración de fluidos
endovenosos desde el ingreso de los pacientes al hospital,
en general previene la producción de alteraciones del equilibrio ácido-básico. Es
importante dar un aporte adecuado de glucosa y oxígeno. Se
debe practicar las gasometrias arteriales y en base a sus
resultados determinar si procede la administración de bicarbonato de sodio. Si el paciente convulsiona,
se deben posponer algunas maniobras como el lavado gástrico y
corregir mediante la administración de fármacos anticonvulsivos: diazepam (0.1-0.3 mg/kg IV)
o fenobarbital (5 mg/kg IV). El paciente intoxicado puede presentar hipo o hipertermia, mismas que deben corregirse
por medios físicos.
Una vez que el paciente mantiene estables sus funciones
vitales y corregidas las complicaciones, el siguiente paso
es la detoxificación propiamente dicha y cuyos objetivos
fundamentales están orientados a prevenir la absorción
del tóxico o de sus metabolitos activos, incrementar su excreción o a contrarrestar sus efectos
con el uso de antídotos y antagonistas.
Por definición un antídoto
es un químico que tiene la capacidad de combinarse con el tóxico para
originar un nuevo compuesto, en general inerte, polar y por
ende fácilmente eliminable. Un antagonista
guarda una relación estructural con el tóxico y compite con éste por el sitio
activo del receptor donde actúa, modificando de esta manera la respuesta de las
células efectoras12. Es importante resaltar que
el número
de estos compuestos es muy corto y por tanto deben considerarse como un tratamiento adjunto que no sustituye a la
terapia de sostén y sintomática.13
En el momento actual la inducción de vómitos con la administración de jarabe de
ipecacuana ha caído en desuso ya que
existen dudas acerca de su eficacia, además de ser un
procedimiento no exento de
riesgos.14
En su lugar se recomienda utilizar directamente el lavado gástrico y cuando proceda por las
características del tóxico, someter al paciente al procedimiento denominado
de "Diálisis gastrointestinal
" con la administración de dosis múltiples de carbón activado.
Lavado gástrico. Se debe practicar tan pronto como la
condiciones del paciente se estabilicen. Si aún esta
inconciente, primero se debe colocar una sonda endotraqueal
para asistir su ventilación y prevenir la broncoaspiración.
Si el paciente convulsiona hay que corregir esta eventualidad antes de intentar el lavado ya que la
introducción de la
sonda puede incrementar la frecuencia y la intensidad de
las convulsiones.
El procedimiento está contraindicado en la ingestión de
cáusticos y de hidrocarburos derivados del petróleo. Una
excepción a esto último es cuando el hidrocarburo ha sido
empleado como vehículo de algún tóxico potente, por ejemplo los insecticidas
organico-fosforados cuya absorción puede
dar lugar a una intoxicación grave, incluso mortal. En este
caso aunque exista la posibilidad de causar una neumonitis
química, en general no grave, el beneficio supera por mucho
al riesgo por lo que el lavado gástrico está indicado. Su
técnica se resume en el cuadro 3, como parte del procedimiento de diálisis gastrointestinal
con carbón activado.
