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DRA. ANNE L. DAVIS, DR. DAVID L. HAHN, DR. MICHAEL S.
NIEDERMAN, DR. EDWARD J. O'CONNELL



BRONQUITIS AGUDA EN NIÑOS Y ADULTOS


¿Cuándo no hay que prescribir antibióticos para la bronquitis aguda y cuándo es indispensable prescribirlos? ¿Son útiles los broncodilatadores? ¿Cuál es el siguiente paso cuando la tos es persistente? Estas preguntas nos hacen dudar, pero tienen respuesta.











Pese a que la bronquitis aguda sigue siendo uno de los problemas más frecuentes en la atención primaria, poco se sabe acerca de su etiología. Ni siquiera sabemos cuál es el porcentaje de casos causados por bacterias y por virus. Por consiguiente, nunca se ha delineado un tratamiento óptimo.

En vista de que se sospecha que muchos casos son causados por virus y de la resistencia creciente a los antibióticos, algunos infectólogos se oponen en la actualidad al uso de antibióticos en todos los casos de bronquitis aguda. Al mismo tiempo, se reconoce más la función que desempeñan los patógenos atípicos en la bronquitis aguda. Además, el fenómeno de la tos que persiste durante varias semanas después de un cuadro de bronquitis aguda infecciosa está ganando más atención como una manifestación posible de hiperreactividad de las vías respiratorias.



DIAGNOSTICO
No existe una definición aceptada universalmente de bronquitis aguda (Véase «Definición de bronquitis aguda»). El diagnóstico se basa en la información obtenida por medio del interrogatorio y de la exploración física. A menudo no es necesario practicar otras pruebas.

Definición de bronquitis aguda

Pese a que no existe una definición universalmente aceptada para la bronquitis aguda, una descripción aceptable es una inflamación aguda, y habitualmente transitoria, del árbol traqueobronquial. Ocurre más a menudo en respuesta a un agente infeccioso, pero también puede desarrollarse después de inhalar toxinas, irritantes o vapores nocivos, o con el uso de ciertos fármacos, principalmente los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina.

En los cuadros infecciosos, el descenso de un virus o de otro microorganismo a las vías respiratorias bajas causa inflamación epitelial e irritación de los receptores de la tos. La lesión a la membrana mucosa que reviste al árbol traqueobronquial desencadena una serie compleja de sucesos celulares y moleculares que terminan en hiperemia e inflamación del bronquio, así como infiltración de la mucosa con leucocitos y secreción de exudado mucopurulento. Las células ciliadas suelen resultar lesionadas, y el funcionamiento de los fagocitos y los linfocitos suele estar afectado. Al disminuir las defensas del huésped, las bacterias pueden atravesar la mucosa y provocar más lesiones.



ASESORES DE ESTE ARTICULO
DRA. ANNE L. DAVIS. Profesora adjunta de medicina clínica, New York University Medical Center, directora de la clínica de enfisema y médica del servicio de neumología, Bellevue Hospital Center, Ciudad de Nueva York.
DR. DAVID L. HAHN. Director médico, Dean Foundation for Health, Research and Education, Madison, Wis.
DR. MICHAEL S. NIEDERMAN. Profesor adjunto de medicina, State University of New York at Stony Brook School of Medi cine, y director de la subsección de medicina crítica, división de neumología y medicina crítica, Winthrop-University Hospi tal, Mineola, N.Y.
DR. EDWARD J. O'CONNELL. Profesor de pediatría, Mayo Graduate School of Medicine, Rochester, Minn.




Interrogatorio y exploración física

¿Cuánto tiempo ha durado la tos? ¿El paciente ha faltado al trabajo o a la escuela, o ha tenido fiebre elevada? ¿La tos fue precedida por una infección de las vías respiratorias altas ( IVRA ), o comenzó repentinamente sin antecedentes? ¿El paciente padece una infección crónica de las vías respiratorias? (Véase el siguiente artículo:«Exacerbación de la bronquitis crónica»).

