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El anuncio alarmante: "Encontré sangre en el retrete" puede ser indicio de diagnósticos que van desde las simples hemorroides hasta padecimientos que ponen en peligro la vida. ¿Qué pruebas son eficaces en función de su costo? ¿Dónde hay que empezar y cuándo hay que detenerse?
Un estudio realizado en Gran Bretaña informó que menos de una tercera parte de los pacientes buscó atención médica después de descubrir la presencia de rectorragia menor.1 Las personas que buscaron atención tardaron dos semanas o más. Entre los participantes del estudio, aquéllos que observaron sangre mezclada con las heces consideraron que esto era más grave que la presencia de sangre en el papel sanitario y hubo más probabilidades de que consultaran al médico. Los pacientes tienden a exagerar la cantidad de sangre evacuada, pero la evidencia de rectorragia debe evaluarse de inmediato.
LOCALIZACION DEL SITIO DE HEMORRAGIA
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Aunque de manera característica la melena se origina en el tubo digestivo alto, también puede ser causada por hemorragia de una lesión localizada en el yeyuno, el íleon o el colon ascendente. Para que se observe una sola evacuación melénica es necesario que el volumen sea de por lo menos 50-60 mL. La característica pegajosa de la melena verdadera la distingue de las evacuaciones negras que pueden ser causadas por la ingestión de productos que contienen bismuto o hierro.
La hemorragia aguda profusa se define como la pérdida rápida de grandes volúmenes (más de tres unidades) de sangre en menos de tres días. Este tipo de rectorragia ocurre en una minoría de pacientes. El paciente con evacuaciones que contienen grandes cantidades de sangre roja brillante, pérdida del estado de vigilia o hipotensión en decúbito sufre una hemorragia que pone en peligro la vida.
La primera prioridad es estabilizar al paciente. Determine los signos vitales e inspeccione la piel y las mucosas en busca de palidez o signos de estado de shock. Envíe una muestra de sangre para tipificación y pruebas cruzadas de manera que la transfusión de sangre pueda realizarse sin retraso. Mantenga una vena permeable y reponga el volumen sanguíneo con concentrados de eritrocitos y plasma fresco congelado. La evaluación diagnóstica puede comenzar cuando el paciente está estable o, en algunos casos, durante los procedimientos de reanimación. Envíe muestras de sangre para una biometría hemática, una química sanguínea y pruebas de coagulación (recuento de plaquetas, tiempo de protrombina y tiempo parcial de tromboplastina). Solicite pruebas de funcionamiento hepático: bilirrubinas, fosfatasa alcalina, albúmina, aspartato aminotransferasa y alanina aminotransferasa. Determine periódicamente la hemoglobina y el hematócrito.
No se debe subestimar la gravedad de la hemorragia cuando el hematócrito parezca normal. El hematócrito disminuye hasta que el líquido extravascular entra al espacio vascular para restaurar el volumen, lo cual puede tardar 24-72 horas.
Origen de la hemorragia en el tubo digestivo bajo
El tubo digestivo bajo es el origen probable de una hemorragia aguda importante. En primer
lugar, investigue si existen lesiones perianales que sangren de forma profusa, tales como
fisuras anales, hemorroides o várices, y después sospeche la posibilidad de divertículos
sangrantes del colon (véase «Hemorroides, un
problema muy frecuente»). La hematoquezia causada por hemorroides es alarmante para el
paciente, pero en raras ocasiones es grave. De manera característica, la sangre se encuentra
en el papel sanitario, salpicada en el retrete o en las heces. Las fisuras anales suelen
acompañarse de dolor; por lo general, las fisuras
anales y las hemorroides se acompañan de
pujo y evacuaciones duras. La proctitis ulcerosa
puede ser confundida con hemorroides o fisuras debido a que se manifiesta por hematoquezia
en las evacuaciones o en el papel sanitario. Sin embargo, el paciente con proctitis presenta
moco teñido de sangre o diarrea sanguinolenta.
Mientras que la diverticulosis es más frecuente en la porción distal del colon que en la proximal, la hemorragia diverticular se origina de manera característica en la porción proximal (Figuras 2 y 3). Sólo en raras ocasiones la hemorragia profusa se relaciona con diverticulitis aguda o con dolor. No es frecuente que la hemorragia profusa aguda sea causada por pólipos colorrectales, sobre todo en pacientes mayores de 40 años de edad, pero la hematoquezia crónica intermitente es un signo más frecuente.