Evaluación clínica
ABC del apoyo vital
FASE DE DETOXIFICACIÓN
Prevención de la absorción
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Éste ha demostrado ser un método eficaz no invasivo, de fácil ejecución y bajo costo,15-18 que con mucho está cumpliendo con el anhelo de los toxicólogos de contar con un antídoto universal. |
Originalmente se empleaba en dosis única, después de lavado gástrico, extrayéndolo transcurridos 30 minutos. La modalidad actual, conocida como diálisis gastrointestinal, consiste en administrar dosis repetidas del antídoto, sin extraerlo, facilitando su eliminación natural agregando catárticos salinos al procedimiento. Este ha demostrado ser un método eficaz no invasivo, de fácil ejecución y bajo costo,15-18 que con mucho está cumpliendo con el anhelo de los toxicólogos de contar con un antídoto universal. Su técnica se anota en el cuadro 3; en cuanto a sus indicaciones abarca numerosos medicamentos, químicos varios, hongos y plantas, que en común tengan la característica de ser biotransformados en el hígado y tanto la fracción libre como sus metabolitos activos, sufran circulación entero-hepática. Algunos ejemplos donde se ha demostrado su utilidad son las intoxicaciones causadas por acetaminofén, antiinflamatorios no esteroideos, amiodarona, amitriptilina, aspirina y salicilatos, benzodiacepinas, carbamacepina, cloroquina, cloropropamida, ciclosporina, dapsona, dextropropoxifeno, diacepam, digitoxina, digoxina, diltiazem, difenhidramina, doxepinefedrida, efedrina, fenilbutazona, fenilpropanolamina, fenitoína, fenobarbital, gentamicina, imipramina, metamizol (dipirona), meprobamato, metotrexate, nadolol, nortriptilina, piroxicam, pseudoefedrina, propranolol, quinina, teofilina, tobramicina, valproato y vancomicina.
Otros compuestos son el paratión, el paraquat, los
raticidas warfarínicos, el fosfuro de zinc, la alfa-cloralosa, hongos y plantas venenosas.
Se llama la atención sobre el acetaminofén sobre el cual se usa el antídoto
N-acetilcisteína para prevenir el daño hepático. La
acetilcisteína se administra por la vía bucal por lo que
existe el riesgo de que se inactive por efecto del CA.
Esto se ha resuelto dejando pasar al menos dos horas después del CA, para en este intermedio
administrar la dosis de N-acetilcisteina.19
La diuresis forzada es de utilidad cuando se conoce el
volumen de distribución (vd) aparente del medicamento o
sustancia química. Si es menor o igual a 1 l/kg (< 100%), el
uso de diuréticos es de utilidad para incrementar la excreción urinaria del tóxico; por
el contrario, si excede este
valor el procedimiento no es de utilidad. La aspirina con
un vd menor a 100%, se elimina por la acción de los diuréticos, no así la imipramina con
un vd superior a 1000%. Los
diuréticos más empleados son la furosemida y el ácido
etacrínico ambos a la dosis de 1 mg/kg/dosis, IV.
La modificación del pH urinario se combina con la diuresis forzada. Se fundamenta en el
hecho de que la mayoría de
los químicos cruzan las barreras tisulares en su forma no ionizada, y actúan a nivel
celular en su forma ionizada. De acuerdo al
pka de cada compuesto, al llegar a los túbulos urinarios lo hacen por
lo general en su forma no ionizada, por lo que se pueden
reabsorber y continuar ejerciendo sus efectos deletéreos.
Si se modifica el pH en la orina se ioniza el compuesto y
por lo tanto se incrementa su excreción por esta vía.
Para el caso de los ácidos débiles como el fenobarbital y
la aspirina, su ionización se logra alcalinizando la orina
con la administración de bicarbonato de sodio, 1-3mEq/kg/día, IV. Si se trata de bases
débiles como las anfetaminas o la fenciclidina, hay que acidificar la orina con
ácido ascórbico, 0.5 a 1g/dosis, IV.
Otros procedimientos dialíticos, como la diálisis
peritoneal, la hemodiálisis y la hemoperfusión a través de
columnas de carbón activado, son complejos en su ejecución,
invasivos y algunos de ellos de alto costo, por lo que no
siempre están al alcance del médico. Por esta razón se
recomienda que se recurra mejor a la diálisis gastrointestinal con dosis repetidas de carbón
activado cuyas
ventajas son obvias.
Los antídotos y antagonistas juegan un papel muy importante
en el tratamiento de las intoxicaciones; sin embargo,
su número es muy limitado en comparación con el gran número
de compuestos químicos existentes, todos ellos potencialmente tóxicos. Por esta
razón la exigencia de iniciar el tratamiento de las intoxicaciones en la fase de apoyo vital.