Si la tos es productiva, ¿cuáles son las características del esputo? Como regla general, el esputo blanco o mucoide es más compatible con una etiología viral que con una bacteriana. Si el esputo cambia de color o aparece fiebre, vale la pena considerar la posibilidad de una superinfección bacteriana, aunque muchos especialistas refieren que esto no es común.

Un signo clínico importante es la transición de una tos productiva a una tos seca, ya que esto hace pensar que la tos es causada por hiperreactividad de las vías respiratorias, no necesariamente por un proceso infeccioso.

Los síntomas característicos de la bronquitis aguda (tos productiva, febrícula) se acompañan algunas veces de estertores roncantes y sibilantes difusos. Sin embargo, son raros los signos focales. Esto permite distinguir a la bronquitis aguda de la neumonía.



Cuándo solicitar pruebas
La decisión de solicitar una radiografía del tórax para el paciente cuando se sospecha que se trata de bronquitis aguda es cuestión de criterio basado en la historia clínica. Cuando existe el antecedente de una IVRA reciente con ardor faríngeo y coriza, casi nunca está indicado obtener una radiografía del tórax de inmediato.

Por otro lado, la radiografía del tórax está indicada cuando los síntomas han persistido durante más de dos semanas o cuando otro aspecto del interrogatorio o de la exploración física indica con firmeza que existe la posibilidad de neumonía, como signos focales a la auscultación del tórax, fiebre elevada o disnea intensa. La radiografía del tórax es necesaria también cuando existe alguna enfermedad subyacente que condicione que las posibles consecuencias de la neumonía sean más serias que en las personas que no padecen otras enfermedades.

La utilidad de la tinción de Gram del esputo es discutible. En casi todos los casos de bronquitis aguda, ésta no proporciona información. Aun cuando el paciente sea capaz de expectorar, la contaminación con flora de la cavidad oral a menudo invalida los resultados. Sin embargo, algunos médicos consideran que la tinción de Gram de una muestra del esputo permite identificar ocasionalmente a un microorganismo predominante, lo cual contribuye a tomar decisiones terapéuticas.

Las pruebas diagnósticas se utilizan incluso menos frecuentemente en niños, ya que la mayoría no es capaz de producir una muestra de esputo, y el cultivo faríngeo casi nunca proporciona información importante acerca de la tos. La biometría hemática con diferencial ofrece poca información útil. Es probable que no sea necesaria la radiografía del tórax, a menos que se encuentren signos locales al auscultar el tórax.



Causas probables, nuevas y antiguas
Debido a la tendencia a no prescribir antibióticos a muchas personas que experimentan bronquitis aguda (aun a aquéllas con infecciones bacterianas), está disminuyendo la importancia de identificar al agente etiológico. Muchos casos son causados indudablemente por Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae, y un porcentaje sustancial puede ser causado por virus o por microorganismos atípicos.

Las infecciones de las vías respiratorias causadas por Chlamydia pneumoniae y Mycoplasma pneumoniae son comunes aparentemente en la población general, sobre todo en los jóvenes. Aunque muchas de estas infecciones son leves o asintomáticas, otras son más serias. Varios microorganismos atípicos han sido relacionados con obstrucción bronquial y sibilancias, y se sospecha que puedan precipitar bronquitis asmática o asma de inicio en el adulto en algunos pacientes.1

La tos paroxística, sobre todo si se acompaña de estridor o de vómito, debe hacer pensar en tos ferina. La incidencia de tos ferina está aumentando en niños y ancianos, y los adultos jóvenes la padecen más frecuentemente de lo que se creía.