La angiodisplasia o la ectasia vascular pequeña suelen ser idiopáticas o relacionarse con estenosis aórtica y deben tomarse en cuenta como posibles causas de hemorragia aguda en los ancianos o en los pacientes con telangiectasia hemorrágica hereditaria (Síndrome de Rendu- Osler- Weber), cardiopatía o insuficiencia renal crónica (Figura 4). Las lesiones pueden localizarse en cualquier sitio del intestino, pero son más frecuentes en el ciego y el colon ascendente. No producen dolor y pueden ser difíciles de detectar.
Cuando la colitis isquémica es la causa de la hemorragia aguda, los pacientes a menudo presentan diarrea y dolor cólico. Los factores de riesgo incluyen edad avanzada, enfermedad vascular arteriosclerótica y antecedentes de cirugía abdominal mayor. La enfermedad inflamatoria del intestino crónica (enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa) puede ser causa de hemorragia seria.
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Los leiomiomas, neoplasias benignas del intestino delgado, suelen ser asintomáticos, pero pueden manifestarse como hemorragia profusa que pone en peligro la vida. Este fue el caso de un hombre de 90 años de edad que presentó una rectorragia profusa.2 El arteriograma mostró hemorragia importante de la rama yeyunal de la arteria mesentérica superior (probablemente una malformación arteriovenosa); el estudio histopatológico confirmó el diagnóstico de leiomioma. Por otra parte, la malformación vascular de Dieulafoy (prominencia de una arteria anormalmente grande de la submucosa a través de un defecto en la mucosa del estómago) es rara, pero puede causar una hemorragia fatal o una hemorragia gástrica oculta.
Hemorragia crónica
La rectorragia crónica se define como la presencia de
evacuaciones con sangre durante un periodo de varios días o más tiempo. La
cronicidad implica una pérdida de sangre intermitente o lenta, a veces alternada con cuadros
ocasionales de evacuaciones negras o color marrón o de pequeñas cantidades de sangre
roja visible.
Casi todas las lesiones que causan hemorragia aguda pueden producir también hemorragia crónica. El hematócrito bajo no siempre limita el diagnóstico a una hemorragia aguda, ya que pueden perderse muchos litros de sangre durante el curso de una hemorragia crónica.
La hematoquezia escasa crónica indica hemorragia de algún sitio del tubo digestivo bajo: ano, recto o parte distal del colon. La presencia de manchas o gotas de sangre después de la defecación hace pensar en una lesión anal, como hemorroides o una fisura anal. Las estrías de sangre en las heces formadas indican un origen rectal o en la porción distal del colon. La melena intermitente, crónica, a menudo implica una lesión en el tubo digestivo alto.
USO OPTIMO DE LOS PROCEDIMIENTOS DIAGNOSTICOS
Cómo formular las preguntas correctas
Obtenga la información pertinente acerca de
cuadros previos de hemorragia del tubo digestivo, úlceras pépticas, otras enfermedades
concomitantes y alcoholismo
(véase "Problemas
especiales causados por el alcohol"). ¿Existe el
antecedente de cirugía abdominal o de radiación a la pelvis?
¿Hay antecedente de cáncer de
colon en la familia? ¿Padece el paciente otras
afecciones, como la enfermedad inflamatoria del intestino o enfermedades vasculares?
¿Toma el paciente fármacos antiinflamatorios
no esteroideos (AINES)?
(Véase "Aines, warfarina y
hemorragia del tubo digestivo").
¿Cuál es la duración y la calidad de la hemorragia? ¿Cuál es el color de la sangre? ¿Se encuentra en la superficie de las heces o mezclada con ellas? ¿Ha experimentado el paciente alguno de los síntomas siguientes?:
Explore la nasofaringe para excluir a la nariz y la faringe como el origen de la rectorragia y busque también telangiectasias orales. Investigue si hay datos de enfermedad ácido péptica, cirrosis hepática y vea si hay dolor a la palpación del epigastrio. Algunas causas de hemorragia, tales como colitis infecciosa o isquémica y enfermedad inflamatoria del intestino, producen dolor a la palpación abdominal, y en los pacientes con tumores o enfermedad de Crohn es posible palpar una masa abdominal.
Clasificación del riesgo
Los antecedentes y el cuadro clínico son cruciales
para determinar con seguridad cuándo terminar la evaluación del paciente con rectorragia.
