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Anemia por deficiencia
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La anemia por deficiencia de hierro representa la forma más frecuente de las anemias crónicas arregenerativas con respuesta reticulocitoria baja por alteración en la síntesis de hemoglobina.
Los factores más comunes que contribuyen a la deficiencia de hierro, con la subsiguiente producción de anemia, son el crecimiento acelerado en los primeros meses de la vida y la dieta insuficiente de este elemento. Así, la lactancia representa un periodo de balance de hierro negativo, dado que la ingesta se halla limitada y la demanda incrementada, a causa de la rápida expansión de la masa corporal.
En el lactante, la predominancia de la leche en la dieta da como resultado un aporte marginal de hierro.5 La leche materna y la leche de vaca contienen menos de 1.5 mg de hierro por 1000 calorías (0.5 a 1.0 mg/l). En el caso de la leche materna sin embargo, la alta biodisponibilidad del hierro que contiene compensa en cierto grado su baja concentración.6 En cambio, la leche de vaca no fortificada con hierro puede favorecer el desarrollo de deficiencia de este elemento. Lo anterior puede acentuarse si al momento del nacimiento ocurre reducción del volumen sanguíneo circulante (y por consiguiente de la reserva de hierro contenida en la hemoglobina), a causa de hemorragia retroplacentaria, transfusión fetomaterna y ligadura prematura del cordón umbilical. También puede ocurrir en niños nacidos prematuramente.7
Un factor adicional que ha sido también reconocido es la ocurrencia de sangrado intestinal oculto en niños alimentados con leche de vaca antes de los cinco meses de edad; se ha observado con mayor frecuencia prueba de guaiaco positiva en lactantes alimentados con leche de vaca pasteurizada que en aquellos que reciben leche de vaca procesada a altas temperaturas o fórmulas industrializadas.
Normalmente, se absorbe alrededor de 10% del hierro ingerido en la dieta. Pero, este aprovechamiento puede verse limitado en pacientes con síndrome de malabsorción intestinal.
Por otro lado, la dieta puede contener proporciones adecuadas de hierro, las cuales, sin embargo, son insuficientes en periodos de demanda incrementada, como ocurre en el niño prematuro, el adolescente y el desnutrido grave en fase de recuperación.
Por último, cualquier circunstancia que ocasione una
pérdida crónica de sangre, condicionará una disminución
de la reservas de hierro con el subsiguiente desarrollo del
cuadro anémico (cuadro 3
).7
Los pacientes con anemia de grado leve no presentan manifestaciones clínicas evidentes, por lo que el diagnóstico
se hace en base a los hallazgos de laboratorio. En estos
casos, la sospecha clínica debe fundamentarse en el interrogatorio de datos como ingesta alimenticia e incremento de los requerimientos o pérdidas sanguíneas previas.
En cambio, en los pacientes con anemia de grado moderado o
grave pueden observarse, con intensidad variable, los síntomas y signos clínicos característicos de este proceso,
que en su mayoría son comunes a todos los tipos de anemia.
Estos síntomas y signos son principalmente palidez, que
debe buscarse en conjuntivas palpebrales, mucosas orales,
lechos ungueales y palma de las manos, anorexia, decaimiento y astenia. En el área cardiaca se auscultan soplos
funcionales y taquicardia, así como cardiomegalia de grado
variable dependiendo de la cronicidad y severidad de la
anemia.4
Otras manifestaciones incluyen: dificultad para
ganar peso, cabello fino y quebradizo, coiloniquia,
platoniquia (uñas en forma de cuchara plana), atrofia de las
papilas de la lengua, geofagia (pica) y meteorismo ocasionado por alteraciones en la función del intestino delgado.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
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El diagnóstico de laboratorio de la anemia por deficiencia de hierro requiere en primer término definir la presencia de anemia. Para ello se utilizan patrones de referencia específicos según la edad del paciente en estudio. En el cuadro 1 se indican los valores normales promedio de hemoglobina y los mínimos por debajo de los cuales, a las diversas edades señaladas, puede llevarse a cabo el diagnóstico de anemia.2
La cifra baja de hemoglobina en la anemia por deficiencia de hierro se acompaña de diversas alteraciones en la forma, tamaño y coloración de los eritrocitos tales como poiquilocitosis, anisocitosis, microcitosis e hipocromía. Estas alteraciones son facilmente identificadas en un frotis de sangre periférica ( Fig. 1). Asimismo, se observan cuentas bajas de reticulocitos (menos de 1%) debido a la limitación en la síntesis de hemoglobina, lo que ocasiona disminución en la producción de estos elementos jóvenes de la serie roja. En relación al tipo de anemia, las constantes corpusculares se encuentran disminuidas; así, el volumen corpuscular medio (VCM) es menor de 80 fl, la hemoglobina corpuscular media (HCM) es inferior a 28 pg y la concentración media de hemoglobina corpuscular (CHbCM) es inferior a 32 g/dl.