TRATAMIENTO

Casi todos los casos de bronquitis aguda se resuelven sin antibióticos, y no se sabe con certeza cuál es el beneficio del tratamiento farmacológico, si es que existe alguno. En los pocos estudios aleatorios controlados que se han realizado sobre antibióticos en casos de bronquitis aguda no se ha encontrado evidencia convincente de que la antibioticoterapia acelere la resolución de la tos o de la expectoración ni de que permita que los pacientes regresen al trabajo más pronto.2 En general, los estudios que muestran beneficios han sido pequeños o han incluido pacientes que probablemente padecían neumonía atípica, bronquitis crónica, una forma más complicada de bronquitis aguda, o eran mayores de 55 años de edad.3

Los médicos que no están convencidos de la eficacia de los antibióticos en casos de bronquitis aguda no complicada rehusan utilizarlos además por causa de la resistencia a los antibióticos de algunos microorganismos como S. pneumoniae y H. influenzae, que es cada día mayor.4 También hay que tener en cuenta los efectos colaterales de los antibióticos. Por otro lado, casi todos los médicos tienen pacientes que insisten en tomar antibióticos. Es conveniente individualizar cada caso.



La decisión de prescribir antibióticos o no
A menudo resulta seguro no prescribir antibióticos, por lo menos inicialmente, en casos de bronquitis aguda cuando el paciente es joven, no padece otras enfermedades y acaba de presentar una ira, sobre todo cuando la tos ha durado dos semanas o menos. Incluso en un paciente de edad avanzada que padece una cardiopatía, por ejemplo, puede ser seguro vigilarlo y esperar unos cuantos días sin antibióticos, siempre y cuando no haya fiebre ni signos de neumonía.

Fármacos mencionados
en este artículo

    Acetaminofén
    Acido acetilsalicílico
    Amoxicilina
    Azitromicina
    Claritromicina
    Doxiciclina
    Eritromicina
    Metaproterenol
    Pirbuterol
    Prednisolona
    Prednisona
    Salbutamol, aerosol
    Salbutamol, jarabe y
    solución para inhalación
    Teofilina
    Tetraciclina
    Trimetoprim/
    sulfametoxazol

Este método a menudo provoca un enfrentamiento entre médicos y pacientes. Casi todos los pacientes que buscan atención médica por causa de bronquitis aguda desean y esperan un antibiótico. Esto puede constituir una oportunidad para explicarles el desarrollo de resistencia a los antibióticos y lo que ocurre cuando se utilizan demasiado estos medicamentos. Infórmeles que usted tiene la obligación de prescribir un antibiótico sólo cuando sea probable que resulte útil. Esto no es aplicable en la bronquitis aguda porque muchos de los casos son virales, no responden al tratamiento con antibióticos y se resuelven espontáneamente. Asegúrele al paciente que casi todas las bronquitis bacterianas desaparecen sin antibióticos y recuérdeles que es probable que los antibióticos ejerzan efectos colaterales serios.

Estos principios se aplican también a los niños con tos que aparece al mismo tiempo que una IVRA o inmediatamente después. Muy pocos niños que experimentan bronquitis aguda obtienen beneficios de los antibióticos debido a que la gran mayoría de infecciones respiratorias son virales. No obstante, casi todos los padres creen que la tos intensa requiere de un tratamiento con antibióticos, y usted deberá tomarse unos cuantos minutos para explicarles por qué esto no es verdad. Asegúreles a los padres que usted permanecerá en contacto estrecho en caso de que el estado del niño no mejore o empeore.



Tratamiento con antibióticos
Si usted desea tratar con antibióticos a un paciente que experimenta bronquitis aguda, la elección del antibiótico dependerá en gran medida de la probabilidad de infección con un microorganismo atípico. Si la infección parece ser relativamente leve y el paciente no ha tomado algún antibiótico recientemente, bastará con dosis estándar de tetraciclina (excepto en niños y en mujeres embarazadas), amoxicilina o trimetoprim/sulfametoxazol. Los pacientes suelen cumplir con estos tratamientos.

