Problemas especiales causados por el alcohol

Es probable que el paciente alcohólico que presenta rectorragia profusa aguda padezca una enfermedad hepática con hipertensión porta. Los cuadros de hemorragia menos serios pueden ser causados por el efectos del alcohol sobre las úlceras pépticas o por la simple irritación que provoca la diarrea en las lesiones intestina les.1 Los pacientes con cirrosis alcohólica presentan a menudo trastornos de la coagulación debido a que el hígado sintetiza varios factores de la coagulación. Añada a esto la posibilidad de laceraciones de Mallory-Weiss secundarias al vómito y todo se volverá más claro: El efecto exclusivo del alcohol sobre la rectorragia merece una consideración seria al planear el tratamiento del paciente alcohólico.

Son varios los signos que indican que se trata de una enfermedad hepática: eritema palmar y contracturas, angiomas en forma de araña, ginecomastia, atrofia testicular, ascitis y hepatoesplenomegalia. El hígado cirrótico se vuelve duro y restringe la entrada de la sangre. La sangre es desviada hacia otro sitio, y en casi todos los pacientes que padecen cirrosis (90%) se desarrollan várices esofagogástricas compensatorias que son secundarias a la hipertensión porta.2

La hemorragia que proviene de las várices es común y grave, además de que se presenta a menudo en forma de melena. La hemorragia de las várices ocasiona una tercera parte de todos los fallecimientos en los pacientes que padecen cirrosis e hipertensión porta. Las várices de gran tamaño conllevan un riesgo mayor de hemorragia que las pequeñas, y el consumo de alcohol aumenta el riesgo de hemorragias recurrentes.

Aunque la hemorragia de las várices esofágicas es la complicación más letal de la hipertensión porta, también es posible que se formen várices duodenales y anorrectales. La hipertensión porta puede crear también otros sitios de hemorragia, incluyendo a los que se deben a cambios en la mucosa gástrica. Los cambios serios indican una vasculopatía de la mucosa y ocasionan que el aspecto de la mucosa sea granular y con manchas de color rojo.

El endoscopio permite visualizar las várices o los estigmas de una hemorragia reciente. Varios hospitales especializados en hepatología han adoptado la política de practicar estudios endoscópicos a los pacientes que padecen cirrosis cada 2-3 años con el fin de buscar várices esofagogástricas. Si se descubren várices de gran tamaño, sobre todo con signos de color rojo, el tratamiento farmacológico por medio de bloqueadores ß-adrenérgicos no selectivos, como propranolol o nadolol, permitirá prevenir la primera hemorragia de las várices. Cuando los pacientes no toleran los bloqueadores ß-adrenérgicos no selectivos, es posible sustituirlos por nitratos de acción prolongada, como el dinitrato de isosorbide. La profilaxis debe continuar de manera indefinida.

La presión ocasionada por el vómito produce laceraciones de Mallory-Weiss de la mucosa, cerca de la unión gastroesofágica. Este síndrome es una causa común de hemorragia del tubo digestivo alto en los pacientes alcohólicos y es difícil de diferenciar de las várices sangrantes.


1. Wilcox CM, Alexander LN, Straub RF, et al. A prospective endoscopic evaluation of the causes of upper GI hemorrhage in alcoholics: A focus on alcoholic gastropathy. Am J Gastroenterol 1996;91:1343-1347.
2. Grace NC. Diagnosis and treatment of gastrointestinal bleeding secondary to portal hypertension, ACG draft guidelines, en American College of Gastroenterology: Practice Parameters Resource Manual 1996. Arlington, Va., American College of Gastroenterology, 1996.


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