Existen algunas excepciones en las cuales los antídotos o antagonistas deben de
administrarse desde el principio, como es el caso de la
naloxona y el flumazenil, que además de servir como prueba
diagnóstica tienen una eficacia terapéutica de
practicamente 100%.20
Otros antídotos tienen una eficacia
menor y por lo tanto deben usarse como coadyuvantes, pero
no sustitutos, del apoyo vital. A continuación se enlistan
los principales antídotos y antagonistas, sus indicaciones y dosis.
Medidas para aumentar
la excreción de los tóxicos
Tratamiento específico
con antídotos y antagonistas
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Actúa como precursor de la cisteína para elevar los niveles de glutation hepático depletado por el metabolito activo del acetaminofén. Antídoto para tratar las metahemoglobinemias tóxicas originadas por numerosos agentes |
Atropina. Se emplea para el tratamiento inicial de la intoxicación por insecticidas orgánico-fosforados y carbamatos; su eficacia es mayor para corregir el síndrome muscarínico y menor para el síndrome nicotínico. Es necesario recordar que la atropina para que actúe como antídoto debe administrarse a dosis elevadas: 0.05 a 0.1mg/kg/dosis, IV, cada 10 a 15 minutos hasta conseguir la atropinización del paciente.
Azul de metileno. Antídoto para tratar las metahemoglobinemias tóxicas originadas por numerosos agentes, siendo el más frecuente en el momento actual la dapsona; en menor proporción las anilinas, acetofenetidina, cloratos, nitritos, nitratos, nitrobenceno y otros. Recordar que a dosis elevadas el mismo azul de metileno puede causar metahemoglobinemia. Actúa promoviendo la conversión del hierro férrico de la metahemoglobina (Fe +++), a hierro ferroso de la hemoglobina (Fe ++). La dosis es de 1 a 2 mg/kg/dosis, diluidos en 50 ml de solución glucosada al 5%, IV, para pasar en 30 minutos. Repetir en caso necesario a las 4-6 horas; se presenta en ampolletas de 10 ml con 100mg del fármaco.
Bicarbonato de sodio. En el momento actual se le considera como antídoto verdadero en la intoxicación por antidepresores tricíclicos. Actúa favoreciendo la unión de la fracción libre de estos fármacos, responsable del efecto tóxico, a las proteínas plasmáticas con lo cual reduce la concentración de esta fracción y por ende sus efectos tóxicos. Dosis de 1 a 2 mEq/kg/dosis, IV, cada 4-6/horas. Hasta tiempos recientes se recomendaba el empleo de fisostigmina como antídoto de estas intoxicaciones; actualmente ha caido en desuso debido a su baja efectividad y a los efectos indeseables que posee.
Carbón activado. Simplemente se ratifica su utilidad como antídoto casi universal.
Calcio, cloruro y gluconato. Útiles en las intoxicaciones causadas por medicamentos bloqueadores de los canales de calcio. Ambos se administran IV, el primero a la dosis de 0.2 ml/kg/dosis, y el segundo 0.6 ml/kg/dosis.
Deferoxamina. Quelante con una gran afinidad por el hierro (1 x 1030). Su mayor utilidad es en el tratamiento de las hemosiderosis postransfusionales. Como antídoto en la intoxicación aguda por el hierro y sus sales, su eficacia es menor y no sustituye a la terapia de apoyo vital. En estos casos se recomienda administrar la deferoxamina a la dosis de 20 mg/kg/dosis, IV, cada 4-6 horas. Simultáneamente se administrarán 2.5 g del quelante disueltos en 20 ml de solución salina, por la vía bucal o a través de sonda nasogástrica, con objeto de quelar el hierro remanente y prevenir su absorción.