Si usted sospecha que se trata de una infección causada por Moraxella catarrhalis, M. pneumoniae o C. pneumoniae, las posibilidades terapéuticas son la tetraciclina y la eritromicina. Una alternativa es un macrólido de espectro más amplio, como la claritromicina o la azitromicina, que aunque son más costosos pueden ser una buena opción debido a su actividad contra H. influenzae.

En las personas que no padecen otras enfermedades, basta con un tratamiento durante 7 -10 días. Para los pacientes con enfermedades pulmonares crónicas o antecedentes de cuadros prolongados de bronquitis aguda suele recomendarse un tratamiento durante 10-14 días.

Si se trata de una infección bacteriana, la mejoría debe ser aparente después de 1-2 días de haber iniciado el tratamiento. Sin embargo, es imposible saber si ése hubiera sido el curso natural de la infección o si el antibiótico aceleró la recuperación. Es posible que una infección viral comience a mejorar con la misma rapidez.



Tratamiento de sostén
Aun cuando los antibióticos no están indicados en muchos casos de bronquitis, a menudo son necesarias otras medidas para que el paciente se sienta cómodo. Para la fiebre y el dolor se utilizan el ácido acetilsalicílico, el acetaminofén y los fármacos antiinflamatorios no esteroideos. El ácido acetilsalicílico no debe prescribirse a niños menores de 18 años debido a su posible relación con el síndrome de Reye cuando se ha administrado para una infección viral previa.

Las opiniones acerca de la utilidad de los supresores de la tos están divididas. Algunos especialistas señalan que el hecho de expectorar las secreciones inflamatorias es más benéfico que suprimir la tos. No obstante, cuando el sueño es alterado seriamente, es conveniente prescribir un supresor de la tos simple o uno que contenga codeína para la hora de acostarse. Además, los supresores son más útiles cuando la tos no es productiva y es irritante. Algunos médicos consideran que los supresores de la tos son más útiles para los niños que para los adultos. También resulta eficaz un remedio casero de glicerina, miel y limón.

En vez de supresores de la tos, muchos médicos prescriben broncodilatadores debido a que ayudan a eliminar las secreciones y disminuyen la tos. Los broncodilatadores son particularmente útiles para los pacientes cuya tos se acompaña de sibilancias o que han experimentado disnea durante el cuadro agudo. Además, los broncodilatadores desempeñan una función importante cuando la tos deja de ser productiva para convertirse en una tos seca, no productiva, que indica irritabilidad bronquial.

A menudo se utiliza un inhalador de dosis medidas que contenga salbutamol. Algunas alternativas son el metaproterenol y el pirbuterol en aerosol. Hay poca información disponible para apoyar el uso de los broncodilatadores, y es imposible saber con anticipación cuáles pacientes obtendrán beneficios a partir de estos fármacos, aunque muchos los obtienen. El inhalador se utiliza p.r.n., o 3-4 veces al día, hasta que la tos se resuelve.

Durante los cuadros de bronquitis aguda, algunos pacientes con antecedentes de asma o de otras enfermedades crónicas de las vías respiratorias obtienen ventajas de los corticosteroides sistémicos, o de dosis más altas de estos medicamentos cuando ya forman parte del régimen terapéutico.



Medicamentos para los niños
Los broncodilatadores se utilizan también para controlar la tos en niños que experimentan bronquitis aguda. El jarabe de salbutamol se emplea más a menudo como tratamiento de primera línea, y el metaproterenol constituye otra alternativa. La dosis habitual del salbutamol para niños de 2-6 años de edad es de 0.1 mg/kg de peso corporal tres veces al día. Esta dosis inicial no debe ser mayor de 2 mg (una cucharadita) tres veces al día. A los niños de seis a 14 años de edad, adminístreles 2 mg (una cucharadita) tres o cuatro veces al día. La dosis habitual del metaproterenol para niños menores de seis años es de aproximadamente 1.3 a 2.6 mg/kg diariamente dividida en varias tomas. A los niños de seis a nueve años de edad, que pesan menos de 30 kg, prescríbales una cucharadita tres o cuatro veces al día. A los niños de nueve años de edad o mayores, que pesan más de 30 kg, adminístreles dos cucharaditas tres o cuatro veces al día. Estos fármacos pueden provocar irritabilidad, temblor y problemas de sueño en algunos niños.