La deficiencia de hierro puede corroborarse con los siguientes estudios: determinaciones de hierro sérico, capacidad total de fijación de la transferrina con el hierro y saturación de la transferrina. También puede obtenerse información diagnóstica a través de la dosificación de la ferritina sérica. En este tipo de anemia la concentración de hierro sérico es menor de 60mg/dl, la capacidad total de fijación de la transferrina con el hierro se encuentra por encima de 450mg/dl y la saturación de transferrina es menor de 16%. De igual valor diagnóstico resulta la concentración de ferritina sérica menor de 10 ng/ml.
La médula ósea es
hipercelular con hiperplasia de los eritroblastos los cuales presentan citoplasma escaso y fragmentado
así como
hemoglobinización disminuida. La hemosiderina en los
normoblastos se encuentra ausente en las tinciones con
azul de Prusia.
El tratamiento de la anemia por deficiencia de hierro es
la administración de sulfato ferroso, por vía oral. Con
raras excepciones y en casos seleccionados (síndromes de
malabsorción intestinal, resecciones intestinales amplias, etc.), se requiere utilizar una vía
diferente a la
oral, por ejemplo, la intramuscular, para administrar los compuestos de hierro. La dosis de sulfato ferroso es
de 20 a 30mg/kg/día, lo cual equivale de 4 a 6mg/kg/día de hierro elemental, ya que el
porcentaje de éste
en la sal es
de 20%.
También se dispone de otra sal de hierro, el fumarato
ferroso, que puede utilizarse en el tratamiento por vía
oral. Esta sal contiene 33% de hierro elemental. Las
sales de hierro se administran en tres dosis al día, antes de
las comidas.
En una primera etapa y según sea la severidad de la deficiencia, se administra el tratamiento
por periodos variables de tres a seis meses, hasta obtener la normaliza
ción de los índices hematológicos. Una vez logrado lo anterior, se continúa el
tratamiento por dos meses
más,
con el fin de reponer las reservas de hierro corporal.7
Por lo demás, la terapéutica debe incluir el asesoramiento dietético apropiado y
el análisis de las fuentes potenciales de pérdida de hierro para evitar recurrencia de la deficiencia.
Los alimentos
ricos en hierro incluyen la carne y el hígado de res, la
yema de huevo y vegetales: nopales, calabacitas, acelgas,
espinacas, chícharos, lentejas, frijoles, etc.
Por lo regular, en la primera semana del tratamiento se
observa un incremento de la cuenta reticulocitaria hasta
del 10%, la cual desciende posteriormente. Hacia las
cuatro semanas de iniciado el tratamiento, aumenta la hemoglobina, el hematocrito y la concentración
de hierro sérico. Además, se normaliza la saturación de transferrina y
ferritina sérica, con disminución de la capacidad total
de fijación de transferrina con hierro. Simultaneamente
ocurre mejoría progresiva de la signología clínica
(Fig. 2 y 3).7
Evidentemente, el éxito final del tratamiento dependerá de la eliminación o
corrección de la causa que
dió
origen a la deficiencia de hierro.5
En el niño lactante es recomendable administrar suplemento de hierro en dosis de 2mg/kg/día,
de hierro elemental, dividida en dos tomas, acompañadas de jugo de cítricos y alejadas de las
tomas de leche. Se recomienda iniciar
la administración del suplemento de hierro a los dos a
tres meses de edad en el niño que nació prematuramente y
a
partir de los cinco a seis
meses de edad en el recién nacido a término.
También se
recomienda administrar suplementación de hierro oral
(1 a 3mg/kg/día) durante la edad preescolar (dos a cinco
años).
Otro periodo de la vida en el cual puede requerirse un
aporte suplementario de hierro es durante la pubertad y la
adolescencia, especialmente en las niñas después del
inicio
de la menarquia.
TRATAMIENTO
PREVENCIÓN