Por ejemplo, cuando el paciente con hemorroides demostrables es menor de 40 años de edad y no
tiene antecedentes familiares o factores de riesgo para cáncer colorrectal o colitis, trate las
hemorroides. Cuando la hemorragia y otras manifestaciones desaparecen en 2-3 semanas, la
evaluación podría interrumpirse en ese momento. Saber cuando terminar la evaluación
depende de la descripción de la hemorragia y la
presencia de otros síntomas. Las lesiones polipoides pueden sangrar de forma intermitente y, por
consiguiente, los pacientes requieren de una vigilancia continua.
Por ejemplo, cuando el paciente tiene 20 años de edad y ha presentado diarrea sanguinolenta durante tres meses, se justifica una evaluación adicional, independientemente de si hay hemorroides o no. Cuando el paciente es de mayor edad y los datos encontrados en la exploración física son mínimos, como la presencia de algunas hemorroides que no explican la cantidad de sangre perdida, debe continuarse con la evaluación. Cuando existen factores de riesgo mínimos, debe limitarse la evaluación a una sigmoidoscopia con endoscopio flexible, tratar las hemorroides y revisar al paciente en una semana. Si la hemorragia ha cesado y la exploración sigmoidoscópica es normal, concluya la evaluación en ese momento. No hay necesidad de practicar una colonoscopia.
Si, por otra parte, el paciente de mayor edad tiene padres, hermanos u otro pariente cercano con cáncer colorrectal y no presenta hemorroides importantes, proceda directamente a practicar una colonoscopia. A largo plazo, éste es el único procedimiento definitivo que permite diagnosticar y tratar la enfermedad con la mejor relación costo-eficacia.
En los ancianos, no interrumpa el estudio sólo por haber encontrado hemorroides o fisuras sangrantes. Otros sitios de hemorragia importantes pueden pasar inadvertidos fácilmente. En una mujer de 62 años de edad con rectorragia recurrente y cirrosis hepática, casi fue pasada por alto una lesión colónica.3 En esta paciente se encontraron hemorroides con prolapso de la mucosa, pero cuando se realizó la colonoscopia, se observó hemorragia espontánea de una lesión colónica por hipertensión porta a 9 cm del ano.
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En los ancianos,
no interrumpa el estudio sólo por haber encontrado hemorroides o fisuras sangrantes. Otros sitios de hemorragia importantes pueden pasar inadvertidos fácilmente. |
Las fisuras anales se extienden desde el esfínter anal hasta el conducto anal. Para identificar fisuras anales debe estirarse la mucosa anal. Cuando no se encuentra un sitio de la hemorragia convincente en la porción anorrectal o en el colon sigmoides, la evaluación debe continuar hasta que el sitio de la hemorragia sea localizado. Algunos expertos señalan que la gammagrafía seguida de angiografía puede preceder a la colonoscopia, o que los dos estudios pueden remplazar a la colonoscopia cuando la cantidad de sangre es tan grande que esta última no puede realizarse. Otros insisten en que primero se realice la colonoscopia y que los estudios no invasores se utilicen en el caso de hemorragia persistente cuando la colonoscopia no permita establecer claramente el origen.
La gammagrafía es un estudio no invasor que detecta hemorragia activa de hasta 0.1mL por minuto. No es necesario mantener al paciente en ayuno, y el procedimiento tarda 1-2 horas. Al paciente se le inyectan eritrocitos marcados con tecnecio Tc-99m, los cuales se salen de los vasos y se acumulan en la luz intestinal en el sitio de la hemorragia activa. La precisión del estudio para localizar el sitio de hemorragia ha mejorado recientemente a través del uso de cinemática en lugar de la imagen estática.4
Indicaciones para la colonoscopia
Cuando el resultado del gammagrama es negativo y se considera que la hemorragia ha
cesado, de todas maneras debe localizarse el sitio. La angiografía puede omitirse y proceder
directamente a la colonoscopia. La eliminación
de la angiografía está justificada porque el
personal experto de radiología debe estar disponible en cualquier momento para realizar el
procedimiento. Además, los pacientes pueden
presentar reacciones alérgicas o nefrotoxicidad por el material
de contraste. En condiciones ideales y para la colonoscopia
electiva, el colon es preparado antes de la endoscopia. Uno de
los riesgos de la colonoscopia de urgencia (menos de 0.5%) es
la perforación del colon no preparado que presenta una
hemorragia activa. La exploración del colon sin preparación
es difícil, pero a veces puede observarse una zona delimitada
en la porción proximal por heces libres de sangre y en la
porción distal por líquido o sangre coagulada. Cuando se sospecha la posibilidad de colitis,
es preferible la preparación
intestinal con solución de electrólitos equilibrada o incluso no
efectuar preparación alguna.