El tratamiento con nebulizaciones
está indicado en los niños cuya tos
es seria, ocurre de noche o provoca vomito



El tratamiento con nebulizaciones de metaproterenol o salbutamol está indicado en los niños cuya tos es seria, ocurre de noche o provoca vómito. Un broncodilatador administrado por medio de un inhalador de dosis medidas constituye una alternativa a partir de los 7-8 años de edad.

Aun cuando habitualmente resulta seguro suspender la administración de un broncodilatador cuando la tos se resuelve, algunas veces vuelven a ocurrir periodos de broncospasmo después de otras IVRAS. A menudo, a los padres les preocupa que el uso de estos fármacos implique que el niño padece asma, pero es más exacto describir el problema como broncospasmo inducido por una infección y la tos como una manifestación de este padecimiento.

Cada vez se utilizan más los supresores de la tos que contienen codeína en niños con bronquitis aguda, y es posible combinarlos de manera segura con un broncodilatador. Estos fármacos resultan particularmente útiles para controlar la tos nocturna.

Cuando son necesarias otras medidas debido a que el niño no duerme bien, falta mucho a la escuela o no tolera bien el ejercicio, está indicado un tratamiento breve con prednisona o con prednisolona. La dosis habitual es de 1-2 mg/kg/d durante cinco días o menos.

Casi nunca se utilizan los expectorantes en niños con bronquitis aguda, ya que existe poca evidencia de que vuelvan a las secreciones menos espesas. Sin embargo, los broncodilatadores y los corticosteroides permiten que las secreciones sean menos espesas, lo cual se demuestra al observar que los pacientes suelen expectorar copiosamente después de iniciar el tratamiento. El hecho de incrementar la ingesta de líquidos contribuye también a que las secreciones se vuelvan menos espesas.



SEGUIMIENTO


Permanezca en contacto con el paciente que padece bronquitis aguda además de enfermedades pulmonares o cardiacas crónicas, haciendo caso omiso de si utiliza antibióticos para el cuadro agudo. Es indispensable vigilarlo para detectar neumonía, hipoxemia u otros signos de complicaciones. Incluso cuando el paciente no experimente complicaciones durante su recuperación, pídale que asista a consulta cuando termine el cuadro para verificar que se haya resuelto y ver si existen problemas residuales.

No es necesario vigilar la evolución de los pacientes con bronquitis aguda que no padecen otras enfermedades y que muestran signos de mejoría continua unos días después de hacer el diagnóstico. Casi todos pueden retornar a sus actividades normales en cuanto se sienten bien, habitualmente después de unos días. Sin embargo, es mejor evitar el ejercicio aeróbico enérgico hasta que la tos comience a mejorar.

Si un paciente con bronquitis aguda no muestra signos de mejoría en los primeros tres días, es posible que sean necesarias otras medidas. El primer paso consiste en reevaluar el diagnóstico. Ese puede ser el momento para obtener una radiografía del tórax con el fin de descartar la posibilidad de neumonía. En ese momento, algunos médicos practican un examen del esputo en los adultos, aunque la información que proporciona suele ser escasa.