Difenhidramina. Por sus relación estructural con la atropina y la benzatropina, se utiliza en el tratamiento de las manifestaciones extrapiramidales causadas por los neurolépticos, el haloperidol y la me-toclopramida. Inicialmente se administra por vía IV, a la dosis de 1 mg/kg /dosis, cada cuatro horas hasta la remisión de los síntomas; continuar por la vía bucal a la dosis de 5 mg/kg/24h, dividida en tres tomas por un mínimo de 72 horas.
DMSA (ácido dimercapto succínico-succimer). Es un quelante relacionado con el BAL (British-Antilewisita) pero sin los efectos indeseables de éste y con la ventaja de la administración bucal. Se ha demostrado su utilidad en las intoxicaciones por plomo y mercurio, aunque es posible se amplíe su espectro a otros metales. Dosis: 359 mg/m2 (10 mg/kg), cada 12 horas durante dos semanas.
Etanol. Actúa inhibiendo la biotransformación del metanol en formaldehido y ácido fórmico, y del etilénglicol en glicolaldehido y glicolato, por lo que ha resultado ser un antídoto altamente eficaz en las intoxicaciones por estos alcoholes. Si existe una forma farmacéutica estéril se puede administrar IV, caso contrario también es eficaz por la vía bucal. Se recomienda una dosis de "carga" de 0.6 g/kg de etanol al 10%, IV, en 30-60 minutos; la dosis de mantenimiento es de 100 mg/kg/h, por infusión IV, con objeto de mantener una concentración sanguínea de etanol de 100-200 mg/dL.21
Flumazenil. Antagonista específico de las benzodiacepinas; se administra a la dosis de 0.01 mg/kg /minuto, IV, hasta respuesta; continuar por infusión, 0.01 mg/kg/hora, hasta recuperación.
Glucagon. Actúa como antídoto de los betabloqueadores. Dosis 50 mg/kg/dosis, IV.
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Obidoxima/pralidoxima. Ambas oximas son reactivadores selectivos de la acetilcolinesterasa y por lo mismo antídotos de los insecticidas orgánico- fosforados. Su efecto terapéutico es más lento que la atropina por lo que no sustituye a ésta sino que deben administrarse simultaneamente. Dosis: 20-40 mg/kg/dosis, IV, cada seis horas.
Oxígeno. Se administra en concentración del 100% en las intoxicaciones por monóxido de carbono.
D-penicilamina. Agente quelante, se ha empleado con éxito en las intoxicaciones por talio, plomo, cobre y arsénico. Dosis: 30-50 mg/kg/día, en dos tomas, VO, durante diez días.
Versenato(ácido etilén diamino tertraacético: CaNa2). También es un agente quelante con afinidad por diversos iones metálicos, de ahí su utilidad en las intoxicaciones por plomo, zinc, manganeso, cobre, mercurio,cadmio y berilio. Dosis de 20-30 mg/kg/dosis, por infusión IV, para pasar en 2 horas. Repetir cada 24 horas por cinco a diez días. En la encefalopatía plúmbica se recomienda administrarlo combinado con la penicilamina.
Vitamina K. Es el antídoto de los anticoagulantes
warfarínicos. En casos de exposición comprobada o de sospecha, pero en ausencia de
sangrados, se administra a la
dosis de 0.5-1.0 mg/dosis en lactantes, 1.0-2.0 mg/dosis
en escolares y 5-10 mg/dosis, IM, en adolescentes. La introducción de warfarínicos más
potentes como rodenticidas
(warfarínicos de segunda generación) ha dado lugar a
intoxicaciones más graves y prolongadas; en estos casos
la vitamina K se administra inicialmente por vía
endovenosa, lo que puede originar reacciones de hipersensibilidad a las que el médico debe estar alerta.
Una vez
controlada la urgencia, se debe continuar administrando
vitamina K1 (fitonadiona), por la vía bucal, y a las dosis de
2-5 mg/día, por el tiempo necesario hasta la recuperación de los tiempos de protrombina y parcial
de
tromboplastina.