La colonoscopia urgente se recomienda para visualizar malformaciones arteriovenosas y divertículos sangrantes, cau sas más frecuentes de hemorragia aguda profusa, sobre todo en los ancianos. Cuando no se descubren lesiones, se debe volver a explorar antes de que vuelva a ocurrir la hemorragia. La endoscopia oportuna (en las primeras 24 horas de la hemorragia) se justifica en pacientes con enfermedad hepática conocida, sospecha de hipertensión porta, sospecha de fístula aortoentérica y hemorragia recurrente.
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Casi todos los expertos recomiendan la endoscopia alta urgente (después de la reanimación) en todos los casos de hemorragia aguda profusa a pesar de que no haya sangre en el aspirado gástrico, excepto en aquellos pocos pacientes en que la hemorragia es tan rápida que requieren de intervención quirúrgica de urgencia. La endoscopia proporciona información sobre el origen y la velocidad de la hemorragia: si es arterial, si proviene de múltiples vasos, si hay estigmas de hemorragia reciente y si hay un vaso visible en la base de una úlcera. Es poco probable que las úlceras con bases limpias vuelvan a sangrar, pero la presencia de un vaso visible puede relacionarse con hemorragia continua o recurrente, y 50% de tales úlceras requieren de cirugía urgente (Figura 7).5
Cuando la endoscopia alta es negativa, puede continuarse con una serie radiográfica del intestino delgado, una enteroscopia o una enteroclisis, que es un estudio radiográfico del intestino delgado con un tipo especial de infusión con mayor sensibilidad que un estudio con bario. El radiólogo introduce una pequeña sonda por la boca o la nariz hasta la unión duodenoyeyunal. El bario es administrado directamente en el intestino delgado, seguido de una solución de metilcelulosa. La infusión se lleva cabo bajo visualización fluoroscópica. El efecto de doble contraste de la enteroclisis muestra el detalle de la mucosa y la superposición de las asas del intestino. La enteroclisis no debe realizarse cuando se sospecha que existe una fístula aortoentérica.
La hemorragia del tubo digestivo alto suele ceder espontáneamente, momento en el cual se puede realizar la endoscopia electiva. Cuando la visualización de la lesión buscada se dificulta por hemorragia activa o coágulos, puede realizarse una angiografía. Para detectar extravasación activa, la velocidad de la hemorragia debe ser de por lo menos 0.5 mL por minuto.6
Hemorragia idiopática
A veces, el origen de la hemorragia recurrente e intermitente es difícil de precisar. La salida
de heces voluminosas de color marrón obliga a
observar el aspirado gástrico para la búsqueda
del sitio de hemorragia en el tubo digestivo alto, pero, ¿cómo proceder cuando el aspirado
es negativo para sangre? En este caso, considere la endoscopia alta antes de proceder con la
colonoscopia. La endoscopia alta puede realizarse en algunos minutos y suele ser bien
tolerada por el paciente. Cuando muestra el sitio de la hemorragia, se evita el uso de la
colonoscopia. Cuando no revela nada, puede excluirse el tubo digestivo alto como fuente de
la hemorragia.
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En casos de hemorragia recurrente del tubo digestivo de causa desconocida, puede realizarse la enteroscopia por presión o sondeo para explorar el intestino delgado hasta el yeyuno. Para la enteroscopia por presión, puede usarse un colonoscopio pediátrico o un enteroscopio de presión exclusivo. Cuando esas técnicas no muestren el origen de la hemorragia, considere la enteroscopia transoperatoria, en la que el cirujano introduce un colonoscopio en todo el intestino mientras el endoscopista visualiza el interior. Las angiodisplasias del intestino delgado pueden identificarse por medio de la combinación de la visualización endoscópica intraluminal directa y la visualización endoscópica transluminal.
Por otra parte, los siguientes tratamientos y enfermedades en raras ocasiones dan como resultado rectorragia de origen dudoso. Para establecer su causa es necesario realizar una historia clínica completa.
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PREPARADO POR DOROTHY PENNACHIO
Editora adjunta |
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2. Beajow M, Singh HK, Wiese DA, et al: Bleeding jejunal leiomyoma:
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3. Ohta M, Hashizume M, Kishihara F, et al: Recurrent rectal
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Copyright © 1997 de la traducción al español ( Patient Care, 15 de octubre de 1996) por Intersistemas, S.A. de C.V., México. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial o total en cualquier medio o idioma sin la previa autorización por escrito de Intersistemas, S.A. de C.V.