Además, reconsidere el diagnóstico cuando la tos sea persistente. Pregunte si ha habido signos de infecciones de las vías respiratorias altas o de los senos paranasales, así como escurrimiento nasal posterior. Examine los cornetes y pregunte si existen desencadenantes alérgicos. Vale la pena efectuar una prueba con un descongestionante si hay evidencia de sinusitis. Los antihistamínicos son útiles cuando existe un componente alérgico, pero considere los posibles efectos colaterales y las interacciones farmacológicas. Tenga presente la posibilidad de que se trate de reflujo gastroesofágico, sobre todo si los síntomas ocurren casi exclusivamente cuando el paciente se encuentra acostado.5




Para confirmar la sospecha de bronquitis asmática,
determine el índice de flujo espiratorio máximo antes
y después de inhalar un broncodilatador.





El tratamiento con antibióticos merece consideración más seria cuando la bronquitis aguda dura 7-10 días sin signos de mejoría y no se encuentra otra causa para la tos. ¿El paciente presenta moco nasal purulento o fiebre? Elija un antibiótico de acuerdo con los criterios que ya han sido analizados. Cuando la evolución clínica sea poco habitual, envíe al paciente al especialista indicado.

A muchos pacientes fumadores les resulta difícil inhalar el humo del cigarrillo cuando experimentan bronquitis aguda. Por tanto, ese es un buen momento para renovar sus esfuerzos e insistir en que dejen de fumar.


¿SE TRATA DE BRONQUITIS ASMATICA?


La bronquitis asmática aguda, conocida también como hiperreactividad de las vías respiratorias, está recibiendo cada vez más atención por parte de los médicos. Según los especialistas, la bronquitis asmática debe ser considerada cuando la tos es refractaria, seca y persiste durante un mes o más después de un cuadro de bronquitis aguda. Es posible que la tos se acompañe de disnea o de sibilancias y que sea muy intensa de noche. En estos casos no hay fiebre ni expectoración purulenta. Puede ser que el paciente haya experimentado cuadros similares, pero no suele haber antecedentes de asma. Observe que bronquitis asmática aguda no es sinónimo de bronquitis asmática crónica, la cual se refiere a asma que coexiste con bronquitis crónica.

La definición habitual de bronquitis asmática es una afección aguda que no existía antes del cuadro de bronquitis aguda. Los síntomas semejantes a los del asma desaparecen después de algunos meses en casi todos los pacientes,

Pese a que se han realizado pocos estudios epidemiológicos confiables, la evidencia indica que 15-30% de los casos de bronquitis aguda evolucionan finalmente hasta convertirse en bronquitis asmática, que probablemente constituya un factor de riesgo para el desarrollo de asma crónica. En casi 15% de las personas que padecen bronquitis asmática se desarrolla asma crónica en los cinco años siguientes.





Chlamydia pneumoniae y asma

Muchos infectólogos y neumólogos especulan que las infecciones causadas por Chlamydia pneumoniae conducen al desarrollo de bronquitis asmática en algunos pacientes. En unos cuantos, el broncospasmo continúa durante tres meses o más sin remisión y el paciente satisface los criterios de asma crónica.

Un estudio finlandés realizado recientemente en adul tos de edad avanzada con neumonía adquirida en la comunidad mostró que C. pneumoniae era el único agente responsable o formaba parte de una infección mixta en 43% de los pacientes que ingresaron al hospital por causa de neumonía durante una epidemia de C. pneumoniae.1 C. pneumoniae, que ahora es reconocida como un patógeno común de las vías respiratorias, puede causar hasta 10% de los casos de neumonía durante los años no epidémicos. Probablemente causa también muchos casos de bronquitis aguda.

Además, algunos investigadores sospechan fuertemente que las infecciones causadas por C. pneumoniae son responsables de los casos prolongados de bronquitis aguda en adultos previamente sanos. En algunos de estos pacientes, el padecimiento empeora y, tarde o temprano, evoluciona hacia asma de inicio en el adulto. Por lo menos en un estudio, realizado por el Dr. Davis L. Hahn (uno de los asesores de este artículo) y sus colaboradores, se demostró una fuerte correlación entre la evidencia serológica de una infección reciente causada por C. pneumoniae y el asma de inicio en el adulto.2

El tratamiento con azitromicina, a dosis de 1,000 mg una vez a la semana, o doxiciclina, a dosis de 100 mg dos veces al día durante un promedio de cuatro semanas (de tres a nueve semanas), erradicó los síntomas asmáticos o produjo mejoría sustancial en la limitación al flujo del aire en cerca de la mitad de una serie de 46 pacientes con asma modera o seria que también eran seropositivos para C. pneumoniae.3

El Dr. Hahn señala que ningún estudio aleatorio contro lado con placebo apoya el uso del tratamiento contra las clamidias en pacientes con asma de inicio en el adulto ni en cuadros difíciles de bronquitis aguda. A sabiendas de los riesgos de la antibioticoterapia no justificada, prescribe ocasionalmente un régimen de doxiciclina, a dosis de 100 mg dos veces al día, o de azitromicina, a dosis de 1,000 mg una vez a la semana, durante un mínimo de tres semanas. Afirma que la claritromicina, a dosis de 500 mg dos veces al día, resulta también eficaz. El Dr. Hahn no prescribe la eritromicina por causa de los efectos colaterales digestivos que acompañan al tratamiento prolongado.


1. Kauppinen MT, Herva E, Kujala P, et al. The etiology of community-acquired pneumonia among hospitalized patients during a Chlamydia pneumoniae epidemic in Finland. J Infect Dis 1995;172:1330-1335.

2. Hahn DL, Dodge RW, Golubjatnikov R. Association of Chlamydia pneumoniae (strain TWAR) infection with wheezing, asthmatic bronchitis, and adult-onset asthma. JAMA 1991;266:225-230.

3. Hahn DL. Treatment of Chlamydia pneumoniae infection in adult asthma: A before-after trial. J Fam Pract 1995;41:345-351




Confirmación y tratamiento
Para confirmar la sospecha de bronquitis asmática, determine el índice de flujo espiratorio máximo antes y después de inhalar un broncodilatador. La mejoría en la dificultad respiratoria, en las sibilancias y en la tos dentro de los primeros 20 minutos es un fuerte indi- cio de hiperreactividad de las vías respiratorias. Otra evidencia es la mejoría simultánea en el índice de flujo máximo. Observe que es posible que el flujo máximo no se modifique, sobre todo en la variante del asma que se caracteriza por tos, y que un resultado negativo en esta prueba no necesariamente descarta la posibilidad de que se trate de bronquitis asmática. 6

Un broncodilatador inhalado suele ser la primera elección para tratar la bronquitis asmática. Indíquele al paciente que utilice el inhalador p.r.n. o cada 4-6 horas. Los corticosteroides no suelen ser necesarios a menos que el paciente tenga el antecedente de sibilancias o de asma. La teofilina, que hace una década se prescribía a menudo en estos casos, se utiliza menos frecuentemente en la actualidad.

Cada vez hay más evidencia de infecciones causadas por C. pneumoniae, M. pneumoniae y virus como desencadenantes de la bronquitis asmática. No obstante, los pacientes han sido tratados a menudo con antibióticos y no se observa gran mejoría. Esto confirma que es necesario atender el componente broncospástico del asma, no el infeccioso.

Sin embargo, la aplicación clínica de estos resultados preliminares es problemática. Por ejemplo, resulta imposible determinar si los antibióticos son eficaces en casos de bronquitis asmática debido a que esta enfermedad se resuelve tarde o temprano de manera espontá nea en casi todos los pacientes (véase « Chlamydia pneumoniae y asma»). La naturaleza viral de muchas de estas infecciones indi ca también que los antibióticos no serían efica ces. No obstante, algunos investigadores y médicos refieren evidencia de infecciones recientes causadas por C. pneumoniae en pacientes con tos recalcitrante y sibilancias, sín tomas que finalmente desaparecieron con la antibioticoterapia. Es casi un hecho que usted escuchará más acerca de la relación que existe entre la bronquitis asmática y las infecciones causadas por microorganismos atípicos, especialmente clamidias.



Bronquitis asmática en niños
La bronquitis asmática afecta también a los niños. Los cuadros, que suelen ocurrir cuatro o más veces al año, se caracterizan por accesos de tos que ocurren de día y de noche, y que algunas veces empeoran con el ejercicio. Puede ser que el niño comience a toser mientras llora. A menudo resulta eficaz el salbutamol u otro broncodilatador que se administre por vía oral o por medio de un inhalador de dosis medidas o de un nebulizador. En ocasiones es necesario un tratamiento breve con prednisona o con prednisolona, y puede repetirse unas cuantas veces al año sin efectos colaterales importantes.

En algunos niños que padecen bronquitis asmática, los juegos al aire libre desencadenan accesos de tos. En muchos de ellos es posible minimizar la tos o prevenirla por medio de dos inhalaciones de un inhalador que contenga salbutamol, metaproterenol o pirbuterol antes de salir a jugar.

Estos regímenes son similares a los que se utilizan en niños con asma más típica, y la distinción entre estas dos afecciones es confu sa. El broncospasmo inducido por infecciones puede ser una manifestación de la variante de asma que se caracteriza por tos, que es un tipo frecuente en niños. Entre los cuadros agudos, estos niños no muestran signos de asma. No es muy importante distinguir entre la variante con tos del asma y el broncospasmo inducido por infecciones debido a que el diagnóstico no modifica el tratamiento. Debido a la evolución incierta de esta afección, los pediatras aconsejan no colocar la etiqueta de asmático a un niño prematuramente. Sin embargo, algunas compañías de seguros dan por hecho que se trata de asma cuando se prescriben broncodilatadores.



PREPARADO POR POR MARY DESMOND PINKOWISH
Editora



REFERENCIAS

1. Hahn DL: Acute asthmatic bronchitis: A new twist to an old problem, editorial. J Fam Pract 1994; 39: 431-435.

2. Orr PH, Scherer K, MacDonald A, et al: Randomized placebo -controlled trials of antibiotics for acute bronchitis: A critical review of the literature. J Fam Pract 1993; 36: 507-512.

3. Verheij TJM, Hermans J, Mulder JD: Effects of doxycycline in patients with acute cough and purulent sputum: A double blind placebo controlled trial. Br J Gen Pract 1994; 44: 400-404.

4. González R, Sande M: What will it take to stop physicians from prescribing antibiotics in acute bronchitis? editorial. Lancet 1995; 345: 665-666.

5. Smyrnios NA, Irwin RS, Curley FJ: Chronic cough with a history of excessive sputum production: The spectrum and frequency of causes, key components of the diagnostic evaluation, and outcome of specific therapy. Chest 1995; 108: 991-997.

6. O'Connell EJ, Rojas AR, Sachs MI: Cough-type asthma: A review. Ann Allergy 1991; 66: 278-282.



LECTURAS RECOMENDADAS

Fong IW, Laforge J, Dubois J, et al: Clarithromycin versus cefaclor in lower respiratory tract infections. Cli

n Invest Med 1995; 18: 131-138.

Hueston WJ: A comparison of albuterol and erythromycin for the treatment of acute bronchitis. J Fam Pract 1991; 33: 476-480.

Hueston WJ: Albuterol delivered by metered-dose inhaler to treat acute bronchitis. J Fam Pract 1994; 39: 437-440.

Kauppinen MT, Herva E, Kujala P, et al: The etiology of community -acquired pneumonia among hospitalized patients during a Chlamydia pneumoniae epidemic in Finland. J Infect Dis 1995; 172: 1330-1335.

Salzberg R: A randomized, open, comparative study of brodimoprim versus erythromycin in patients with acute tonsillitis or bronchitis. J Chemother 1993; 5: 546-547.